Mark Lanegan – Joy Eslava (Madrid)

Abarrotada se presentaba Joy Eslava para recibir la gira acústica de Mark Lanegan. Da igual las incontables veces que le hemos podido ver por estas tierras con sus distintos proyectos -no por desgracia con una deseabilísima reunión de Screaming Trees-, sus conciertos son rituales purificadores, y este, con la sola compañía de Dave Rosser a la guitarra y coros, se antojaba una velada muy especial. Y así lo fue.

Llamó la atención el comportamiento exquisito de una sala en la que no cabía un alma, en silencio, atenta y agradecida con el artista, tanto que hasta hubo petición duradera entre jaleos y pitos de un segundo bis que por desgracia no llegó, la más larga que recuerdo allí. Sabemos que no depende del artista muchas veces el volver al escenario.

Abrió con la oscura “When your number isn’t up”, anticipo de un repaso concienzudo a la que parece su obra más querida, el áspero y excelente Field Songs (01): un encadenado de “One way street”, “No easy action” y “Miracle”, nos dio la clave de lo que sería la velada.

Y esa no fue otra que la de tener delante a un Lanegan en un estado de forma admirable, capaz de conmover como hacía muchísimo tiempo: el rescate de “Bell black ocean” fue lo más emocionante que le oído sobre un escenario nunca, haciéndome aflorar lágrimas. A todo esto contribuyeron unas interpretaciones sentidísimas (“The river rise”, “On Jesus’ Program”), con el protagonismo de una voz profunda y solemne y, también, un Dave Rosser excelente acompañante jamás invasivo.

Nuestra pétrea leyenda viva, respetuoso y dentro de su enclaustrada actitud de siempre, se notó muy cómodo ante la audiencia, reconociendo a su vez el exquisito trato recibido en diversas ocasiones. El bis, como no podía ser de otra forma, trajo el recuerdo de la apropiada “Traveler” el corte más elegante de esa obra magna para tantos de nosotros que es Dust (96) y la adaptación, liberada de desquiciamiento, pero no de intensidad del también clásico “Hangin’ tree” perteneciente a ese tratado del rock del nuevo siglo que es Songs for the deaf (02).

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