AMFest [Parèntesi] (Barcelona) 8 y 9 octubre de 2021

El AMFest de Barcelona se ha convertido con los años en un oasis dentro del panorama de festivales nacionales. Ideado desde la más absoluta independencia, alejándose de marcas y cualquier acción de marketing de las que asemejan a la mayoría de festivales más con un escaparate que con una genuina muestra de música en directo, AMFest supone, además, una propuesta sonora contrapuesta a la oferta predominante y anodina. Apostando por el post-rock, el blackgaze, el post-hardcore, el dark folk y demás estilos afines, en el tiempo que ha ido sucediéndose desde 2015, han pasado por allí artistas indispensables para quien les escribe de la talla de Mono, Alcest, God is an astronaut, Touché Amore, Lisabö, The Album Leaf o Emma Ruth Rundle.

Con la pesadilla global que sufrimos a nivel mundial, mucho más que una emergencia sanitaria para quien rasque lo mínimo, la jugosa edición de 2021 tuvo que verse cancelada para refundarse milagrosamente por el tesón y la valentía dela organización en una reducida, pero del todo sugerente, versión con [Paréntesi], a celebrarse también en el Castillo de Monjuic, nueva ubicación elegida, siendo del todo acorde y convincente.

La incertidumbre previa originada por si los conciertos debieran celebrarse con sillas o no, (finalmente sí, auténtica tortura a estas altura y discriminación sangrante hacia la música en directo), hizo que el escándalo y el pitorreo alcanzara lo intolerable cuando ese mismo fin de semana se eliminaban las restricciones al ocio nocturno en Catalunya mientras que los conciertos al aire libre debieran seguir celebrándose con aforo reducido, sentados y manteniendo la distancia de seguridad. Menos mal que, por una vez, la justicia poética se alzó rotunda y majestuosa como leerán a continuación.

Abrieron la jornada del viernes los bilbaínos Vulk. Con ecos al hardcore de la vieja escuela que bebía sus fuentes del sonido Fugazi, la banda mostró un carisma escénico impresionante. Todo un acierto mudar en sus canciones el inglés por su euskera natal que, si bien siempre resulta algo difícil para los oídos no acostumbrados a su fonética, enseguida conectó con su oferta encendida y frontal, defendida por un equilibrio perfecto entre urgencia y elaboración instrumental.

A destacar igualmente su sonido: pulcro, nítido, violento y cortante como un cuchillo, alabanza que cabría extender a la totalidad de bandas congregadas. Labor sobresaliente de los técnicos una vez más; cuestión ésta que me consta cuidan con detalle los capos de la organización, repercutiendo sobremanera sobre el resultado final al amplificar el impacto.

Nos esperaba a continuación el que para mí era plato fuerte de la noche: Bala. Las gallegas han facturado este ejercicio un descomunal disco, Maleza (21), donde stoner, punk y sludge metal campan a sus anchas durante media hora memorable. Ahondando en su discografía, a uno no le cuesta descubrir que Lume (17), su anterior trabajo, se sustentaba ya sobre unos robustos pilares sónicos que, desde luego, hacían presagiar este crecimiento exponencial. Parece mentira que dos personas armadas exclusivamente de batería y guitarra generen el huracán de ruido tan bestial allí ofrecido; magma y grumo destilado con toda la brutalidad que la situación requería.

Al arrancar con “Agitar”, la sensación de ver a todos los congregados sentados mientras ese bofetón nos explotaba en la cara, era realmente desoladora. Fue entonces cuando, como en una escena sacada de cualquier film bélico en el que un preso va siguiendo a otro para alzarse en un acto de pura rebeldía coherente y sensata, el público se fue arremolinando delante del escenario hasta conformar un concierto que verdaderamente mereciera tal denominación. No faltaron pogos y hasta algún momento de mosh, experiencia que para mis retinas será ya historia emocionante de mi transitar por este mundo, al ser la primera vez que volvía a presenciar y disfrutar algo así desde que el sucedáneo de lo anteriormente conocido como vida invadiera nuestros días.

No fue precisamente el concierto que mejor sonó, pero el entusiasmo de Anxela Baltar y Violeta Mosquera, unido a la desatada respuesta del público, conformaron un hito del que no nos olvidaremos fácilmente. Descomunal demostración de intensidad con temas como “Hoy no” u “Omertá” e invitaciones al baile, al desenfreno y al pogo con latigazos del tamaño de “X” o “Upside down”. Mención especial para el extremismo animal de una “Bessie” que nos pasó por encima como una auténtica apisonadora. Asilvestrada muestra de instinto en un show que siempre recordaré por su imborrable simbolismo emocional.

