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Johnny Marr (Sala But) Madrid 21/11/18

En el mundo de la música contemporánea ha habido pocas duplas creativas tan influyentes y perdurables como las formadas por Lennon/McCartney, Jagger/Richards, Plant/PageMorrissey y Johnny Marr. Si hablamos de estos últimos, el papel de The Smiths como catalizador de emociones y espejo en el que quisieron verse infinitas bandas en los años posteriores a su disolución, es innegable. Una sombra alargada que se mantiene inalterada treinta años después de su separación y que su vocalista aprovechó para catapultar una ya larga carrera en solitario, que aunque contiene sus luces y sus sombras, ha servido para acrecentar su icónica figura a base de la atracción que despide su inmenso ego, trabajado con mucho narcisismo y por supuesto, alimentado con grandísimas canciones y un lirismo marca de la casa.

Caso aparte es el de Johnny Marr, el virtuoso guitarrista, uno de los músicos más venerados y respetados de su generación, que tardó más de dos décadas en dar un paso al frente y se conformó en ser un mero actor secundario de lujo dejando su huella allá donde pasaba, de The Pretenders a The The, de Modest Mouse a The Cribs; tomando algo más de protagonismo en su aventura junto a Bernard Sumner (Electronic) y decepcionando a sus fans con el disco junto a los Healers. Tuvo que llegar The Messenger (2013) para que los focos volvieran a centrarse en el de Ardwick, quien en el último lustro ha dejado por el camino tres discos como solista en los que se reivindica a base de tesón y oficio, aparte de entregar una digna colección de temas.

Habían pasado quince años desde su última visita a la capital (con The Healers) y la excusa era Call The Comet, un buen disco del que pudimos escuchar casi todas sus canciones. Pero seamos claros, la noche olía a triunfo, a admiración de los que llenábamos la Sala But y esperábamos con ansiedad ver al bueno de Marr con su Fender Jaguar sacando esos sonidos tan personales de las seis cuerdas. Y así fue. Calentar el ambiente con «The Tracers», para a las primeras de cambio, hacernos escuchar los primeros acordes de «Bigmouth Strikes Again» y caer rendidos a sus pies. Disfrutamos con el brío de esa cara B reciente que es «Jeopardy» o la innegable belleza de «Hi Hello», para volver a emocionarnos con una «The Headmaster Ritual» que sonó portentosa.

Johnny Marr

El concierto se centró en su último trabajo, con paradas en las instantáneas «Day In Day Out» y «Hey Angel», jugando con la psicodelia en «New Dominions y la lisérgica «Walk Into the Sea» o dedicando «Bug» a Donald Trump. Hubo espacio para Playland (2015) recuperando la adrenalínica «Boys Get Straight» y una celebrada «Easy Money» y nos llevó de viaje a los 90 con dos canciones de Electronic, «Getting Away With It» («¡Esto es música de baile de Manchester!») y «Get the Message». Hora y media larga disfrutando de su humildad, su eterna sonrisa y de ese deambular sobre el escenario viéndole sacar lo mejor de una guitarra, que parece una extensión más de su menudo cuerpo.

Johnny Marr
Johnny Marr

Y es que esa fue la sensación general, las canciones de The Smiths (recordemos, son tan suyas como de Morrissey) sonaron con una contundencia afilada como jamás hemos oído interpretarlas en solitario al bueno de Mozz. Que sí, que no es la misma voz, pero los punteos de la antes nombrada «The Headmaster Ritual», ciertos pasajes de «How Soon Is Now?» o sobre todo «You Just Haven’t Earned It Yet, Baby», nos dejaron absolutamente cautivados, por no hablar de la emocionante «Last Night I Dreamt That Somebody Loved Me» que dejó ver más de una lagrimilla entre los asistentes o el karaoke colectivo en el que se convirtió la eterna «There Is a Light That Never Goes Out». Johnny Fuckin Marr, señores.

 

 

2 comentarios en «Johnny Marr (Sala But) Madrid 21/11/18»

  • Conciertazo y totalmente de acuerdo con la crítica. Las canciones de los Smiths sonaron increibles, perfectas diría, con otra voz, obviamente. Y aunque no descubra nada diciendo esto, la forma de tocar la guitarra de este hombre es algo fuera de lo normal, lo tenía a apenas treinta centímetros de mi cara e incluso cuando parece que no está haciendo nada hace unas cosas tremendas, nunca he visto nada igual.

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