Entrevista Dominique A

La música se ve afectada por las mismas cosas que el resto de apartados de la vida. Y una de ellas, y creo que la que más ha cambiado en los últimos veinte años, es el tiempo. Cada vez parece haber menos tiempo

En sus discos, Dominique A es un artista al que le gusta jugar con los silencios, darles espacio y, muchas veces, a veces hasta protagonismo. En persona, Dominique Ané es un tipo hablador y simpático. Un hombre cercano, inteligente y muy comunicativo, que responde con vehemencia y pasión a cualquier cuestión, sea  sobre su nuevo disco, Vers Les Leurs, sobre su estatus de ídolo o acerca de las últimas elecciones en su país.

Antes que nada, felicidades por tu nuevo disco (“muchas gracias”, nos contesta en español). La primera vez que lo escuchas es una experiencia chocante: reconoces todos los elementos que te caracterizan pero el sonido es completamente nuevo.

Bueno, yo no era consciente de que el sonido fuese tan diferente, pero me he ido dando cuenta porque la gente me dice que lo es. El problema es que acabé este disco el 20 de febrero de este mismo año, hace demasiado poco, así que todavía es como tener la nariz pegada al papel… me falta perspectiva.
En cada nuevo disco me gusta tener un sonido particular, pero a mi no me parece un disco tan diferente como le parece a la gente, tal vez porque veo la lógica en el proceso de trabajo. Sí, por supuesto que es muy diferente del disco anterior, porque aquel lo hice solo, era muy electrónico, con muchos sonidos artificiales, y éste está grabado en directo, con gente, por lo que es normal que suene algo diferente. En cualquier caso siempre es una sorpresa descubrir la reacción de la gente ante un nuevo disco.

¿Qué te hizo pasar  de grabar un disco casi electrónico en solitario a grabar con una banda y añadir arreglos de viento?

Para mi es una reacción natural que cada disco tenga un sonido diferente que el anterior. En este caso en concreto, la idea surgió de un concierto de hace unos años en Paris, donde tocaba con banda. Alguien de la discográfica me comentó que el siguiente disco debía grabarlo en directo con esa misma banda para que tuviera esa energía rock. Y me dije: “nunca he hecho algo así”. Y lo hice. Y fue un fracaso (risas). Así que lo probé una segunda vez pero sin que fuera simplemente “un disco de rock”. Quería trasladar esa energía, pero también quería arreglos bonitos de cuerdas y vientos. Y así salió la idea de este disco.
Hable con David Euverte, la persona que se encargó de los arreglos, y que toca los teclados, y me propuso utilizar solamente vientos, porque el sonido iba a ser menos ‘pop de cámara’, algo que quería evitar, y más característico. Y así salió la idea de mezclar el folk de la flauta y el clarinete con el rock y ver si funcionaba. Fue un reto, porque nunca lo habíamos hecho y no sabíamos si iba a funcionar. David trabajó durante unos meses en los arreglos. Luego empezamos a trabajar con la banda de rock y al cabo de un tiempo añadimos los vientos y de pronto todo cuadró y…  (chasquea los dedos) funcionó! Ahora sé que ha funcionado, pero al principio no lo tenía muy claro. Y la principal dificultad fue convencer a la compañía de discos para que se gastara el dinero en algo que no iban a poder escuchar de antemano , que no habíamos hecho antes y que no sabíamos cómo iba a salir hasta que no estuviera hecho. ¡Por suerte al final estuvieron contentos con el resultado! (risas).

Eres un artista al que no le da miedo experimentar y probar nuevas cosas en tus discos.

Sí, me gusta tener retos. Aunque la verdad es que es mucho más sencillo cuando trabajas con un grupo de gente en el que confías. Mi disco anterior lo grabé también con la misma gente en el estudio, y sé que con estas personas es muy fácil trabajar. No es como trabajar con gente a la que no conoces y encontrarte perdido en el estudio. El hecho de hacer cambios y experimentos depende mucho de estar a gusto con la gente con la que trabajas. Y cuanto más conoces a esa gente, y más inteligentes son (risas), más lejos puedes ir en esa experimentación, porque saben lo que quieres y te entienden incluso aunque no sepas explicarte muy bien.
Por ejemplo, para el disco anterior, durante la mezcla trabajamos mucho con efectos. Pero cuando escucharon las nuevas canciones y supieron que había arreglos de viento, en seguida propusieron trabajar sin ningún efecto, grabar con el eco natural de la sala, poner dos micros, un amplificador y grabar sólo con eso. Era exactamente el sonido que yo quería conseguir.  Es difícil experimentar si la gente con la que trabajas no está en la misma onda que tú.

