Imelda May – Joy Eslava (Madrid)

La verdad que ya lo dejó claro mi compañero Jorge Salas: Imelda May es un torbellino en directo y su presencia y personalidad están más allá de estéticas iconográficas o coyunturas de exaltación del revivalismo. Para demostrarlo con creces , la irlandesa brindó una nueva velada ensoñadora en Madrid el pasado domingo.

Una sala bonita como pocas se vestía de lujo y un solt out colgado desde hacía semanas lucía orgulloso cara a su visita. Ojalá algún día el éxito conseguido por ella o por Eli Paperboy Reed les toque a bandas que lo merecen desde hace muchísimo como los imprescindibles Royal Crown Revue, muy pronto también por España.

Ante encumbramientos súbitos e histerias colectivas tan heterogéneas, reconozco que casi siempre frunzo un poco el ceño antes de enfrentarme a la prueba de fuego frente a mis narices. Pero esta vez, el escepticismo me duró poco: desde el inicio aquello fue una auténtica lección memorable de clase, glamour y elegancia, demostrando que Imelda May es un animal escénico que revela talento y magnetismo, una diva merecida.

Y, claro, para que ello resulte, se requiere contar con una banda tan polivalente, potente y engrasada como la que le acompaña, con mención especial para el brutal baterista Steve Rushton, todo un portento de técnica e intensidad. Es importante también la aportación de su marido a la guitarra, Darrel Higham, con certeros e incandescentes punteos en la versión de “Poor boy” ( Howlin´ Wolf) y el medley homenaje a Elvis Presley de «My baby left me» y «That´s All Right».

Otra virtud que desvela el planteamiento milimétrico de su actuación, fue ubicar tácticamente los momentos cumbre justo al principio y al final del grueso del show. Así, un inicio trepidante con “Pulling the rug”, “Love tattoo” y “Poor boy” dejó ya rendida a una audiencia entregadísima de antemano que no paró de dar palmas y bailar mientras duró la fiesta. La interacción con la preciosa Imelda, cruce de dibujo animado y Pin up 50’s, llevó a cerca de dos minutos dar réplica a sus susurros, gritos y silbidos en la coda final alargadísima de “Proud and humble”.

La variedad de registros de su garganta la permitió sonar sugerente, cálida, traviesa, flexible y desquiciada adaptándose siempre a las necesidades de cada tema, tanto en baladas acarameladas como “Falling in love with you again”, como en el frenético encadenado previo al bis de “Psycho”, “Mayhem y “Johnny got a boom boom”, seguramente los minutos más inolvidables de una noche de esas que te transportan allí donde nunca querrías regresar.

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