Y cuando ya pensábamos que la cosa no podía ir a más, la impresionante primera jornada del festival se cerraría con una de las exhibiciones sonoras más extremas que he podido escuchar nunca de la mano de los belgas It It Anita.

Con una disposición escénica circular en las que su noise rock con vetas post-hardcore jugaba travieso con los típicos intercambios y contrapuntos de voces entre músicos, construyeron un concierto a piñón fijo donde en los primeros compases alcanzaron un paroxismo ruidista que era imposible disfrutar sin tener la boca abierta y los ojos salidos de sus órbitas. Sirva como ejemplo inapelable la dupla que supuso el encadenado de “11” y “25 (from floor to cealing)”, el pasaje más inmenso del AMFest 2021. Mención especial para el colofón que nos prepararon cuando el batería llegó a bajar su instrumento por completo entre el público y se puso en mitad de la audiencia a tocar los últimos compases de su actuación como un animal. Demencial.

Si bien es cierto que la exigencia para oídos no acostumbrados a su despliegue pudiera suponer ciertos pasajes algo anodinos, la experiencia de ver a la banda en directo la catalogaría sin temblarme el pulso como de obligado cumplimiento antes de morir. Obvio para la minoría que todavía sigue viva y no basa sus días en meramente existir.

Sabiendo de antemano que era objetivamente imposible repetir una jornada con los puntos álgidos alcanzados en su primer día, el sábado nos dirigimos de nuevo hacia el Castillo de Monjuic con una fina llovizna regalada por un cielo gris que le venía que ni pintada al concierto más íntimo y especial que ofrecía este año el festival barcelonés: Elle Belga.

Un silencio reverencial acompañó desde la audiencia a una propuesta defendida con humildad y solemnidad –quizás algo excesiva ésta en algún momento-. Sus bonitas canciones, basculantes entre el folk y el slowcore más lírico, afloraron hermosas y templadas, centradas en la última etapa del dúo asturiano, la que arranca con Euforia (16) y culmina con el inmenso Simetría (21), convirtiendo el amor en el discurso más rebelde y contestatario para estos tiempos desoladamente yermos. Entre los momentos que más me conmovieron, destacaría el encadenado de “Amamos honradamente” y “Simetría”, el viaje de escasos dos minutos a la atmósfera Twin Peaks con “Cantar de siega” y el bonito detalle de agradecimiento que tuvieron para la organización con el regalo que supuso su maravillosa versión del “Panic” de The Smiths, evocando los ecos de nuestros añoradísimos Manta Ray.

Otra de las grandes sorpresas fueron Bones of Minerva, que venían a presentar una colección de nuevos temas del todo arrolladora a publicar próximamente. Prescindiendo más de su vertiente melódica y ahondando en la brutalidad y contundencia de su vertiente más black metal y sludge, junto a unos desarrollos reptantes a las maneras de los Tool más sinuosos, el nuevo cancionero promete hacer crecer a la banda de una manera desmedida. Resultaba del todo curioso y entrañable la mezcla de timidez que mostraban agradeciendo el entusiasmo de un público que abandonó de nuevo sus sillas para desterrarlas definitivamente mientras atacaban con semejante decisión arrolladora su repertorio.

El colofón a la edición 2021 del festival lo ofrecerían unos Toundra en estado de gracia. Como seguidor de su carrera, considero que las conquistas logradas por el excelso Vortex (18) y el valor para crear esa imaginería de banda sonora para el clásico de terror mudo expresionista El Gabinete del Dr. Caligari son sus dos mayores hitos artísticos sin duda.

Sabedores de su aceptación y de la comodidad de jugar en un entorno ya conocido y afín a su naturaleza, el cuarteto madrileño se dio un auténtico baño de masas durante una generosa hora y media larga en la que volvió a destacar el entusiasmo y la ejecución perfecta de la que hacen gala. Pese a ciertos pasajes algo planos a lo largo del concierto, el despliegue más inapelable se reservó para el final con el desarrollo prodigioso de “Mojave” y esa joya de la corona incomparable que supone la que para mí es con diferencia no sólo ya su mejor composición, sino una de las mejores que ha dado nunca el post-rock: “Cruce Oeste”. Excelencia.

Tras una ovación merecida y con una audiencia entregada al máximo en sus primeras filas, la banda regresó para brindarnos la bonita “Kingston falls”, seguida de una apropiada “Cielo negro” y terminando con la fiereza desatada de “Cobra”. Nueva victoria de una banda con posibilidades de crecer aún más si se lo proponen.

Y con una sonrisa de satisfacción y esperanza nos fuimos alejando del Castillo de Monjuic, donde los fantasmas no tuvieron el valor de atravesar unas murallas levantadas gracias a la devoción impertérrita para defender lo que día a día nos da el auténtico aire que respiramos para seguir adelante: la música.

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