Hablando estrictamente de la parte técnica, grabar este nuevo disco también ha debido representar un reto: has pasado de grabar tú sólo a tener en el estudio a toda la banda y varios músicos de viento. Con tanta gente, es fácil que se convierta en un caos. ¿Cómo ha sido la experiencia?

De hecho fue algo muy excitante. No fue ningún problema porque trabajamos mucho antes de entrar en el estudio, así que una vez que entramos a grabar, solamente tuvimos que conseguir la mejor versión de cada tema. El hecho de que sólo tuviéramos seis días para grabar en el estudio nos obligó a llevar los temas muy preparados y a estar concentrados. Así que el trabajo en el estudio fue un placer. David (Euverte) trabajó con los músicos que se encargaban de los vientos y yo sólo me tuve que limitar a hacer mi parte de hecho: tocar la guitarra y cantar. Y eso fue porque ya traíamos el trabajo hecho y en el estudio sólo teníamos que escuchar cada toma y decidir si estaba bien o si la repetíamos. Y por suerte, cuando grabas en directo, enseguida se sabe si la toma es buena o no. Es lo bonito de grabar en directo, sabes si algo funciona, de forma instantánea: la magia está ahí o no. Incluso aunque mi parte de guitarra no haya sido todo lo buena que debería, si funciona en conjunto, funciona… y así se queda. Grabar en directo es muy especial y en cuanto entramos en el estudio, en el primer minuto que empezamos a tocar juntos, todos los miedos desaparecieron.
¡El disco grabó en seis días!

Sí, sólo seis días para grabar todos los instrumentos. Luego en febrero grabamos las voces y mezclamos, pero la mayor parte de la grabación se hizo en esos seis días. Así que sí ¡es posible grabar en seis días! (ríe).

Vers Les Leurs es un disco más luminoso que tus trabajos anteriores. Esto lo hace un disco más accesible y apto para un público más amplio. ¿Es algo que te preocupe en algún sentido?

Sí, sí, por supuesto es algo en lo que pienso. Si un disco funciona bien, me siento halagado. Por ejemplo en Francia, con este disco he llegado a una audiencia que crece y que está interesada en el resto de discos que he hecho. Así que, estando satisfecho con las canciones y con el sonido, si además a la gente le gusta, estoy encantado. Creo que el éxito de este disco se ha debido a los arreglos, los vientos y esa luminosidad que comentabas. Pero además a que la gente se ha sentido identificada con algún tema en concreto, con eso que antes se llamaba un “single”. En Francia ha sido “Rendez-nous la lumière” pero no sé cuál será para el público español. Para mi esa canción, ese single, es como el caballo de Troya de un disco (risas): entras con un tema y luego aparece, sin que te des cuenta, el resto del disco.
Aun así, la audiencia no es algo en lo que piense mientras estoy trabajando en un disco. Viene justo al final de hecho. Justo cuando tengo que decidir el orden que cada tema ocupará  en el disco, lo hago teniendo en mente a la persona que va a escuchar el disco. El orden de las canciones es muy importante porque va a definir la experiencia que el oyente va a tener con tu disco. Es imprescindible que fluya como un río y que la escucha sea  muy orgánica y natural, desde la primera canción hasta la última, que sea muy obvio y no encuentre trabas durante la escucha. Ahí es donde sí que tengo cuenta a la gente a la que se dirige el disco, y procuro que la gente se sienta invitada a escucharlo.

En este disco pareces hacer una defensa enérgica de la naturaleza y de la manera en que forzamos nuestra relación con ella, con un enfoque casi humanista.

Creo que este acercamiento sólo es claro en los dos primeros temas, y se trata más bien de dar color a la canción, pero no estoy muy seguro de que ese sea la idea general del disco. Vale, es un tema que está ahí. Y ya no estoy muy seguro de en qué cantidad está ahí, porque mucha gente me ha dicho que “Rendez-Nous la Lumière”, por ejemplo, parece una canción protesta ecológica. Ahora va a sonar muy ingenuo por mi parte, pero no me había dado cuenta de que esta sensación fuera tan intensa. Para mi, se trata más bien de la constatación de que los paisajes naturales están cada vez más y más cerca de las ciudades, y cómo esto es algo que me afecta, pero no era mi intención ir más allá. Sí, quería hablar de la idea de naturaleza desde una perspectiva muy urbana y me parecía interesante mezclar unas guitarras distorsionadas, que muchas veces evocan una ciudad, mientras hablo de naturaleza, porque para mi la naturaleza es violenta y eso lo quería expresar con esas guitarras potentes. Nada más.

Llevas ya veinte años haciendo música y, por supuesto muchas cosas han cambiado en este mundo musical y en su industria. ¿Cuál crees que ha sido el cambio más significativo que ha sufrido la industria musical en estos últimos veinte años?

