DCode Fest 2014 – Universidad Complutense (Madrid)

El DCode Fest nació con la evidente intención de cubrir esa carencia de grandes festivales que sufría Madrid, y ha confirmado intenciones en su cuarta edición. El evento ha consolidado definitivamente el nivel en la presente temporada, con un cartel protagonizado por un generoso número de artistas de todo pelaje y vigencia.
El nombre de Belako resulta cada vez más presente en carteles de distintos saraos, y lo cierto es que su presencia en la cita madrileña sirvió como excelente aperitivo para los aficionados más ansiosos. Aún con el sol luciendo en esplendor, la banda vasca ofreció un concierto potente, conseguido y siempre dominado por un rock agresivo de gran sonido, con las canciones del grupo creciendo sobre el escenario hasta adquirir más presencia y convicción que en su homólogo discográfico.
También superaron a su versión de estudio Band Of Skulls, quienes convencieron con una propuesta tan limitada en recorrido como sobradamente agradecida durante buena parte de su directo.  Su pose roquera para todos los públicos funciona bien sobre las tablas y además el trío británico, que presentaba su último disco hasta la fecha Himalayan (2014), cuenta en su haber con un buen puñado de canciones del tipo de “Light On The Morning”, “I Know What I Am” o “Nightmares”, idóneas para el ámbito del festival. Su actuación difícilmente se recodará dentro de unos meses, pero sus cuarenta minutos funcionaron como entretenimiento en horario tempranero.
Todo lo contrario sucedió con su compatriota Anna Calvi quien, a pesar de su reciente nominación al Mercury Prize por One Breath (2014), mostró sin disimulo una absoluta falta de actitud hasta limitarse a cumplir expediente. Considerable decepción, máxime cuando la artista alberga un contrastado talento compositivo y una peculiar voz con la que impactar en el público. Su propuesta -evidentemente deudora de Patti Smith y PJ Harvey– suspiró anhelante por una chispa y nervio que convirtiesen su presencia sobre las tablas en vendaval, pero la indolencia de la artista dejó a su paso un concierto sin duda correcto en ejecución, pero anecdótico, carente de sentimiento y sin mayor historia.
Bombay Bicycle Club, que comparten con Calvi nominación al prestigioso premio gracias a su cuarto trabajo So Long, See You Tomorrow (2014), se encargaron de que el público recuperase el tono empleando esas canciones vistosas y sugerentes que manejan con soltura. Lo suyo ni es ni ha sido nunca nada de todo el mundo, pero su ritmo funciona en el escenario ininterrumpidamente y arrastra tras de sí a cualquier que ponga un mínimo de su parte. Los londinenses se centraron en las canciones del mencionado último disco con especial mención para “Overdone” o “Luna”, además de intercalar algún obligado del repertorio como “Always Like This” y “Shuffle”.
En el plazo que va desde su confirmación en el festival hasta la realización del mismo, Royal Blood se han convertido en el grupo de moda en Inglaterra, con número uno de ventas y gira con entradas agotadas en pocos minutos incluidas. Unas expectativas que se hicieron efectivas durante la actuación del dúo, provocando que el emplazamiento seleccionado (muy lejos de las dimensiones de los principales escenarios) se quedase pequeño. Quizá lo suyo no sea para tanto con esa mezcla innegable de The White Stripes, The Black Keys y Muse, pero lo cierto es que su debut homónimo es un buen disco (también nominado al Mercury de este año) y en directo defendieron las canciones con el arrojo y la convicción de quien se sabe poseedor de algo valioso. Mike Kerr y Ben Thatcher consiguieron (con alguna ayuda tecnológica) realzar en directo cortes de por sí impactantes como “Figure It Out”, “Little Monster” o “Out Of The Black”, siempre tan ásperos y agresivos como irresistibles y adictivos, despejando así acerca de su valía y realismo.
