Conciertos

Javier Krahe – Wah-Wah Club (Valencia)

«No me habéis preguntado si me gustó Grecia», dijo Krahe después de inaugurar el concierto con «Como Ulises», «pues en parte sí, en Partenón». Y así toda la noche. Apuntarse a una velada con el cantautor madrileño como maestro de ceremonias es saber que no vas a sudar con rompepistas, pero sí vas a trabajar la mandíbula. La penúltima cita del primer Festival Urbano Valencia -antes del cierre con Juan Perro- fue la confirmación.

Está claro que esta información es de dominio público, porque muy pocas veces recuerdo haber visto la Wah-Wah tan a rebosar y con tan buen ambiente. Salvo contadas excepciones en las que ciertos grupúsculos se dejaron llevar por la excitación, el público -saludablemente heterogéneo-, respondió con respeto y entrega fanática. Krahe disfruta de una amplia lista de seguidores, conseguida a golpe de verso desde hace más de treinta años. Y se nota: en los que cantan, y en los que mandan callar a los que cantan.

Acompañado por un contrabajo y una guitarra (y esporádicamente por el acordeón de Carlos Sanchis), Krahe desgranó su cancionero entre monólogo y monólogo; se centró, sobre todo, en los últimos quince años. Visiblemente resfriado, el madrileño hizo bueno su último disco, Toser y Cantar, del que además eligió varias canciones -con especial entusiasmo se festejó “El dos de mayo”-. Sin embargo, posiblemente las más celebradas fueron las que rescató de Cábalas y Cicatrices (“Como Ulises”, “Vecindario”, “Piero Della Francesca”), junto con “La Yeti” (Sacrificio de Dama, 1993) y “Eros y la civilización” (Cinturón Negro de Karaoke, 2006). También hubo tiempo para algún tema nuevo.

Aunque a más de uno le hubiera gustado que Krahe echara aún más la vista atrás en su repertorio -La Mandrágora fue el gran olvidado de la noche-, lo cierto es que al final, algo más de una hora después del comienzo, la intuición me decía que eso era lo de menos. Tras marcharse y volver para hacer un breve bis, Krahe se retiró “a hacer vida social”; y nosotros a nuestros quehaceres, pero con la moral un poco más aliviada después de un agradecido buen rato.

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