Entrevista a Gabriela Beltramino, que presenta su nuevo álbum 

La artista argentina residente en Berlín estrena el álbum El Camello, El León y el Niño, donde se aleja del jazz tradicional y apuesta a una música más personal e intuitiva. Gabriela Beltramino llegará a España a finales de noviembre para presentar su nuevo trabajo en Madrid y Barcelona. “Algunas expresiones del pop permiten contar cosas profundas de forma más simple”, dice.

Desde su juventud en la provincia argentina de Córdoba, Beltramino perfiló su carrera hacia dos intereses muy marcados: el canto y la actuación. Pero fue al escuchar en profundidad a Ella Fitzgerald cuando la balanza se inclinó hacia la música y, en particular, hacia el jazz vocal. 

En 2015 editó su primer disco independiente, Senses, con arreglos de estándares y canciones propias en clave jazzística. Gracias a este trabajo, fue nombrada Artista Destacada de la Cultura en Córdoba y participó en festivales de jazz en distintas provincias de su país, además de presentarse en los principales clubes de Buenos Aires. 

Con los años, su vínculo con el jazz fue perdiendo fuerza en favor de un acercamiento a disciplinas como la actuación, la danza y la filosofía. En 2020, fue seleccionada como cantante residente en el Maduro Jazz Bar del complejo Roppongi Hills de Tokio, y el estallido de la pandemia la obligó a quedarse varada en Japón durante varios meses. 

En ese tiempo, comenzó a tocar y consolidar sus nuevas canciones en distintos lugares del país asiático acompañada por músicos locales. Allí se inició en la caligrafía japonesa, la meditación zen, el karate y, en especial, la danza butoh. Luego de esa experiencia, se instaló en Berlín, donde dio forma a su reciente álbum, El Camello, el León y el Niño, que marca su expansión a nuevas texturas musicales, cercanas al folklore argentino y con ciertos matices pop. 

El próximo 28 de noviembre, Gabriela Beltramino presentará sus canciones en la sala el Sol de Madrid; luego irá a Barcelona para tocar en la sala Empanar, el 2 de diciembre, y en Cueva de Lobos, el 4 de diciembre.  

«El folklore me hizo sentir una profundidad que me abraza, y lo que quise contar tuvo más que ver con ese sonido»

En El Camello, el León y el Niño tu voz le imprime a las canciones un rasgo más pop. ¿Qué te interesó de ese universo? 

No sé si quise imprimirle con la voz un rasgo pop a las canciones. De ese universo me interesa la cercanía con las personas. El pop encontró una manera de dialogar, aunque depende con quién quieras hacerlo. La pregunta es si puedo dialogar con esas personas y transmitir mi mensaje o si tengo que modificar mi mensaje para lograrlo. Todavía no tengo respuestas, pero me interesa expandir mi mensaje porque me parece que es universal. Son cosas que nos pasan a todos aunque no nos demos cuenta. 

 

Las canciones del álbum también están atravesadas por referencias al folklore argentino. ¿Crees que ambos géneros pueden convivir en armonía?

El folklore me hizo sentir una profundidad que me abraza, y lo que quise contar tuvo más que ver con ese sonido. Sin embargo, algunas expresiones del pop permiten contar cosas profundas de forma más simple, y ese contacto con la audiencia es lo que más me interesa. Las personas que más admiro son las que logran hacer llegar un mensaje masivamente, pero a través de otro concepto que es la universalidad, que no es lo mismo que masividad. Se trata de encontrar mensajes que toquen la sensibilidad de más personas, y eso es un arte precioso. Las personas que han logrado eso en el pop me parecen grandes. 

¿Por qué decidiste abrirte del jazz tradicional en este disco? ¿Qué límites creativos te imponía el género?

Sentí que para poder seguir creciendo tenía que tomar caminos que no eran los míos. Hoy empiezo a pensar que en realidad los caminos los abre uno, pero en ese momento me pareció que las personas que estaban haciendo jazz planteaban que si no hacías estudios académicos, no podías ser músico de jazz. Mi error fue creer en eso. Yo ahora pienso que se puede hacer lo que uno quiera, con responsabilidad y certeza interna. 

 

¿Te sentiste de alguna forma expulsada por el ambiente?

Empecé a sentir curiosidad por cosas que tenían que ver con otras artes y con la filosofía, disciplinas que pueden formar parte de la música sin necesidad de fragmentar todo, pero en ese momento, mis referentes me hacían creer por sus discursos que la integración de estas cosas no era posible. Entonces pensé que me tenía que abrir del jazz porque en mi imaginario significaba solo una cosa, y no me estaba satisfaciendo. El camino se agotaba. Además, esos referentes musicales no eran referentes humanos para mí, y a mí me cuesta mucho separar al artista de la persona. 

Escucha ‘El Camello, el León y el Niño’ de Gabriela Beltramino

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