Jason Collett

Con mi carrera en solitario he conseguido no necesitar un trabajo ordinario durante ya casi seis años, cualquier éxito más allá de esto sería la guinda del pastel

Después de una noche memorable junto a Zeus y The Rural Alberta Advantage, en una de las muchas noches de música canadiense que se pueden vivir en Londres – a quién le interese, la próxima gorda es el 30 de junio – tuvimos la suerte de emborracharnos como reyes junto a todo un Jason Collett (ex–Broken Social Scene). Puedo asegurar que no es cualquier cosa; Collett es un tipo absolutamente fascinante al cual le cuesta medio minuto disipar cualquier idea que uno tenga sobre él (especialmente la de cantante guaperas). Además de un músico como la copa de un pino que defendió su reciente Rat a Tat Tat (Arts & Crafts, 2010) armado únicamente con una vieja y atrotinadísima guitarra y una botella de bourbon (y el acompañamiento del combo de Zeus), Collett resulta ser un pensador claro y brillante, un conversador exquisito, y un bebedor de una elegancia que no se veía desde la caída de los Romanoff. Esta entrevista no se pudo realizar esa misma noche ya que nos dejó plantados para irse a jugar a cartas con sus excompis de Broken Social Scene (que teloneaban a Pavement esa misma noche a cuatro pasos de allí, y con los que también pudimos charlar unos minutos), pero afortunadamente pudimos pillarle al poco, vía e-mail. Si bien esta entrevista por escrito diluye un poco la exquisita personalidad del cantante de Toronto, no deja de estar llena de perlas. Sea únicamente por su último comentario sobre España, tan lleno de sabiduría que uno no puede evitar calificar a este tipo de gran genio contemporáneo.

Estás de gira con Rat a Tat Tat, que a nosotros nos parece un gran disco. ¿Qué piensas de tu criatura?

Creo que es mi mejor trabajo hasta la fecha. Estoy bastante orgulloso de él.

Perdón por la pregunta tonta, pero ¿Rat a Tat Tat significa algo en particular?

Simplemente me gustaba como rodaba el sonido rat a tat tat. Es más cosa de instinto que una cuestión cerebral.

Es una coincidencia curiosa que estés de gira en paralelo con Broken Social Scene. ¿Es sólo eso, coincidencia? Ya vimos que os seguís llevando de maravilla, pero ¿vuestras carreras siguen ligadas de alguna manera?

Estos últimos tres discos de BSS y míos siempre nos han cogido como atrapados en embotellamientos en opuestos extremos de la ciudad; supongo que no es el peor problema que uno puede tener. A veces me siento un poco dividido entre dos amores, pero ante todo y sobre todo soy un escritor y necesito seguir mi propio camino.

Entonces, ¿cómo va tu propia carrera? ¿Tu carrera en solitario está siendo lo que esperabas que fuera, musical o comercialmente?

He conseguido no necesitar un trabajo ordinario durante ya casi seis años. Cualquier éxito más allá de esto sería simplemente la guinda del pastel.

Te vimos en Londres con un cartel enteramente canadiense y la verdad es que todos estuvisteis fabulosos. Parece haber un montón de buena música en Canadá – somos grandes fans de gente como Plants and Animals, Wolf Parade o Black Mountain (sin mencionar a Arcade Fire o Feist, naturalmente). En resumen, parece que hay muchos más grupos buenos en Canadá de los que tocarían por estadística… entonces, ¿qué se cuece en Canadá?

Hay algo de muy remoto en Canadá que permite a los artistas encontrar su propia voz antes de que la crítica tenga tiempo de hacer valer su peso sobre ellos. Parte de este carácter remoto no es únicamente geográfico, sino autoinducido. Tenemos una larga historia de ignorar a nuestros propios artistas hasta que no logran reconocimiento fuera; desde Neil Young y Joni Mitchell hasta Ron Sexsmith y Feist. El resultado de ser ignorado es que realmente crees en lo que haces y te involucras con otros artistas para validarte mutuamente el trabajo. Todo buen arte nace en el vacío.

Visitaremos el lugar, pues. ¿Qué ciudad tiene la mejor escena musical?

Toronto y Montreal siguen teniendo comunidades musicales muy dinámicas. Montreal es, de largo, la ciudad más sexy de Norteamérica, así que cualquier plan de visita debería incluirla, así como Toronto. Pero hay lugares más pequeños, como Halifax en la costa este, que siempre han tenido una escena musical con muy buena salud, con músicos que han tenido una gran influencia sobre el sonido del país.

Lo que he notado en estos últimos años, no obstante, es una migración desde las aburguesadas y carísimas grandes ciudades hacia ciudades más pequeñas y asequibles. Esto está ocurriendo, y en toda Norteamérica. Los artistas han huido de Nueva York a Brooklyn y luego aún más lejos, hacia Philadelphia. Si eres un músico que vive de sus giras no tiene sentido pagar un apartamento carísimo en algún lugar en el que apenas estás nunca. Este es el motivo por el que ciudades como Portland (Oregón, US) se ha convertido en un lugar culturalmente tan dinámico – al igual que una pequeña ciudad de las grandes praderas como Saskatoon (Saskatchewan, Canadá).

Internet ha permitido a los trabajadores de la cultura abandonar las grandes ciudades. Invariablemente, en estas ciudades más pequeñas los artistas realmente necesitan apoyarse unos a otros para sobrevivir, y esta red social de nuevo se convierte en una fuerza dinámica. Para los jóvenes que han abandonado las grandes ciudades, estas pequeñas ciudades son lienzos en blanco, llenos de posibilidades. La cultura de los cafés aún es relevantemente novedosa para la cultura norteamericana y cuando se abre un pequeño café bien guapo se convierte en la primera chispa que empieza a trascender la superabundancia de mediocres parques comerciales y la mugre fast food que ha destruido casi totalmente la identidad de las pequeñas poblaciones de Norteamérica. En mi opinión este movimiento es el más excitante que ha empezado últimamente. Estos pequeños, vibrantes panoramas locales que se esparcen como semillas a través del continente.

Y para acabar… ¿cuándo te vemos por España?

Continuaré de gira con mi último disco durante todo este año y el próximo. Luego grabaré otro. Adoro España y espero estar de gira por allí en cuanto surja la oportunidad. Tengo una particular afición a ver como tipos en trajes de negocios lían cigarrillos de hash en los cafés mientras se toman una pausa para comer de dos horas. Esa es mi idea de “civilización”.

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