Fever Ray – Fever Ray (Rabid)

Desde un punto de vista objetivo y alejado del grupo electrónico The Knife, resultaría difícil adivinar cómo podría ser el debut en solitario de Karin Dreijer; si se acercaría al sonido del grupo o si por el contrario Fever Ray (Rabid, 2009) se alejaría por completo de The Knife. Por encima de estas dudas llama la atención la calidad de la propuesta, a la cual se le puede poner un notable (o notable alto).

Desde luego el proyecto en solitario de Karin no se aleja demasiado del último trabajo de los hermanos Dreijer, Silent Shout (Rabid/Mute, 2006), pero obviamente hay detalles diferenciales que dotan de profundidad y oscuridad a la propuesta.

La diferencia más clara es el carácter intimista del álbum, minimizando el ritmo consigue dotar de más protagonismo a las texturas y a las melodías. Ya con el primer corte, If I had a heart, podemos hacernos una idea de lo que enseña Fever Ray en el álbum, una intriga que perturba y seduce a la vez. El minimalismo rítmico encaja a la perfección con las voces alienadas (marca de la casa también en The Knife), las cuales también tornan a su formato clásico demostrando la gran belleza vocal sin tener que desvirtuar sus cuerdas vocales.

Es en “When I grow up” donde nos ofrece la cara más amable y más cercana al pop de Deep Cuts (v2 International, 2005), primer largo del dúo sueco. También hay evocaciones comparables a la islandesa Björk, la cual guarda paralelismos con Karin no sólo en la voz, sino en el tratamiento de las texturas electrónicas cuando a la sueca le da por enseñar su cara más luminosa.

Por otro lado se encarga de rescatar esa mezcolanza de ritmos exóticos con gélidas melodías, como sucede en “Seven” y “Triangle Walks”; o de tocar fondo en la más absoluta de las profundidades aprovechándose de la electrónica IDM con la mágica “Concrete walls” y el insuperable hipnotismo de “Keep the streets empty for me”.

El tortuoso insomnio que sufrió Karin durante el nacimiento de su hijo parece ser el centro de gravedad inspirador del álbum, lo cual encaja totalmente en esa oscuridad perturbadora reinante en la mayoría del trabajo de la sueca. El mundo del sueño y la realidad se confunden en esta suerte de disco que acrecienta a un servidor los deseos de poder disfrutar tanto de la hermana como de los hermanos en directo.

Esperemos eso sea real.

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