The Birdtree – Orchards And Caravans (Last Visible Dog)

Parece ser que esta recta final de 2003 nos regala auténticos caramelos agridulces para degustar a la luz de las velas.

A pesar de parecer un disco menor por sus hechuras, este Orchards And Caravans, resulta sobresaliente por su total falta de prejuicios y su imaginación

Como el disco de Cyann & Ben, tomando como referencia el folk, pero en su vertiente más cruda y a partir de las mismas herramientas, barnices electrónicos, drones y guitarras, Glenn Donaldson aporta un matiz más abstracto, experimental, etéreo y lo-fi que suma o resta encantos respecto a los primeros según el caso (en mi opinión suma y sigue).

Se mire por sonde se mire, los resultados están muy por encima del notable.
Tanto en las composiciones mas “figurativas”, llenas de ecos y lejanía, arropadas por guitarra acústica , un tímido sintetizador e infinidad de ruiditos, como en los más abstractos, donde drones y marañas sonoras desdibujan las melodías a lo “Flying Saucer Attack “ , todos y cada uno de los temas transmiten una enorme sensibilidad de esas que erizan el vello y con las que, simplemente, flotas.

Orchards And Caravans consigue con una simplicidad inusitada (en realidad, la mayoría de los temas no precisan mas de cuatro elementos), pero con una imaginación y talento extraordinarios, renovar, de un solo plumazo el anquilosamiento con que cualquier profano podría denostar el llamado dark-folk, o el folk a secas.
Con evocaciones a los grandes clásicos del género y a las primeras generaciones de Kranky, se podría definir como un disco de “space-folk”, donde priman por igual las atmósferas fantasmales, como las composiciones “de andar por casa” con baño post-moderno (en el buen sentido).
En esta tesitura, se sitúa un paso por delante de los franceses del sello Groom, por llegar más allá en el tratamiento sonoro y en la consecución de atmósferas y sensaciones.
Un trabajo mucho menos táctil y espectacular, más etéreo y volátil pero con momentos de esos que provocan un nudo en la garganta y trascienden lo meramente musical.

Para el gran público no significará gran cosa. No busquen canciones con punch (que las hay), energía desbordante ni innovaciones tecnológicas y sonoras, pero para alguien que ha crecido mimando una por una las referencias de Kranky con, Labradford a la cabeza, resulta la media hora larga más intensa de los últimos meses (y podría prolongarme mucho más allá).
A veces, no se por qué, me recuerda a un Paris-Texas marciano, pasado por el tamiz del surrealismo más delicioso.

Sensibilidad, señores.

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