Manic Street Preachers – Lifeblood (Sony)

Mucho se venía hablando del nuevo disco de los galeses Manic Street Preachers: que si pop elegíaco, que si una nueva vuelta de tuerca (¿otra?) a su sonido,… el caso es que dos años después de publicar su primer grandes éxitos, la banda liderada por James Dean Bradfields ha contado con la ayuda del veterano Tony Visconty (responsable de la producción del mejor Bowie) para lavar la cara al sonido de su banda.

Hastiados del punk glamoroso de sus comienzos, o de la épica edulcorada que les hizo triunfar, los Manics recurren para su séptimo disco al pop con mayúsculas, a un sonido con tintes ochenteros que supone lo más accesible que hayan hecho hasta la fecha. Así, en “1985” sus teclados nos remontan a la new wave británica de los primeros ochenta. Igualmente nos sorprende el pop con tintes electrónicos de la irónica y pegadiza “The Love Of Richard Nixon”, el sonido fresco de “Empty Souls”, la épica marca de la casa de “To Repel Ghosts” y “A Song For Departure ” o la sencillez de las poco recargadas “Emily” o “Solitude Sometimes”.

Lifeblood nos trae a unos nuevos Manic Street Preachers que cada vez se toman menos en serio a sí mismos, algo muy saludable para ellos, y sobre todo para su música.

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