Mark Olson & Gary Louris. – Neu Club (Madrid)

La fría noche madrileña no fue impedimento para el lleno absoluto que presentó Galileo Galilei en su versión Neu Club acogiendo a la más brillante pareja de compositores de neo country de los últimos veinte años.

La reunión puntual de The Jayhawks que pudimos disfrutar en el pasado Azkena Rock 2008 no nos dejó todo el buen sabor de boca que hubiésemos deseado debido a una leve pose funcionaria sobre el escenario y una falta de química que deslució el evento. Afortunadamente, el pasado sábado fue distinto. Gary Louris y Mark Olson brindaron una velada de rock de raíces actual y añejo a la par que hizo las delicias de los allí congregados. El hieratismo elegante de uno y el contoneo entrañable del otro, llenaban un escenario sólo compartido por una percusionista sutil y solvente en la sombra.

Previamente, Ted Russell Kamp nos había desgranado él solo las canciones de Poor Man’s Paradise, un trabajo que verá la luz próximamente y que sirvió como entremés templado para encandilar a la nutrida audiencia. Ignorábamos el repertorio con el que iban a sorprender los ex –Jayhawks. La presentación de su disco conjunto, Ready for the Flood (08), era la excusa para juntarse nuevamente, y qué decir, la gente lo que deseábamos era una retrospectiva de la banda madre que nos deleitara como antaño.

Y no faltó ninguna de las dos cosas: ni temas nuevos (“Bicycle”, “Chamberlain, Sd” o “Black eyes” convencieron mucho más sobre las tablas que en estudio -ladrillazos como “When the wind comes up” imposible, claro-), ni un repaso a la edad dorada de The Jayhawks en la que ambos compartían protagonismo (“Two angels”, “Clouds”, “Two hearts”, “Waiting for the sun” o “Settled down like rain” desataron un entusiasmo general en ovaciones cerradas y la correspondiente sonrisa agradecida por parte de los trovadores).
Unos juegos de voces y guitarras trabados y enamorados entre sí nos deslizaron gentilmente hasta un bis donde el público abandonó los asientos de la sala para corear y moverse al ritmo de la eficaz “Bad time” y la melancolía otoñal infalible de “Blue”.

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