Steven Munar & The Miracle Band – Break The Rules! (La Produktiva Records)

Para romper las reglas sólo hay que demostrar empeño, constancia y una fe inquebrantable en tus ideas, equivocadas o no. En el caso que nos ocupa, estos presupuestos son la clave para facturar un disco sincero, lleno de canciones preciosas y preciosistas, siguiendo esos mismos presupuestos que llevaron a su creador, Steve Munar, a ponerse al frente de los nunca bien ponderados The Tea Servants, continuadores de su primera aventura con The Walk, banda que situó a Mallorca como parada obligada en la ruta de degustación de las ocultas gemas pop que a finales de los ochenta comenzaron a surgir en la isla.

Casi como reconocimiento al milagro de haber seguido poder malviviendo de su obra a lo largo de tantos años, el amigo inglés ha rebautizado a su grupo como The Miracle Band y sigue contando con la fiel guitarra de Miguel Pérez para grabar las piezas delicadas a las que nos tiene acostumbrados, con esos dejes de folk americano y el poso amable de una producción humilde pero eficaz (Marc Tena se ha lucido a los controles de los estudios Red Bell), que se regodea en los pequeños momentos, haciéndolos grandes con cada escucha (“Morning breeze” brilla con el resplandor que le presta la mandolina) y haciéndonos convivir por unos minutos entre géneros encontrados, desde el country de “Dignity” hasta el oscuro universo más propio de los Bad Seeds que se manifiesta en “Troubadour”, sin que el conjunto se resienta ni un solo segundo, incluso si es Leonard Cohen el invocado en diversos pasajes. No es descabellado tampoco pensar en los soleados y escarpados páramos a los que los Byrds ponían estribillos al escuchar “All kings on Earth”, ni en una unión de todos los afluentes posibles cuando “Here I am” engulle influencias y prejuicios con sus aromas pastorales.

Este “Break the rules”, incluido el tema que le da título y sus maravillosos vientos, es un trabajo de largo recorrido que no necesita sólidos aparatos mediáticos para sustentarse, sino la paciencia y la aplicada constancia del oyente apasionado, con cuya complicidad (la nuestra, sin ir más lejos) puede ir contando para futuros trabajos el sutil gentleman que se quita el sombrero en la portada. Impecable en fondo y forma.

 

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