The Blood Brothers – Burn, Piano Island, Burn (Artists Direct / BMG)

Cuando hablamos del productor Ross Robinson estamos hablando de las grandes ligas. Cuando hablamos de las grandes ligas ya sabes a qué nos referimos: Estados Unidos y muchos dólares de por medio. Y cuando cae en las manos de Ross Robinson un grupo con grandes canciones el resultado no puede ser más que uno: un lp inolvidable, incendiario, inclemente con nuestros oídos e imposible de comparar con ningún otro disco que tengamos en nuestra estantería.

Esto ha sucedido con The Blood Brothers, que bien podrían ser los nuevos At the Drive-in, si tenemos en cuenta que fue Ross Robinson el que lanzó a los peludos tejanos a la fama internacional con aquel arrebatador y violentísimo “Relationship of command” de hace tres años.

The Blood Brothers son un quinteto originario de Seattle y este “Burn, piano island, burn” es su tercer disco. Un tercer disco de hard rock brutal, cercano al hardcore, al punk rock, al screamo, al grindcore, al… pero lejos de todos esos estilos al mismo tiempo (si es que realmente existen los diferentes estilos y no son invenciones de críticos amigos de los neologismos como el que escribe). Lo único que está claro cuando escuchamos este trabajo es que estamos ante un disco que sobrepasa todas las fronteras imaginables, que va un paso más allá de todo lo que se supone que conocíamos.

El lp se abre con 37 segundos de furia titulados “Guitarmy”. Y sin que tengamos tiempo para recuperar el aliento aparece “Fucking’s greatest hits” donde nos asaltan y bombardean con gritos, guitarras desbocadas y una base rítmica que cumple funciones de rapidísima apisonadora. Después, sin dejar que nos levantemos de la lona, nos golpean con la canción que da título al lp, “Burn, piano island, burn”, donde la intensidad lejos de disminuir, aumenta, y nos quedamos aturdidos mientras el árbitro cuenta los diez segundos reglamentarios. A partir de este momento, sólo queremos disfrutar de este tesoro del rock más furibundo y creativo hasta el último asalto, aunque no podamos levantarnos de la cama en varios meses.

La siguiente canción, “Every breath is a bomb”, comienza con unos arreglos de producción marca de la casa, para desembocar, después de una estrofa delirante, en un estribillo que suena a ska alternativo. Esto nos sorprende negativamente, para qué vamos a engañarnos. Suenan teclados sublimes y la producción raya a gran altura, sobre todo en el tratamiento de las voces, pero todos tenemos derecho a equivocarnos, ¿verdad?.
Después de esta pequeña decepción, nos encontramos con las dos joyas de la corona:

1ª-“Ambulance vs. Ambulance” se abre con una guitarra endiablada que da paso a la estrofa. En ella nos topamos con un bajo descontrolado que navega sobre un ritmo de batería feroz y que se completa con una brillante y adictiva melodía vocal. Cuando menos lo esperamos, la melodía estalla finalmente en un estribillo violento e invencible. Como veis la receta perfecta de la canción rock que andan buscando todos esos grupos que vemos salir en la MTV vestidos de negro y con la cuenta del sastre mucho más larga que sus ideas.

2ª-“USA nails” más que una maravillosa canción es un auténtico derroche de creatividad. Se suceden múltiples y admirables partes instrumentales, con distintas melodías vocales, que se combinan con una pericia propia de los tocados por el cielo. Esta canción es una muestra más de la fascinante capacidad creadora de estos norteamericanos y la prueba irrefutable de que estamos ante algo más que un buen disco: esto es una obra maestra, amigo.

El resto del lp va a seguir con la misma tónica, es decir, dejando boquiabierto a todo aquel que caiga en sus redes. Encontraremos momentos más reposados, como el principio de “The same”, aunque lo normal será seguir con la hazaña de no levantar el pie del acelerador ni siquiera en las curvas más peligrosas. Curvas tan peligrosas como “I know where the canaries and the crows go”, “Cecilia and the silhouette saloon”, o la increíble “God bless you blood thirsty zeppelins!”.

Lo dicho, parece que estamos ante el disco de rock del año, porque es muy difícil encontrar en estos tiempos canciones tan inspiradas y violentas producidas con la claridad y la perfección de este lp. Porque para el que todavía no lo sepa diremos que Ross Robinson sabe hacer que la batería y el bajo te rompan los tímpanos, que las guitarras suenen como auténticos truenos eléctricos y que las voces suenen con tanta furia que te dejan KO con las primeras notas. (Lástima que el 99% de los grupos que produce no consigan hacer una canción emocionante ni aunque les vaya la vida en ello).

Concluyendo, si hay algo parecido en el mundo del rock actual al Mike Tyson de finales de los ochenta, es, sin duda, este “Burn, piano island, burn” de The Blood Brothers: cuando lo escuchas sabes que no hay posibilidad de llegar al final del primer asalto.

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