Keane – Razzmatazz (Barcelona)

A partir del segundo disco, el monstruo Keane se les fue de las manos a Tom Chaplin, Tim Rice-Oxley y Richard Huges. Se lanzaron a una absurda gira de conciertos en estadios que a punto estuvo de costarles parte de su crédito. En este tercero han querido aprovechar para reconducir los directos, enderezar el rumbo y proponer una gira en salas de tamaño medio, donde pudieran demostrar, o no, si son capaces de lidiar con la bestia.

Pues bien, el concierto que ofreció Keane en Barcelona fue un concierto para convencer a los escépticos. Por supuesto para gustar a los fans, pero sobre todo, para dejar claro que saben subir a un escenario y defender sus canciones en las distancias cortas y que, tras muchas horas de trabajo, el grupo ha mejorado sustancialmente la calidad de su directo.

Ofrecieron un show redondo de 90 minutos ante una sala repleta y volcada, por supuesto, pero con algunos de nosotros un tanto suspicaces con el nuevo Perfect Symmetry y con la manera en que Tom Chaplin y los suyos saltaron meteóricamente a tocar ante veinte mil personas. Con una escenografía parca y sin artificios, se presentaron ante el público exactamente a la hora prevista: ni un minuto antes ni un minuto después. Y empezaron con fuerza, con el single “The lovers are losing”, a la que consiguieron arrancarle un sonido infinitamente mejor que en el disco.

Ya desde esa primera canción quedaron patentes varias cosas, a saber. La primera es que Jesse Quinn es una estupenda adquisición en el estudio, pero aún mejor en directo. Se encargó del bajo y de algunos teclados y percusiones, pero donde más se notó su presencia fue en las voces. Y es que al añadir coros (en los que también participaban Tim Rice-Oxley y Richard Huges), las canciones han ganado en profundidad, suenan menos planas y lineales. Quinn está perfectamente integrado en la banda, e incluso en el bis se permitió algún paseíto por el escenario para comprobar de cerca cómo se ve Razzmataz cuando no cabe un alfiler.

La segunda es que la voz de Tom Chaplin está en un estado de forma inmejorable: sonó simplemente perfecta. No se trata simplemente de potencia, cualquier canción de los discos anteriores sonó con más matices, menos almibarada y más potente que cuando fue grabada. Si a eso sumamos que se atrevió a tocar una estupenda versión de “Bend and break” sólo a la guitarra y que en esa misma guitarra mostró una soltura más que buena, podemos decir que el vocalista ha pasado a ser el frontman del que la banda estaba necesitada. Dejemos a un lado las discusiones sobre su (falta de) actitud y su (falta de) carisma.

Y la tercera es que, efectivamente, al disco nuevo le sobra producción, porque en directo, con menos medios técnicos que en el estudio, las nuevas canciones sonaron más potentes que en el disco: perdieron un poquito de ese toque épico ochentero, es cierto, pero ganaron en contundencia. Y las más lentas, en detalles. Tocaron como una banda, compenetrados y precisos aunque, eso sí, sin concesiones a la improvisación: las canciones sonaron tal cual están grabadas en el disco, sin una nota añadida, movida o cambiada.

El setlist estuvo repartido entre los tres discos: tocaron todos los singles (también el próximo “Perfect Symmetry”) y además entregaron unos momentos especialmente buenos con “Again and again”, “This is the last time” o “You haven’t told me anything” y un bis más que esperado con “Black burning heart” (sin “esos” versos en francés), “Is it any wonder” y, por supuesto, cierre con la preciosa “Bedshaped”. Mención especial para el momento en que, en la intimidad de la parte central del escenario (al más puro estilo Coldplay), y tras el solo de Chaplin, se marcaron seguidas “Try again” y “Strangers”, con el punto justo de sencillez que ambas canciones requieren.
Un concierto, en resumen, donde hasta el grupito de chicos que tuve detrás todo el concierto, y que había venido a acompañar a sus novias, salieron comentando, gratamente sorprendidos, que esos no eran los pimpollos a los que habían visto años atrás en esa misma sala presentando el Hopes and Fears.
David Fonseca, de telonero, estuvo entretenido e hizo bailar a una sala que ya estaba llena. Un nombre a tener en cuenta y a seguir la pista.

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