Sixty Nine Million Inches – Wet your Whistle (Junk Records)

Sixty-nine Million Inches tienen una cualidad importante en esto de la música: emocionan. El bien llevado sonido acústico de sus dos guitarras y la finísima línea vocal con la que montan sus canciones estos madrileños, son la clave de un sonido con argumentos. Dibujan escenarios y generan atmósferas; trazan líneas imaginarias que se pierden en el horizonte, modelando un paisaje árido, desértico, melancólico, romántico…

Sí es cierto, hay una referencia directa que es inevitable eludir: Calexico. ¿Y qué? Sixty-Nine Million Inches han decidido apoyar el armazón de su música en un pop con fuertes influencias de rock con raíces americanas y el resultado es tan sincero que realmente se muestra indiscutible. Hace poco, los británicos The Broken Family Band le daban forma, con su “Welcome home looser”, a uno de los mejores discos de country de los últimos años y éste tampoco venía de Estados Unidos. La música para bien o para mal también se globaliza y por ello no debe resultar extraño escuchar a un grupo español haciendo lo que hacen los “Sixty-Nine”; sobre todo si el resultado es de una factura tan bella como “Wet your whistle”.

Con “Sparkling grace”, el tema que abre el álbum, se nos lanza al desierto americano a cabalgar, a encontrar a nuestro amor entre los cactus y las ventiscas de polvo seco… El trémolo de guitarra que vertebra a “The story of the man with two brides” es bello, tan bello como dramático; especialmente cuando se mezcla con esos metálicos pasajes de trompeta. En general todo el disco funciona por lo cuidado de sus arreglos y rítmicas. Quizás como único pero, se podría decir que cuesta encajar “A.K.A.” en el preciosista mosaico creado por el resto de canciones. Es un tema pegadizo y muy efectista para el escenario, pero con menos poder evocador.

Raül Campos, Martí Pernarnau, Mikel Alberdi, Javier Cantudo y Fernando Neira integran este bonito proyecto; no hemos calculado en kilómetros a qué distancia equivalen sus sesenta y nueve millones de pulgadas pero lo cierto es que, sea largo o corto el trayecto, merece la pena recorrerlo y disfrutar del paisaje.

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