Bugz in the Attic – Got the Bug (V2)

Algunas veces hay determinados discos que parecen no llegar a España por las pocas expectativas que despiertan en nuestro país, o porque las distribuidoras deciden no hacerlo. Lo que ha ocurrido con Got the bug es aún más extraño: puede haber sido una de las recopilaciones más esperadas durante estos años, y de hecho es un disco emblema de bastantes cosas, pero entre que el broken beat parece no existir – ni siquiera en esa biblia llamada “Loops” hay una referencia mínima del estilo – y que sólo alguna emisora casi pirata emite algo del estilo, mientras el resto de programas especializados en la electrónica no salen del trip-hop en cualquiera de sus variantes, el paso por los centros comerciales españoles ha sido más bien anecdótico. Y es una tremenda injusticia.

Primero por su precio, menos de 15 euros (12 en el caso de una superficie conocida por llamarte tonto si no compras en ella) para un cd doble, y segundo, porque tiene lo más refrescante y divertido de la electrónica en lo que llevamos de año. Pero ¿quienes son Bugz in the Attic? Pues un grupo de productores hábiles que llevan ya bastantes años retomando el funky gamberro y el jazz de teclado más rítmico en lo que es el subestilo electrónico mencionado, el broken beat, híbrido natural y cómodo entre el acid jazz (o smooth jazz, según) y el drum ‘n bass en su versión más caótica. Por separado tienen grandes discos (por mencionar dos pilares: Shapin’ Fluid de Afronaught y Feed the Cat de Agent K), y bajo el nombre del colectivo tienen, sobre todo, remixes de gente de lo más variopinta. En eso consiste precisamente Got the Bug, en escuchar los sonidos fiesteros y divertidos, no muy lejos de gente como Basement Jaxx, que consiguen de canciones a las que añaden bajo potente y ritmos complejos. “When I see you” de Macy Gray se convierte en una fiesta continua, “Hold it down” de 4 Hero se convierte en un rompepistas, “Mwela Mwela” de Jazzanova se convierte en una batucada épica.

No están todos los que han sido, pero a los remixes del disco se les añade un par de producciones propias, entre las que destaca la divertidísima “Booty La La”. Hay un problema: todos los cortes son ediciones sobre los remixes originales, y muchos se quedan ya no sólo con compases de menos, sino también con menos sutilezas sonoras vaya a saber usted por qué (un teclado de menos, un bajo de menos…). Pero esta recopilación, junto con el segundo Cd de mezcla contínua, demuestra por qué ese colectivo sigue pegando fuerte, por qué tienen un club propio londinense, y lo mucho que nos estamos perdiendo por no abrir un poco más las orejas.

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