También desde las islas viene Jake Bugg, uno de esos importantes talentos surgidos durante la presente década en Inglaterra. El joven músico, bien rodeado de banda completa, repartió tiempo entre su faceta folk y acústica y la electricidad que tiende a emparentarlo con sus adorados Oasis. Ambas versiones lucieron con un excelente sonido, y suya fue una de las mejores interpretaciones vocales de toda la noche, con esa agudeza tan reconocible. A pesar de su estática sobriedad sobre el escenario, el músico reafirmó en base al puro talento su posición como joven icono de clásico corte british, con una mezcla de canciones de sus dos discos, Jake Bugg (2012) y Shangri La (2013), refrendado lo privilegiado de la posición.
El principal reclamo del festival recaía sin duda en la confirmación en exclusiva del californiano Beck. El músico ofreció desde el principio y hasta el final una actuación colorida y alucinógena, compartiendo experiencia con los presentes en una inquietud creativa y desprejuiciada que es precisamente la que lo ha convertido en pieza indispensable de la música contemporánea. Acompañado de una completísima banda, el vocalista demostró su anarquía con un histriónico concierto en el que algún corte del introvertido Morning Phase (2014) como “Blue Moon” se coló entre una secuencia de grandes éxitos que incluyó “Lost Cause”, “Devil’s Haircut”, “E-Pro”, “Where It’s At” o una “Loser” soltada a las primeras de cambio, todas ellas convenientemente readaptadas para el directo. Como no podía ser de otra manera, el concierto resultó controvertido y algunos reclamaron una presencia más tradicional de la propia música, aunque en realidad su paso no hizo sino mostrar en pleno esplendor la genial locura de un creador e intérprete diferente, decidido a rodearse de una parafernalia que aumentó aún más el atractivo de su presencia.
El principal nombre nacional de la jornada (con permiso de Russian Red aunque sin competencia en la parrilla) era el de Vetusta Morla, que además jugaban en casa. En cualquier caso, los de Tres Cantos respetaron el guión establecido por ellos mismos, con el efectismo y la profesionalidad interpretativa como principales cualidades. El sexteto alternó las canciones de su tercer disco, “La Deriva” (2014), con clásicos del cancionero, todo en meditado orden y luciendo reconocibles peculiaridades. Así “Fiesta Mayor” o “La mosca en tu pared” fueron alternadas con clásicos del repertorio recibidos con euforia como “Sálvese quien pueda”, “Copenhague” o la definitiva “Los días raros”, en un conjunto que convenció sin dificultad a un público ganado de antemano.
Por su parte Wild Beasts ofrecieron el concierto más elegante y cargado de emociones de toda la velada, defendiendo una trayectoria siempre ascendente y atrevida que incluye en su haber cuatro discos imprescindibles. La banda originaria de Kendal cuenta con personalidad propia, además de un peculiar talento para componer canciones insinuantes e inquietantes capaces de hipnotizar en sus desarrollos y en las voces de Hayden Thorpe y Ben Little. Todo lo demostraron sin aspavientos y ante más bien poco público, seguramente porque su presencia coincidía con la de la exitosa La Roux, aumentando así el encanto de la cita. Durante apenas una hora el escenario pequeño se llenó de clase y pulcritud, gracias a canciones como “Wanderlust”, “Daughters”, “Mecca” o la final “All The King’s Men”, que dejó el mejor sabor de boca posible.
Otros que llegaban al festival en pleno apogeo de popularidad eran Chvrches, exprimiendo la eficiencia de su único largo hasta la fecha, The Bones Of What You Believe (2013). El grupo liderado por Lauren Mayberry cumplió sin alardes ofreciendo su electro-pop de moda en temas como “Under The Tide”, “Recover” o “The Mother We Share”, antes de dar paso al dúo alemán Digitalism quienes, en su faceta como DJ’s, tiraron de fondo de armario para alargar la fiesta de aquellos valientes que aún aguantaban en pie tras doce horas de música ininterrumpida.
 

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