Steve Earle + Hendrik Rover – Joy Eslava (Madrid)

Steve Earle volvía por estas tierras totalmente solo para presentar Townes (09), su último trabajo compuesto por versiones de Townes Van Zandt, que interpretó para la ocasión en formato acústico. Acompañado exclusivamente de sus guitarras, mandolinas y armónica, dio un buen repaso a su obra y de paso nos dejo, de nuevo, más que satisfechos.

Abrió la velada Hendrik Rover. Presentó nuevos temas que formarán parte de Esqueletos II como “La nueva paz”. Fue un entremés adecuado que gozó de escucha por parte del respetable, si bien su propuesta pecó de lineal y de excesivamente apegada a los lugares comunes del folk. Me aburrí.

Nada más llegar la estampa imponente –qué look, madre mía- del héroe disidente, con una energía y una potencia desmedida “Where i lead me” fue el arranque. Parecía que sonaba como toda una banda él solito. No faltó intensidad –“Ft. Worth Blues”-, emoción a flor de piel –“My old friend the blues” y “Christmas in Washington” me dejaron al borde de las lágrimas- y rugosidad exigente –“Mr. Mudd and Mr. Gold” y “Lungs” fueron las dos más acertadas revisiones de Townes en vivo-.

La primera parte se centró en honrar al que calificó como su amigo y su maestro: Townes Van Zandt; cada vez que introducía un tema contaba anécdotas de su vida o vivencias compartidas junto a él. Todo muy cercano, hasta la recriminación a un par de pesados que no paraban de rajar, primero oral y posteriormente, al reincidir, con miradas asesinas. Por supuesto, tampoco faltó un certero comentario político – cada vez menos habituales en la alienada globalización inocua en que vivimos inmersos- recriminando lo superficialmente que se les llama socialistas a los gobernantes en su país en contraposición a él, quien realmente se lo considera.

Pese a ser un concierto acústico, el ritmo y la atención no decayó en ningún instante, aportando dosis certeras de nervio con resultados excelentes (“Taneytown” o su vigorosa versión de Tom Waits “Way down in a hole”) o de fragilidad brutalmente desnuda (“Goodbye”, “Sparkle and shine”).

No faltaron momentos de comunión con el público, bien coreando en la celebrada “I ain’t ever satisfied” o bien con palmas animadas en “City of immigrants” y en “The galway girl” con la mandolina echando humo. Para cerrar, no podía faltar ese himno bandolero que es “Copperhead road”. Ojalá la próxima vez lo celebremos ya con banda y electrificado que ganas no faltan.

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