God is an astronaut + Junius – Sala Rockitchen (Madrid)

Cuando con treinta y tantos años a mis espaldas algo todavía me conmociona con la pureza virginal de ser una sensación brutal, pura e inédita, no hay nada que me haga sentir más afortunado por seguir vivo. Esa capacidad de sorpresa, que muchas veces pienso va secándose, me maravilla comprobar que sigue viva ante conciertos como el que dio el pasado jueves God is an astronaut.

La verdad es que pese a amarlos en estudio jamás pensé que sobre un escenario iban a plasmar y transmitir con tanta intensidad sus pasajes instrumentales tan evocadores y briosos. Queda claro que el post-rock, pese a ser un género agotado en su mayor parte, aún es capaz de brindar agradabilísimas sensaciones, y que, cuando lo hace, es la manifestación más imbatible que pueda experimentarse dentro del universo musical.

Abrieron la velada los norteamericanos Junius. Su propuesta monolítica, cargada de más dosis de metal que la de los posteriores protagonistas, quizá abuse de hermetismo y frialdad, pese a contar con buenas intenciones. Hubo problemas con la voz –el elemento más descompresivo de la banda- en los primeros lances, del todo suprimida en el micrófono; una vez se solventaron, el concierto se enderezó gracias a la accesibilidad –relativa- de temas como “The antediluvian fire” y la emoción filtrada por “Letters from Saint Angelica”, para mí su mejor tema.

Previa a la salida del trío irlandés, pudimos disfrutar de la escucha emocionada en la sala de cortes de Facelift (90) de Alice in Chains y White Pony (00) de Deftones, inmejorable aperitivo. La verdad que estos tipos de tan sencillos y entregados en su accionar y presentación te ganan de antemano.

Armados de batería, dos teclados, un bajo y una guitarra echando humo todo el tiempo, a God is an astronaut nada les falta para transportarnos allí donde muy pocos elegidos pueden. Abrieron con el tema titular de Age of the fifth sun (10), trabajo que les devuelve en parte los tintes electrónicos de sus orígenes, más soterrados de cualquier forma. Más adelante “Worlds in collision” fue la otra granada de mano demoledora que nos hace pensar en este disco como otro gran paso en su carrera.

Pero salvando el taladro directo a la aorta que es el ovillo infinito en que sume “Echoes” y la bellísima “Snowfall”, ambas de su disco homónimo publicado hace dos años, fueron los numerosos momentos que nos brindaron de esa obra maestra que es All is violent, all is bright (05) los que jamás arrancaremos de nuestro interior y que quedarán como testamento codificado en caracteres inteligibles en el alma: la delicada intensidad quebradiza de “Fragile”, el inconmensurable desarrollo final de “Suicide by star” y el broche de oro de “Fire flies and empty skies”, con esa analogía del todo agradecida con M83, ese otro nombre insustituible para entender la belleza decadente y furtiva que a duras penas persiste en el mundo.

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