Joan Queralt – Welcome Home (RHRN)

Esto es música americana, amigos, simple y llanamente. Y ello conlleva hablar de muchas cosas de las que tantas y tantas bandas y músicos de muy diversa procedencia llevan hablando bastante tiempo. El que aquí nos ocupa empieza a vivir con este trabajo una segunda o tercera vida artística después de haber firmado sus anteriores trabajos como Johnny Card (¿ironía o simples ganas de pasarlo bien?). La voz y el concepto artístico de Joan Queralt crecen sobremanera en Welcome Home, donde deja abiertamente campo libre a su personalidad después de haberla prestado en discos variados y grabaciones repartidas con bandas como Impromptu, Depop o Explicit Contents. Se lo ha currado tanto que hasta ha decidido grabar un documental en el que cuenta la elaboración y grabación de un trabajo que suena a artesanía.

En esa tesitura, el inspirado responsable se inspira en una casi olvidada película de Mike Cahill, King Of California, para mezclar rock con bossa nova sin prejuicio alguno. Aunque se nota que lo suyo en realidad es una historia de amor con el blues y el rock sureño, sin duda los géneros a los que parece arribar con más frecuencia a lo largo del minutaje. Les dedica una espléndida “Cheap guitar” (fantástica slide guitar) y otra no menos sentida “U-hu” y se escapa por la tangente de la confesión autobiográfica en un medio tiempo como “Ligia”, dedicada por otra parte a la diseñadora de la carpeta del disco (además de ejercer dicha labor, la chica pasa por ser la ídem del autor), en el que se escora hacia un grunge ligero y acústico, desbordante de sentimiento. Es ese el resumen y aglutinador más evidente de unas canciones cocinadas en una fragua con más medios de los que pudiera parecer, sabiamente empleados para no llegar nunca al rojo vivo. En “Reflections” casi lo consigue al escribir sobre sus emociones más profundas, y con “Redneck agenda” se acerca al country de JJ Cale, es decir, a la exquisitez de los arreglos sencillos.

Todo resulta agradable en Welcome Home, desde el acogedor título al colchón acústico que transforma en recurrente a lo largo de todo el álbum, especialmente adecuado en el acompañamiento vocal de Anna Andreu en “Never go away”, y desmentido poco después en “Old fashioned” cuando decide volver a las transitadas autovías del rock a lo Black Crowes, donde sin salirse de su carril más de lo necesario, transforma definitivamente este trabajo en un pequeño tratado de música de los noventa. Una época dorada y adorada por quienes escuchamos discos como este con un pequeño rincón de nuestro corazón abierto al recuerdo y un gran pedazo de nuestras almas rezando porque nazcan más songwriters así en nuestro país. Y porque los sigamos escuchando solo unos cuantos privilegiados.

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