Jeremy Jay – La Lata de Bombillas (Zaragoza)

El americano cerraba en Zaragoza una amplia gira por territorio nacional, y sin duda levantó una enorme expectación en la ciudad, agotando las entradas de su concierto en la popular sala La Lata de Bombillas.
Tras la poco más que anecdótica actuación de los castellonenses Pleasant Dreams, el espigado cantante demostró por qué se encuentra a sólo medio paso de convertirse en el próximo gran niño mimado del pop. Un local abarrotado como sólo en las grandes ocasiones, presagiaba la importancia de la velada. El compositor llegó acompañado de Michael Lafranchi a la batería y Ilya Malinsky al sintetizador, intercambiando con éste guitarra o bajo según demandase la ocasión. Aunque su segundo largo titulado Slow Dance verá la luz a lo largo de este mes de marzo, era ya de sobra conocido entre el público, al circular desde hace semanas por la red. Un trabajo de texturas ochenteras donde el sintetizador y un marcado bajo se hacen con el protagonismo. El elepé fue desgranado casi al completo, impregnando al ambiente de un seductor aire retro que tan pronto recordó a The Cure con “In This Lonely Town”, como a The Smiths –“Gallop” o “Canter Canter”-, sin olvidarnos de Bowie en el caso de “We Were There” o “Will you Dance with Me?”. Siempre acompañado del toque excéntrico a lo Patrick Wolf, el músico tira de cierta pose arty, y puede entretenerse jugueteando con las bombillas del techo o dar un aire cinematográfico a canciones aparentemente sencillas como “Breaking the Ice”. Tampoco faltaron un buen número de temas pertenecientes a su alabado debut del pasado año, A Place Where We Could Go, destacando unas impecables “Beautiful Rebel” o “Escape to Apsen”, y remitiéndose a Nick Garrie en “Nite Nite”.
Comunicativo en pequeñas dosis, Jeremy Jay no escatimó sin embargo en repertorio, despachando cerca de una veintena de composiciones en ochenta minutos, con “Slow Dance” haciendo de cierre definitivo. A este angelino con aspecto de sarcástico dandy romántico le acompaña una aureola especial, convirtiéndose en apuesta segura para el futuro inmediato. Algo me dice que la del sábado fue la última e irrepetible oportunidad de disfrutar su música en una sala de pequeño aforo.

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