La Buena Vida – Harmónica (siesta)

Tras su brillante Halellujah, su mejor trabajo, los donostiarras La Buena Vida nos regalan, apenas un año después, el ep Harmónica, compuesto por siete magníficos temas que siguen la estela del anterior larga duración. Un millón de emociones condensadas en apenas media hora que engancha y obliga a repetir una y otra vez hasta gastar el botón del play. Un viaje que lleva desde la melancolía a la ilusión, desde la ironía a la más pura objetividad… Un muestrario de sentimientos que, a diferencia de otras ocasiones, parecen dejar una puerta abierta a la esperanza.

Harmónica sigue con la incorporación de arreglos orquestales que ya caracterizó su anterior trabajo. Y es que, no en vano, está grabado durante las sesiones del Hallelujah en Praga, Madrid y San Sebastián. El sonido de violines, violas y trompetas acompañan a la voz de Irantzu y Mikel, y añaden grandeza a unos planteamientos pop sencillos en esencia, pero no por eso menos intensos o profundos. El piano también adquiere más protagonismo que en otros trabajos de los donostiarras, y en algunos casos marca el ritmo de las melodías.

El ep empieza con San Francisco, un tema instrumental que nos introduce al disco desde un punto de vista vital e incluso optimista, aunque siempre enmarcado en la atmósfera nostálgica a la que La Buena Vida nos tienen acostumbrados. En cierta manera, el disco se puede concebir como una estructura circular, ya que la última canción del ep, Qué Vida, acaba también con una sección instrumental con ciertos toques alegres que enlazan con el primer formando así una unidad. Entre la primera y la última nota del trabajo, un abanico de sensaciones que se mueven entre el amor y el dolor.

La melancolía vuelve a apoderarse del siguiente tema, con un título tan significativo e incluso desolado como Qué puedo hacer, señor, un grito de desesperación ante la imposibilidad del amor, tema recurrente en el grupo. Y, de repente, nos vuelven a sorprender, con Blues por Charlie. La voz de Mikel nos lleva a otra canción llena de nostalgia, una melodía triste y suave en la que el piano se lamenta sobre un sonido de guitarras apagado, y en la que se puede escuchar: ‘la nota triste está y debe estar…’ No se podría resumir en tan pocas palabras de forma tan clara.

Mirando atrás engaña. Empieza con un ritmo más rápido que el resto de canciones, pero la letra no deja de ser una alabanza a un pasado mejor, con una Irantzu melancólica. Los arreglos orquestales se reservan al estribillo, al contrario de lo que ocurre en Se parece tanto a ti, con un inicio sorprendente, en el que los violines nos recuerdan una pieza de música clásica en la que por un momento, la tristeza se olvida para dar paso a una historia muy curiosa, la de una sombra que acecha en la oscuridad: ‘Quiero correr, pero no se separa de mí…’ o se trata de una metáfora del fantasma del amor? El penúltimo tema, La promesa, vuelve a plantear un tema trágico, la soledad, tratado desde un punto de vista desesperado, y da paso al corte que cierra el trabajo, un canto a la vida cotidiana (‘la vida es tan compleja, sola o en pareja…’), una descripción de la realidad que raramente nos encontramos en sus discos, y que deja un sabor de boca muy agradable. En resumen, Harmónica se trata de una pequeña joya que ya deja clara la línea por la que irán los próximos trabajos de La Buena Vida.

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