Kiko Veneno – Hambre (Kiko Veneno / Gran Sol)

Kiko Veneno

Kiko Veneno vuelve hambriento. Tiene hambre de conocimiento, hambre de descifrar nuevos lenguajes sonoros, hambre de hacer justicia en un mundo asqueroso, hambre de seguir siendo un provocador insobornable.

La trayectoria del de Figueres es de las que ya parecen inabarcables, siempre adaptando su peculiar estética al ritmo de los tiempos. Pero, ojo, Kiko no necesita mancillar su legado, sino que los nuevos ritmos los interioriza y les aporta su mirada singular, única. Entre la vanguardia y lo pop: siempre un adelantado a su tiempo desde los tiempos de Veneno.

Tras el monumental Sombrero Roto (2019) que tuvo los parabienes de toda la prensa musical, y premios por doquier, el autor de “En Un Mercedes Blanco” retoma la senda trazada por aquel y vuelve a trascender, a dar valor de Arte al gesto cotidiano con otra obra solo al alcance de genios como él. Hambre (Gran Sol, 2021) la componen diez temas -algunas gemas descartadas de su anterior disco- que, sin aspavientos y falsa pretenciosidad, fusiona pop y electrónica en un maridaje simpar. Aquí todo suena natural, no como ejercicio de estilo prefabricado.

La canción titular es toda una declaración de intenciones: a estas alturas de su carrera sigue con las ganas intactas de aprender, aunque la voz le falle y se le olviden las letras. Bendita locura a ritmo de sintetizadores martilleantes en una suerte de saeta cantada en una procesión en algún polígono industrial.

El minimalismo distante de las maquinas hace requiebros en “Dónde Van”, en donde Kiko se hace preguntas: ¿En qué hora se paró el reloj? El tiempo se detiene, y el silencio fluye hasta que suenan los compases de “Duele” (“Duele la mentira/Si te dicen la verdad duele Duele si te quedas quieto…”) con esos medios tiempos que dan la vida.

El confinamiento y sus dudas y anhelos impregnan de incertidumbre “Días Raros” con una slide y unos arreglos pregrabados a lo drum & bass. En este silencio no nos encontramos, declama, y es que todo lo que sale de su boca nos sabe como un salmo redentor.

Con trazas de electro-cumbia se alza preciosas canciones como “Luna Nueva”, y el riff de guitarra nos hace pensar en el “Black Or White” de Michael Jackson. Toma match up vacilón, mientras que la siguiente, “Mujer Volcán”, es un irresistible hibrido entre canción melódica y texturas percutivas africanas.

“Madera” la sustenta un manto electrónico que me recuerda a la famosa “Let The River Run” de Carly Simon y entonada con el quejío flamenco. A ritmo de bolero se mece “Estoy Cansado” en lo que parece otra declaración política de acción colectiva para cambiar una realidad atrofiada.

Una de mis canciones favoritas es “Gitano Dave”, una rumba bluesera de liberación femenina en donde el palpito de la vida lo impregna todo. Para el final Kiko nos da otra lección vital con “La Felicidad” (“Ser pobre no es delito/Es una necesidad/Darle vueltas a la rueda/Darles vueltas sin parar/Eso hacemos tú y yo/Por aquí y por allá/Nos miramos a los ojos”) La felicidad es una raya que hay que atravesar, sí, así es. Estar bien contigo mismo y los tuyos no se paga con dinero. Las cosas minúsculas, esas cosas que no nos paramos a ver, son las que nos hacen resistir y ser fuertes. Gracias, Kiko.

Escucha Kiko Veneno – Hambre

 

 

Luis Moner:

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