Microsonidos (Nick Garrie+Lapido+Pablo Maez) – 12 y Medio (Murcia)

Se presentaba en la noche del viernes una nueva edición de Microsonidos, el ciclo de conciertos que cada año, de enero a abril, trae a la sala 12 y Medio de Murcia a un gran número de artistas del circuito independiente internacional, nacional y, por supuesto, murciano. Entre los destacados de esta edición, el festival contará con las actuaciones de, entre otros, Emma Pollock (Delgados), Pony Bravo, Schwarz, Ainara Legardon, Exsonvaldes, Laetitia Sadier (Stereolab), At Swim Two Birds, Sr. Chinarro o Lagartija Nick.

Para esta primera jornada el menú lo componían el ex 091 José Ignacio Lapido, el casi mítico cantautor británico Nick Garrie y otro cantautor, más pequeño en cuanto a nombre, pero igual de encantador en cuanto a propuesta, el jovencísimo murciano Pablo Maez.

Y precisamente fue Pablo el que comenzó a amenizar la noche con unas cuidadas composiciones en inglés, interpretadas en un íntimo formato de guitarra acústica y teclado, demostrando que sus canciones suenan consistentes tanto desprovistas de arreglos como con la banda que le acompaña en otras ocasiones. Antes de desvelar que una gran discográfica le va a financiar la grabación de su primer disco, Pablo nos deleitó con temas de los que seguro pronto oiremos hablar: “Change”, “Rain on me”, “On my Knees” y especialmente la melancólica y emocionante “Time”. Se nota que su primer premio en un concurso a nivel nacional en 2010 no fue casualidad.

Tras el magnífico aperitivo, llegó la oportunidad de ver a uno de esos artistas que por casualidades del destino no consiguió ser tan grande -al menos en cuanto a fama- como otros contemporáneos. La historia de Nick Garrie es realmente curiosa, y es que no se me ocurre otra palabra para hablar de los avatares por los que ha tenido que pasar un álbum maravilloso como The Nightmare of JB Stanislas para, tras su publicación casi clandestina en 1969, acabar reeditado (de forma muy lujosa y recomendable por cierto) por Elefant en 2010. La historia tiene mucha más miga y merece la pena ser leída, pero este es espacio para conciertos.

Con este panorama se presentó un sencillo Nick Garrie para ofrecer al personal que ya llenaba la sala, su interpretación, primero él sólo a la guitarra, y después acompañado de un amigo de Barcelona (del que no pudimos quedarnos con su nombre), temas del álbum del que se ha hablado y del no menos mágico 49 Arlington Gardens (2009), grabado con la colaboración de ilustres de generaciones más jóvenes que la suya. Así sonaron, desnudas, tal como Garrie las concibió, joyas como “Stanislas”, “Bungle’s Tour”, “Ink Pot Eyes”, “Deeper Tones of Blue” (inmensa canción), “Wheel of Fortune”, “In Every Nook and Cranny” (otra no menos inmensa) o una “Stay Hill the Morning Comes” en la que pidió ayuda de un público que le correspondió. Hermoso concierto, un lujo y un tanto a apuntar a la organización del festival.

Para cerrar la noche llegaba el ex guitarrista de 091 José Ignacio Lapido. Como pudimos comprobar cuando el público comenzó a cantar las letras de sus canciones, la mayoría de gente estaba allí por él. Lapido se presentaba con disco nuevo, “De sombras y sueños” (2010) y con una banda que transmitió energía y puro rock and roll durante toda la actuación. Un servidor no es muy seguidor de este tipo de sonidos (por lo que pido disculpas anticipadas a los que sí lo sean, básicamente por si se me escapa algo), pero el ambiente y el disfrute palpable que se vivía en la sala, especialmente en las primeras filas, no pudo dejarme indiferente. A pesar de ser este último un disco más reposado que creaciones anteriores, la banda de la que se rodea José Ignacio consiguió que la actuación no decayera en ningún momento, sonando espléndidamente, potente y muy bien conjuntada. Otro lujo para la noche.

Lapido centró la actuación en los temas de sus dos últimos LPs, especialmente de este de 2010, del que cayeron prácticamente todas, desde la inicial “Paredes Invisibles” hasta las para mí destacadas “Cansado”, “Antes de morir de pena” y “Sueños que dejamos ir”, pasando por “Lo creas o no”, “Algo falla” o “Vuelta a empezar”. “No digas que no te avisé” rememoró “En otro tiempo, en otro lugar” (2005) y temas como “Nunca se sabe” supusieron el recuerdo a Cartografía (2008). Tras más de media actuación consumida, Lapido se acordó de su antigua banda con las esperadas “Canción del Espantapájaros” y “Zapatos de piel de Caimán”, canciones que terminaron de redondear el repaso a su trayectoria. Desde luego, por el ambiente que se respiraba, tuvo que quedar poco lugar para la queja entre los seguidores del granadino.

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