Bruce Springsteen – Wrecking Ball (Sony)

Bruce Springsteen está viviendo un renacimiento en estos primeros años del nuevo siglo, un empuje que no responde sólo a cuestiones estrictamente musicales, sino también (o principalmente) al hecho de que ha sabido recuperar su papel de cronista social, de narrador de historias y de portavoz de la gente sencilla. Desde la publicación de The Rising (2002) como reacción a los atentados del 11S, casi cada  álbum publicado por Springsteen en estos años funciona como banda sonora de la década, o como toma de posición – Working on a dream (2008) – ante los acontecimientos que durante la misma se han venido desarrollando.

En este contexto de crisis, no sólo económica, era de esperar que Springsteen se pronunciara. Como no podía ser de otra manera, el de Jersey toma partido por la gente humilde y normal en contra de los grandes poderes económicos y la alta política. Canciones como “Land of hope and dreams” o “We take care of our own” recuperan el viejo pero efectivo discurso de la grandeza de la sociedad norteamericana incluso en tiempos difíciles. Aunque un halo de resignación y de cierta decepción contradice la esperanza que desprendía su anterior disco, las canciones de Wrecking ball suponen, como es habitual en Springsteen, una llamada a la resistencia, a la unidad, a la acción. No debe ser casualidad la apropiación de “People get ready” en “Land of hope and dreams” (a pesar de tratarse esta última de una canción compuesta hace más de una década),  ni la mención a los estafadores en “Easy Money” o a los gordos banqueros en “Jack of all trades” (convertidos en buitres avariciosos en “Death to my hometown”).

En el apartado musical, hay que hablar de decisiones acertadas y otras que tal vez no lo son tanto. Entre las primeras, la decisión de poner en barbecho a la E Street Band después de las desapariciones de Federici y Clemons (su saxo puede oírse en “Land of hope and dreams” y “Wrecking ball”, a la postre los dos momentos más emocionantes del disco). Con buen criterio Springsteen opta por contar con diversas colaboraciones: en los créditos encontramos tanto miembros de la mítica banda de la calle E, como otros músicos que colaboraron con él en las Seeger Sessions, un coro de gospel y nombres más sorprendentes como Tom Morello (Rage Against the Machine) o Matt Chamberlain (Pearl Jam). Tal variedad no impide que el disco tenga una personalidad sonora propia y reconocible, deudora al mismo tiempo del rock de estadios de los tiempos de los “Born…” y del folk de raíces americanas e irlandesas de las Seeger Sessions (“Easy Money”, “Shackled and Drawn”).

Pero hay que hablar también de aspectos quizás no negativos, pero sí más controvertidos. La elección del productor Ron Aniello responde sin duda a una voluntad de Springsteen por abrir su abanico sonoro, pero la proliferación de loops, overdubs y samples (aunque el temido tema hip-hop, “Rocky Ground”, al final no es para tanto) acaba por cansar en algunas canciones. El resultado final es bueno, pero se intuye que podría haber sido bastante mejor con una producción más limpia de efectos.

Ahora toca esperar el definitivo disco de madurez de Springsteen. Unos American Recordings, o tal vez un nuevo Nebraska producido por Rick Rubin, no estarían mal.

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