Esplendor Geométrico + Reserva Espiritual De Occidente – La Boite (Madrid)


La noche prometía. Esplendor Geométrico, pese a sus altibajos en directo, son siempre cita obligada y Reserva Espiritual De Occidente (REO) son una de mis debilidades confesas, así que fuimos a La Boite a darlo todo. Con las entradas agotadas, el público era variopinto.
Últimamente da la impresión que Esplendor han llegado a un espectro más amplio, que son incluso «modernos», pero el público era el de toda la vida, en su mayoría procedentes de la escena gótica/industrial que siempre han movilizado.
Abrieron fuego REO, que ofrecieron el que tal vez haya sido su mejor concierto hasta la fecha. Svali, inmensa, hipnótica, cada vez más segura de su voz y de su rol como líder e imagen del grupo, estuvo sencillamente espectacular. Con esa imagen de internado decimonónico y una mirada que te hiela la sangre, canaliza cada vez mejor toda la fuerza que lleva en su interior. Estuvo muy bien arropada por sus compañeros de lucha, que pusieron el colchón perfecto de guitarras afiladas, teclados, trompeta (ecos de Death in June), batería y tambores marca de la casa, conformando un todo donde no sobra nada y todos los elementos casan felizmente.
Ofrecieron un show majestuoso, muy sólido y técnicamente impecable, sólo ensombrecido por el volumen al que hablaba la gente en la parte de atrás de la sala. Casi todos los temas que interpretaron eran nuevos, lo que nos deja a la espera impaciente del sucesor de La Noche Blanca, su primer largo. Todos brillaron a gran altura, con una fórmula similar pero perfeccionada.
A día de hoy, sin ninguna duda, son uno de los grupos más interesantes de España, lo tienen todo para arrasar en la escena más oscura y arriesgada. Un 10.
Esplendor llegaban con el público entregadísimo y sabedores de su prestigio a prueba de bombas. Arturo Lanz dejó claro desde el principio que se iba a divertir, y nosotros con él.
Con el ritmo y la pulsión como protagonistas, siguen siendo los maestros absolutos del género y dejaron claro que, cuando tienen un buen día (lo que no ocurre siempre) no tienen rival. Saverio Evangelista lanzaba las bases y maltrataba las máquinas soltando beats sin cesar mientras esa bestia, ese animal escénico que es Arturo Lanz (único miembro original del proyecto) aullaba poseído por el ritmo, pasando buena parte del concierto bailando pogos brutales entre el público, volando sobre nuestras cabezas sujetado por los fans y echándose cervezas por encima, convirtiendo la sala en una locura tribal, una celebración, una catarsis colectiva que un servidor ha visto rara vez en un concierto.
Ni los seguidores más veteranos recordaban un desmadre semejante, habría que remontarse al concierto de Macumba para ver algo parecido. Algunos problemas técnicos que obligaron a parar un par de temas no deslucieron en lo más mínimo un set incendiario que llevó al público al paroxismo. Puede sorprender que una obra con, aparentemente pocas variaciones, siga vigente 30 años después, pero en directo la propuesta Geométrica alcanza su plenitud y su sentido. Sonaron los temas de su reciente Ultraphoon y algún clásico, como «Ven a Jugar» que desataron la histeria colectiva. Quitando el payaso de primera fila que creía estar actuando él, fue impresionante.
Son los más grandes, lo saben, y esta noche sólo amplía su leyenda. Ojalá haya muchas más como ésta.
 

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