Iceage – Beyondless (Matador)

Lo que más mola de Iceage es que son inclasificables. Ellos tienen las cosas muy claras, pero es muy difícil localizar sus influencias. ¿El rock psicodélico de los sesenta?, ¿el punk?, ¿la new wave?, ¿quizá un poco no-wave?, ¿también el rock noventero neoyorkino? ¿Te has aburrido ya de este recital de etiquetas? Haces bien, porque en el fondo poco importan, igual que poco importa si las reconoces o no. Iceage son Iceage y como tal hay que valorarlos. Los más sesudos se perderán entre sus influencias pero disfrutarán del disco, y aquellos que no quieran complicarse la vida, también.

Lo que pasa con Iceage es que te piden un poquito de tiempo y que no te hagas el listo con ellos, que no te creas que por escuchar un minuto de cada canción de Beyondless vas a saber de qué va la cosa, porque no es así. Puedes decidir escuchar el disco o no, pero si lo haces, quítale la correa y déjalo suelto. Que la tralla de “Hurrah” no te engañe, que la comercialidad de “Pain killer” tampoco, Beyondless es denso. Pero tú puedes con él. ¿No vas a aceptar el reto? Hazlo. Ellos ya te han dado mantequilla con esas dos canciones, ahora tú demuestra estar a su altrua perdiéndote en la hipnótica “Under the sun”. No temas, ellos te llevan de la mano. La sensación de muchas canciones de Beyondless va a ser la de meterte en el coche de un desconocido, sin rumbo y por caminos sin asfaltar. No sabes cómo va a acabar la cosa y hay tensión. Eso es lo que sugieren grandes piezas como “Plead the fifth” y “Catch it”. Pero tranquilo, es solo un disco. Y tampoco ahogan, hay cierta comicidad en una canción como “Thieves like us”, “Take it all” es dramática pero no trágica, y es un gozo escuchar al grupo estirar los límites sonoros con la machacona “The day the music dies” -un score cinematográfico jazzy- o sacar adelante ese discreto mamut ruidoso titulado “Beyondless”, como el disco. O sea que sufrir no se sufre, de hecho, el disco es un trayecto muy emocionante, aunque, eso sí, en muchas ocasiones hacia lo desconocido. ¿Pero no es eso lo que le pedimos a la música? ¿Que nos ponga al límite sin jugarnos la vida? Entonces ya está, Beyondless nos viene de miedo.

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