Bill Fay – Countless Branches (Dead Oceans)

La historia de Bill Fay es del todo extraña, anómala, o por lo menos peculiar en esto del negocio discográfico. Después de alumbrar dos discos seguidos a principios de los setenta, desapareció del mundillo discográfico sin dejar rastro alguno. El que pudo ser, según palabras del crítico Rob Young, el Bernie Taupin para la canción protesta que mejor cartografiase los estragos de la Guerra de Vietnam, le pudo más su propensión a estar alejado del foco mediático.

Bill Fay (1970) con suntuosos arreglos orquestales (su encuentro con el mánager de Donovan, Peter Eden, que produjo este debut, es el pilar de ese sonido tan característico) que tejía una nebulosa gloriosa, ensoñadora, e intimista, aunque con atisbos de grandiosidad a la manera del barroquismo de unos The Left Banke, o las producciones de Jack Nitzche. Luego le siguió Time Of The Last Persecution (1971), con una producción más austera, y acompañado por excelente músicos de tradición jazzística (maravillosos Ray Russell a la guitarra y Bud Parkes a la trompeta), y en donde Fay, principalmente, plasmaba su apocalíptica visión de la situación social de la época. Después llega el silencio.

Su actividad compositiva no paró en todo este tiempo. El sello Durtro (del gran David Tibet de Current 93) recuperó temas bajo su Bill Fay Group, y un flojo elepé titulado Tomorrow Tomorrow And Tomorrow (2005) que tuvo escasa repercusión. Podríamos decir, sin contar labores encomiables de arqueología, que el británico estuvo casi cuarenta años fuera de juego hasta el inmenso Life Is People (2012) con portada que guiñaba un ojo al Sail Away de Randy Newman. Un inmenso trabajo en el que elaboraba un intrincado retrato vital con un espeluznante halo religioso que estructuraba un andamiaje sostenido por la grandeza de su piano, y una voz que supuraba verdad, emoción, y lucidez.

Su segundo disco post-retorno fue Who Is The Sender (2015), precioso, aunque de contornos más tenebristas, y repitiendo, eso sí, bellas soflamas antibelicistas y sus desvelos por la incertidumbre del futuro.

Estrenamos década, y que mejor manera de hacerlo con las canciones del bardo británico. Su aliento atemporal persigue esta obra maestra que es Countless Branches (Dead Oceans, 2020). Las notas ceremoniales que destila su piano en “In Human Hands” (Paddy McAloon la hubiera firmado con los ojos cerrados, al igual que “Salt Of The Earth” otra de las gemas incostestables del álbum) le dejan a uno noqueado, mientras en “How Long, How Long” mira hacia sus ancestros para encontrar la paz interior.

Tonadas que glosan la libertad individual-“Filled With Wonder Once Again”- (“How this world/Can?keep a man in chains/Yeah, how this world/Sure can keep a man in chains”), y desgarradoras odas al amor como pulsión vital- “Love Will Remain”-(“Love will remain/Acknowledge is passed away/Love will remain”) son más motivos para refugiarse en los brazos de este trobador de principios inalterables. De esos casos raros en los que parece que toda la música que escuchas, por un momento, te parece intrascendente al lado de tamaña lección de sabiduría y principios.

Escucha Bill Fay – Countless Branches

 

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