Dominique A – Sur Nos Forces Motrices (Green Ufos)

Sur nos forces motrices es el intento por plasmar la intensidad y saber hacer de Dominique A sobre un escenario repasando toda su trayectoria. Esto debiera ser celebrado por todo lo alto, pero ciertamente el resultado no es tan excitante como pudiésemos pensar a priori.

Los que ya sabemos lo que supone enfrentarnos al francés en directo, conocemos sus virtudes capaces de transportarnos al arrebato de romanticismo de postal, remembranza de media tarde que nos sirve como morfina predilecta de nuestro transitar vital. Pero, desafortunadamente, en este trabajo en vivo algo falla; la sensación que anhelamos encontrar en su escucha, no se reproduce por completo tan sublime, candorosa, íntima, penetrante y encorajinada como cuando nos susurra a unos centímetros en una oscura sala de ciudad decadente.

Y el disco no es malo, ni mucho menos, pero deja a medias. Por un lado, al no ser un concierto completo, sino una selección de quince temas escogidos entre cuatro noches de gira con L’Horizon –jamás entenderé la manía por hacer un collage de varias actuaciones y no escoger una completa que permita mucho mejor adentrarse en la atmósfera del show, en sus puntos de inflexión, subidas, bajadas, etc.- y, por otro, al ser acompañado de una banda de músicos, sí, muy solvente, pero que quienes le hemos disfrutado en ambas facetas, le preferimos sólo, con sus espasmos, sus pedales y su guitarra: gracioso, tímido y entregado siempre. Por paradójico que resulte, pertrechado de artistas, las canciones pierden matices y ganan un grosor burdo que les hace perder sutilidad y finura.

Los temas de discos abigarrados –Tout sera comme avant– u opacos –Remué-, son las que más lucen el acompañamiento, así como los rescates inesperados de “Le courage des oiseaux” reinventada ágilmente tantos años después o el de la bellísima sencillez de “L’amour”. Los elegidos de su cima, Auguri, (“Pour la peau”, “Antonia” y “Le commerce de l’eau”) no requieren tanta filigrana y son preferibles cuando Ané te los embadurna a quemarropa sin nadie más. Cabe destacar la inclusión de dos piezas inéditas, “Marina Tsvétaeva” y “Revoir les choses”, apáticas se me antojan, quizá por el espíritu del propio continente.

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