Significativo es que aún exista industria musical. ¡Eso sí que es increíble! (risas). Me encanta que sigamos trabajando, incluso las bandas más cercanas, siempre con la idea en la cabeza de hacer una nueva trabajo, de completar un LP, de salir a tocar al escenario. Por supuesto económicamente la industria ha cambiado, y ya no es igual que antes ni volverá a serlo, pero la gente sigue interesada en grabar discos y hacer conciertos. Y eso me parece sorprendente.
Volviendo estrictamente a tu pregunta, la música se ve afectada por las mismas cosas que el resto de apartados de la vida. Y una de ellas, y creo que la que más ha cambiado en los últimos veinte años, es el tiempo. Cada vez parece haber menos tiempo. Personalmente creo que el arte necesita tiempo, y eso es un problema porque en la industria musical, cuando sacas un disco, si no funciona a partir del primer segundo que sale a la calle, se acabó. Antes había más margen, al disco se le permitía un recorrido en el tiempo para que el público lo descubriera. Hoy en día no. Si el disco funciona, aún tienes un poco más de tiempo para que siga una trayectoria dentro de la industria musical. Pero si no funciona, no hay ninguna paciencia. Y la verdad es que da miedo, da mucho miedo. Y es el principal problema que encuentro yo ahora mismo en la industria musical.

¿Cómo llevas eso de ser etiquetado como un icono de la música popular francesa? ¿Representa una presión extra a la hora de encarar un disco nuevo?

(Tras una sonora carcajada, nos dice sonriendo) ¡Estoy feliz con ello! No, ahora en serio, me parece bien, es halagador, la verdad y me gusta que la gente siga interesada en mi trabajo después de veinte años. Aunque la verdad es que no sé si me veo como un icono de nada. (Se queda pensativo) Me conozco a mi mismo, se quién soy y pienso “¿ser un icono yo? Jaja. Es muy divertido”. Por suerte no me representa ninguna presión cuando trabajo en un nuevo disco. Al contrario, cuando alguien me dice que soy una influencia de su propia música, por ejemplo, es algo que agradezco mucho, como digo es muy halagador. De hecho es lo que me permite existir! Así que no, no es una presión.

(La entrevista se llevó a cabo el día después de las pasadas elecciones francesas) Es inevitable que, en un día como hoy, hablemos de política. ¿Cómo vives este momento político con el que nos toca lidiar en toda Europa y específicamente en tu país? Y más importante ¿cómo afecta a tu propia música?

¡Qué te voy a decir! Tendría que haber llegado ayer a España, pero quería estar en Francia porque creo que la situación actual merece estar pendiente. Sobre las elecciones, no puedo decir demasiado: solamente que ahora respiro tranquilo porque la atmósfera en Francia se había enrarecido en las últimas semanas con el auge de la extrema derecha y el giro radical de Nicolas Sarkozy abrazando esas mismas ideas de la derecha radical durante la segunda parte de la campaña. No espero demasiado del nuevo gobierno, solamente me queda el placer de saber que nos hemos quitado de encima eso. Por supuesto a partir de ahora va a ser la misma historia de siempre: felicidad, decepción y luego, rabia. Hollande, dentro de su partido, representa la rama más inmovilista, así que se me hace difícil imaginar que ahora quiera representar algo nuevo en la política francesa y menos en la europea. Pero por lo menos nos hemos librado de la imagen que teníamos antes en Francia de la clase gobernante: demasiada agresividad, demasiada arrogancia. Sí, ahora respiro tranquilo… y ya me preocuparé después.
En cuanto a mi música, te puedo decir que ni la crisis económica mundial, ni los movimientos que están surgiendo a raíz de esta crisis, ni ningún tipo de movimiento político, afectan a mi música. ¡Ni quiero que lo hagan! Por mi manera de hacer las cosas, de relacionarme con la gente de mi entorno, desde mi banda a mi vecindario, creo que en mi vida privada soy una persona de izquierdas. Pero no soy uno de esos músicos cuya imagen pública pretende mostrar su ideología política. No soy un músico político. Personalmente creo que cuando relacionas tu imagen pública con una causa, siempre debes estar preparado para que alguien te coloque un micrófono en los morros y te pregunte sobre ello. Debes estar preparado para hablar de ello de forma clara e inteligente, y si no lo estás, entonces no le haces ningún favor a la causa. Y yo no lo estoy. Así que prefiero ser simplemente un ciudadano y no mezclar mi imagen pública con ninguna causa política. Para mí, lo importante es mostrar mi ideología, y ser consecuente, en las cosas que hago en el día a día, en mi relación con la gente y en mis decisiones.

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