OMD

Entrevistamos a OMD (Orchestral Manoeuvres in the Dark)

Me llama un responsable de marketing del sello discográfico. Cojo el teléfono y una voz muy locuaz me dice que quería probar la línea telefónica, y que en un cuarto de hora me llamaba Paul. Esperaremos la llamada pues. Con puntualidad british Paul Humphreys (sintetizadores y coros) pieza fundacional de OMD me llama. Es un tipo amable, educado, y aparentemente, no demasiado aburrido de ofrecer entrevistas promocionales aunque me avisa de antemano de que solo dispone de veinte minutos.

Orchestral Manoeuvres in the Dark cumplen nada más y nada menos que 40 años en su negociado de electropop con ínfulas académicas. Tal y como están las cosas parece una heroicidad, y aunque estuvieron casi una década en barbecho, ahí continúan dando que hablar. Souvenir (EMI, 2019) es un recopilatorio (doble y quíntuple según el poder adquisitivo que tenga cada uno) que celebra todo esto, y en el que las canciones pasan sobradamente el filtro del tiempo. También nos visitan con dos fechas en Madrid (19 de octubre, La Riviera) y Barcelona (21 de octubre, Apoloaquí las entradas.

«Siempre estuvimos alejados de los new romantics, nos consideramos minimalistas desde el principio porque nos nutríamos de gente como Kraftwerk, las producciones de Brian Eno, The Velvet Underground, La Düsseldorf y muchos otros.»

Paul, para empezar una curiosidad: ¿ por qué el nombre del grupo es OMD? He estado averiguando en internet pero no acaba de aclararse el tema.

Andy [McCluskey] estaba tocando en diferente bandas cuando tenia entre dieciséis y dieciocho años; bandas de instituto que hacían pop y rock. Un día descubrió a Kraftwerk y decidimos que queríamos hacer música electrónica, y experimentamos mucho con cintas de casete, y llamamos a muchas puertas en la escena de Liverpool hasta que conseguimos actuar en el local Eric’s. Pero antes de que pasara esto ya teníamos el nombre de la banda, y fue idea de Andy, que había compuesto una tema en plan casero que se titulaba “Orchestral Manoeuvres In The Dark” y nos pareció que reflejaba algo nuevo, algo diferente que se alejaba del rock y el punk. ¡Nos pareció cool!.

Vuestro primer EP fue producido por Martin Hannett en la escudería de la mítica Factory. ¿Qué recuerdos tienes de aquellos años con Martin y su por entonces sello?

Hicimos “Electricity” en Factory, sí. Fue una gran experiencia porque Hannett tenía un estudio de grabación muy buen preparado, y el se puso a los mandos y recuerdo que pasamos dos horas por la noche a toda prisa, pero como no acabamos y tuvimos que ir al estudio por orden suya de buena mañana para terminar de grabar el tema. Era un tipo realmente interesante y Factory tenia la suficiente infraestructura y dinero para financiar buenos productos.

 

¿Seguís utilizando sintetizadores analógicos en el estudio o en conciertos? Grupos como Metronomy consideran que los 80 se caracterizan porque sonaban mejor los teclados por aquel entonces?

Noo [contundente]. Usamos versiones análogas a estos teclados, pero los antiguos sintetizadores tienen un mantenimiento costoso, transportarlos, enchucharlos y desenchufarlos en cada concierto, por ejemplo, era un rollo. Ahora existe maquinaria que suena muy similar y no creo necesario reivindicarlos aunque a la gente le guste ese sonido vintage. En los escenarios toco teclados que son parecidos a los de los 80, y suenan mejor.

Me parece bien que grupos como Metronomy mitifiquen ese sonido de los sintes, pero tenemos un ingeniero de sonido que sabe perfectamente sacar partido a nuestro sonido, y creo que sonamos de forma más pura.

No sé si estarás de acuerdo conmigo, pero siempre pensé que OMD era una conexión entre la tradición minimalista de Cage o Stockhausen, y el electropop de los New Romantics. ¿Qué piensas de esas conexiones?

Creo que siempre estuvimos alejados del movimiento de los New Romantics, pero sí que nos consideramos minimalistas desde el principio porque nos nutríamos de gente como Kraftwerk, las producciones de Brian Eno, The Velvet Underground, La Düsseldorf y muchos otros. Queríamos hacer algo simple, minimalista. Nuestra filosofía era, y sigue siendo, aquello de “menos es más”.

