Andrew Bird – Noble Beast (Fat Possum/Bella Union Records)

Andrew Bird nos pide un esfuerzo en Noble Beast. No claramente, pero sí de manera indirecta, en forma de disco de catorce canciones y algo más de cincuenta minutos. Lo bueno es que, para los que muchas veces sólo nos esforzamos cuando vemos cerca un premio que merece la pena, aquí el empeño tiene premio; el descubrimiento de un disco notable lleno de buenas y bonitas canciones.

Bird nos pide un esfuerzo de cambio en la manera de acercarnos a su disco, porque Noble Beast es uno de esos trabajos que justifican el abuso de una frase hecha; en este caso, la sobreexplotada “es un disco que gana con el tiempo y las escuchas” prácticamente viaja en el mismo estuche que el violín del músico de Chicago. Aunque puede provocar más de una deserción a medio camino, la apuesta de Bird acaba ofreciendo a los más pacientes una hermosa puerta que se abre entre tanta frondosidad.

Detrás de la puerta encontramos el peculiar mundo de Andrew Bird, que parece desarrollarse en otro tiempo y en otro lugar. En Noble Beast hay una colección de los sonidos de ese mundo, lleno de trinos y silbidos, pero también de violines, clarinetes, guitarras y hasta algún que otro sonido electrónico (como en “Not a Robot, But a Ghost”). Entre los aciertos del disco, el encantador folk de “Oh No”, los aires medievales de “Effigy”, o las emocionantes y magistralmente producidas “Anonanimal” o “The Privateers”. Mención aparte para “Masterswarm”, obra maestra que bien podría colar como versión trobadoresca del “Paranoid Android” de Radiohead.

Noble Beast demuestra que merece la pena buscar la puerta al mundo de Bird.

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