Nacho Vegas – El Hombre que casi conoció a Michi Panero (Limbo Starr)

Ya han pasado unos cuantos años desde que Nacho Vegas comenzara a subirse a los escenarios acompañado por aquel entonces de Nacho Alvarez al bajo y Manu Molina a la batería, para que canciones como “El angel Simon”, “Seronda” o “El camino”, comenzasen a tomar vida propia y a formar parte del imaginario del indie medio. Muchas cosas han cambiado para Nacho Vegas desde entonces, el terremoto emocional que supuso para muchos el cada día más imprescindible Actos Inexplicables (Limbo Starr, 2001), tuvo su continuación en el magnánimo Cajas de música difíciles de parar (Limbo Starr, 2003), que, unas cuantas portadas de revista y suplementos culturales mediante, acabó de situar a Nacho en una frenética espiral de colaboraciones y apariciones, convirtiéndole en uno de los personajes más buscados -y nombrados- de la música popular de lo que va de siglo.

Pero claro, de todos es conocida la ingratitud, la fragilidad de la memoria y la urgencia de las modas que alimentan al público gafapasta, con lo que no sería extraño que muchos estén esperando la nueva entrega del gijonés para lanzarse como perros de presa sobre sus miedos, fobias e ironías. Y lo cierto que es que con canciones como la poco inspirada “Chucho malherido” o la histriónica “Autoayuda (versión Toro Loco)” -hay otros caminos para explorar nuevos matices en las canciones-, Nacho parece que les da motivos y razones, pero es que también es justo reconocer que tienen más valor los cinco minutos que dura el tema titular que todo el resto de música publicada en este país en lo que va de año. En “El hombre que casi conoció a Michi Panero”, Nacho Vegas vuelve a flirtear peligrosamente con la fina raya que separa la fantasía de la realidad, mirando sin rubor a la cara de la vida y de la muerte -tal y como hizo siempre José Moisés Panero-, mientras que adorna el texto con todo tipo de arreglos vocales (coros, voces dobladas, distorsiones…) además de guitarras eléctricas y acústicas, pianos y hasta un delirio final con sección de viento y ambiente cabaretero/circense.

Sin entregar sus mejores canciones, Nacho Vegas logra mantener viva la expectación con tan solo alzar su copa en un brindis por el hombre de hoy y por lo bien que habita el mundo, y eso ya es mucho. En breve, Desaparezca aquí.

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