The Used – Artwork (Reprise)

No quisiera extenderme sobre Artwork. El cuarto LP del grupo The Used es un trabajo abierta y llanamente infame, un disco realizado sin otra intención que la de forrarse vendiendo canciones llenas de distorsiones skater-metálicas y de letras “provocativas” a los adolescentes pseudo-californianos que ya sean amantes de Maroon 5, Avril Lavigne u otros subproductos de la industria musical.

El segmento de mercado al que parece apuntar el fabricante de The Used es el de los chicos y chicas de 13 a 17 años, monopatinosos, con curiosidad por el metal más cutre y por el rock duro de MTV, y que ya esté escuchando a Tokyo Hotel pero que desee algo un poco más malote, algo más cercano a Marylin Manson – pero no tanto. Chicos y chicas ansiosos de escuchar letras sobre algo que no sean amorcillos, y que contengan referencias difusas a la sangre y las drogas y la muerte (de alguien). En resumen, para el mismo tipo de chavales que hace quince o veinte años babeaban las portadas de Take That. Artwork también interesará a cualquiera que quiera escuchar a cuatro o cinco chavalotes bien guapetones (reconozco no haberme molestado en mirar cuantos son. Quizá sean diecisiete. Quizá dos. Qué importa), vestidos de manera bien agresiva, que se meneen mucho en el escenario y que, entre vaivenes y piruetas diversas, se acerquen al micro a soltar un chillido de vez en cuando.

Vale decir que The Used podría sorprender a según quién con ocasionales riffs bastante buenos; pero para los que ya hayan escuchado a Iron Maiden, a los que copian con descaro ese puntual toque de guitarra de calidad (al principio de “Blood on my hands”, o en algunos pasajes de “Meant to die”), no tiene demasiado sentido quedarse a oír como fusilan el repertorio de la mítica banda británica.  Pero que nadie se engañe: esos momentos de brillantez por imitación son tan escasos que realmente no compensa el sufrimiento y el sentimiento general de desamparo e infelicidad que genera escuchar este álbum. Especialmente dolorosos son los contracoros y esa ridícula manera de entonar que pretende trasmitir sentimiento pero acaba sonando como un niño quejándose de que se ha perdido. Son ecos que uno asocia inmediatamente con bandas sonoras de películas de universitarios yankees, esas en las que uno se pasa los noventa insoportables minutos deseando que Zac Efron se pille la polla con la tapa del piano.

No existe ni una sola canción remotamente buena en Artwork, de manera que no tiene demasiado sentido sentarse y escuchar los 43 y pico minutos de aburrimiento a gritos que componen este disco. Ni siquiera son lo suficientemente ridículos como para ponerlos con los amigotes y echarse unas risas. Nada los salva. Alejaos, como de la peste, de The Used.

 

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