Eli Paperboy´ Reed – Sala Mirror (Valencia)

Con Eli “Paperboy” Reed no hay otro debate posible. Nadie discute su excepcional voz, ni su calidad y entrega sobre el escenario, ni mucho menos la gran banda (The True Loves) que le acompaña en su periplo musical. El único debate sobre la mesa, que además lleva camino de eternizarse, es el de su autenticidad. ¿Es Eli “Paperboy” Reed un artista auténtico? ¿Son los True Loves una simple banda tributo? ¿Dónde está el límite entre la pasión por un sonido, el ejercicio de estilo, el homenaje, la copia…incluso el plagio?

Nada de todo lo anterior parecía importarles a los centenares de fans, aficionados y curiosos que llenaron hasta los topes la Sala Mirror para ver a “Paperboy” y su banda en vivo. Al final se cayó de la programación Harper Simon, el hijo de Paul Simon, que iba a ser el telonero, con lo que el concierto empezó antes de la hora prevista. De todos modos la gente fue tremendamente puntual, de manera que, cuando se apagaron las luces y empezó a sonar la intro que precede a la aparición de los músicos sobre el escenario, todo el mundo estaba ya preparado y en su sitio.

Como de costumbre la banda salió al principio sin Reed, y empezaron a tocar una introducción instrumental con su habitual fuerza y precisión. Al final de la misma un entusiasta teclista se dirigió al público para saludar, animar y, finalmente, presentar a la estrella de la noche. Ante un público enfervorizado apareció Eli “Paperboy” Reed sobre el escenario, y lo primero que llamó la atención es su apariencia tan normal y sobria. Claro que aquella sensación duró poco, porque inmediatamente se lanzó con “The Satisfier” y casi incendia la sala.

Aquello era un festival de funk y de soul con garra, y el público no paraba de bailar con canciones como “Name calling” o “Help me”, de su último disco Come and get it (Capitol, 2010). También se mostró (en general) respetuoso, receptivo y extasiado cuando la sombra del Otis Redding más flamígero dio paso a la más reposada pero no menos combustible de Sam Cooke, en baladas como “It´s easier” o “(Am I just) fooling myself”.

El ambiente era perfecto, pero había algo que no me acababa de cuadrar. Por momentos parecía que Reed hacía algunos gestos de impotencia cuando intentaba alcanzar las notas más altas mientras vocalizaba (no así cuando lanzaba sus clásicos gritos). Un poco más adelante se confirmaron mis sospechas cuando, en primer lugar, el cantante pidió al público que se abstuvieran en lo posible de fumar, y en segundo lugar cuando tras la quinta o sexta canción se retiró a su camerino (el teclista explicó que era para descansar un poco la voz) mientras la banda interpretó otra pieza instrumental. A su vuelta fue recibido otra vez como un héroe, y la verdad es que el descanso le sentó bien porque a continuación ofreció algunos de los momentos más interesantes de la noche, como algunas interpretaciones acústicas acompañado solo al piano (“Am I wasting my time”) o a la trompeta (“Pick your battles”, por cierto anunciando al tiempo que el trompetista abandonaba la banda y despidiéndolo de forma muy emotiva). También hubo lugar para algunas incursiones al doo-woop o al rockabilly (“You can run”), para una tremenda “Time will tell” y para enlazar “Tell me what what I wanna hear” con una versión de “Twistin´ the night away” (Sam Cooke, ¡claro que sí!).

El broche final fue una espectacular “Come and get it”, tal vez la mejor canción de su último disco, alargada y celebrada, con un grupo de chicas subiendo a bailar al escenario y con todo el mundo entregadísimo. Lo que no esperábamos es que el concierto tuviera un final tan abrupto. La banda se retiró y, mientras todo el mundo aguardaba los bises, volvió a aparecer simplemente para anunciar que el batería se encontraba mal por lo que se veían obligados a terminar la actuación en ese momento. Nos quedamos sin el cierre habitual con la conocida (“Doin´ the) boom boom” y la tremenda “Explosion”. Me invadió una incómoda sensación de deja vu (lo mismo ocurrió, en la misma sala, con Richard Hawley hace unos meses, cuando nos privó del último bis con “The ocean”). En fin.

Y ahora mi opinión particular, con la que no tenéis por qué estar de acuerdo. Disfruté mucho del concierto, pero salí con una sensación de volatilidad, de haber dejado la fiesta dentro, de haber visto una película espectacular llena de efectos especiales pero con un argumento mínimo. ¿Es Eli “Paperboy” Reed sólo un buen producto revival con un montón de efectos especiales aprendidos y puestos en práctica con brillantez? ¿Es auténtico? ¿Somos los aficionados demasiado exigentes, inconformistas y propensos a criticar cualquier cosa? (a AC/DC porque siempre hacen tocan lo mismo, a Dylan porque cambia las canciones de concierto a concierto…)

Muchas preguntas, demasiadas. A veces tendemos a complicarnos la vida más de lo que ya nos la complican los demás. La música es arte, pero también ocio, entretenimiento y diversión. Así pues, me quedo con el buen rato que pasé durante el concierto y el resto de cuestiones…bueno, ya lo pensaré mañana.

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