«Cuando hemos estado presionados o comprometidos con algo, nos han salido las mejores canciones, y estas no eran de pop precisamente».

Entre 1980 y 1983 intentasteis crear un “mundo automatizado” copando las listas de los charts. Fueron años de mucha actividad discográfica. ¿Explicanos cómo recuerdas aquellos años dorados?

Fuimos muy prolíficos en aquellos años, es verdad. Básicamente teníamos un contrato que estábamos obligados a cumplir y consistía en ofrecer un disco por año a la discográfica [risas]. Éramos una olla a presión de ideas, sobretodo a principios de los 80, y parecía que no teníamos tiempo suficiente para plasmarlas, en eso de basa ser joven, ¿no?. Recuerdo que nuestro segundo álbum, Orchestral Manoeuvres in the Dark (1980), tenía un sonido muy naïf, unos acordes muy simples pero contenía canciones muy bonitas. Luego de alguna manera empezamos a profesionalizarnos y no quisimos repetir la formula, y en Architecture & Morality cambiamos el rumbo: expresamos nuestro mensaje de manera diferente aunque el sonido era reconocible para la gente.

Una de vuestras mayores virtudes es la de sonar diferente a la de muchas bandas de la época, ese “sonido OMD” es peculiar. Por otro lado, sois especialistas en hacer pop de calidad con un posicionamiento casi maintream, aunque huyendo de la estética que lo rodea pero teniendo un reconocimiento masivo. ¿Explícame cómo se consigue esto?

Nosotros tampoco hacemos grandes canciones de pop pensando en el éxito, sino más bien todo lo contrario, creo, porque nos gusta también el ambient experimental, y todo puede ir encajando a la perfección. Tenemos ideas peregrinas que nos llegan a la cabeza; una melodía o un sonido, y vamos estructurándola a medida que nos van viniendo ideas: que si un sinte por ahí, que si un arreglo de batería por allá…Pero no somos conscientes de que sea comercial o no, simplemente lo hacemos y llega el resultado final, y es la discográfica la que decide qué o qué no es comercial. Muchas veces pienso que la experimentación de repente se convierte en un producto de masas y escapa a tu control. Cuando hemos estado presionados o comprometidos con algo, nos han salido las mejores canciones, y estas no eran de pop precisamente [risas].

 

¿Qué papel ha ocupado Martin Cooper como compositor en OMD desde los comienzos?

Andy y Martin son muy buenos amigos desde los comienzos. Es un gran músico, y además un excelente pintor. A finales de los 70 Martin estaba haciendo un grado de Arte en Sheffield, y cuando regresó iba mucho por casa de Andy y al final se enroló en la banda. Él escribió conmigo “Souvenir”, “If You Leave”, y otros grandes temas de la banda. Su contribución al grupo es fundamental. Ahora está muy metido en el mundo del arte.

Hace años ‘The Punishment of Luxury’ fue vuestro regreso. Leí una entrevista en la que decíais que era “una conversación con vosotros mismos”. ¿Qué queríais decir?

Esto significaba que volvíamos a estar juntos, que volvíamos a ser un grupo. Nos preguntamos si OMD podrían seguir siendo esa banda que interesaba al público, que intentaba ir un paso más allá en lo musical. Creo que conseguimos encontrar nuevas ideas y las supimos transmitirlas. Es duro el paso del tiempo y tener que reivindicar continuamente un sonido.

¿Qué grupos o compositores crees que OMD han influido más?

Creo que podemos haber influenciado a Radiohead o The Killers, grupos que me vienen ahora a la cabeza ahora. Influenciados por el lado más experimental de la banda, quizás.

 

[Paul me dice que tenemos que ir acabando. Cosas que pasan con las entrevistas promocionales…]

¿Qué podremos ver en vuestros conciertos en los que celebráis los cuarenta años en la música?

Básicamente tocaremos hits que a todos los fans les gusta. Así que no faltará “Electricity”, “Souvenir”, “Enola Gay”… ya sabes, nada original pero que espero os guste.

Gracias a Toño Martín, Álvaro de Benito y Manuel Pinazo por su colaboración en esta entrevista

 

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