Kill It Kid – Feet Fall Heavy (One Little Indian)

¿Me gustan? ¿No me gustan? Tienen fuerza. No tienen contención. Tienen carácter. No tienen tensión. Saben subir. No saben mantener. Tienen a un hombre. No tienen a una chica (aunque lo parezca). La segunda entrega de los ingleses de Bath, Kill It Kid, tras su homónimo en 2009,  se parece al deshojar de una margarita, no por lo lánguido a que evoca la escena, ni mucho menos, hay mucha más furia gritada en este disco de la que se observa en las damiselas cuando sortean si sus amantes las quieren o no, sino porque este nuevo disco es capaz de por sí solo, alcanzar sublimes cumbres borrascosas y luminosas en determinados minutos (“Heart Rested With You”), para luego hacernos caer a la más impostada de las presentaciones (“You´re in my Blood”).

Imposible que no se te suban a la cabeza imágenes de un Jack White a medio pulmón, o de una Alison Mosshart, a medio camino entre The Kills y Dead Weather. Aunque la banda comparta una filosofía más cercana a los últimos, sin que sepan ponerle tanta cafeína y crudeza a las canciones. Y es en la pugna por este equilibrio de estilos, donde la banda al no dejar caer la bola hacia ninguno de los dos lados, termina resultando algo desconcertante.

Sin embargo el rock más “alegre” de canciones como la ya mencionada “Heart Rested With You”, triunfadora por goleada con ese teclado de oxigeno, o la más soulera “Wild and Wasted Waters” y la setentera “Let my Feet fall Heavy” nos hacen respetar la colección final. Y es que la dureza vocal de Chris Turpin presenta sin complejos unas composiciones que ganan enteros en su registro y que sin embargo se desinflan cuando es el turno de oírlas cantadas por Stephanie Ward, ocupando el lugar del líder. Aunque no es por desconocimiento, como se demuestra en “Dark Heartened Song Bird” o en la preciosa “Home”, sino por desacierto en la garra, y eso se tiene o no se tiene. El caso es que cuando le toca el turno a Stephanie de dejar los teclados para lucirse en el micrófono, siempre se anda dos puntos por debajo de su compañero.

Rock consolidado con patas de alambre, grave estructura, pero pendiente de un hilo en cuanto a la presentación, una sí, una no, una sí, una no. Y esto en los tiempos que corren, en los que se valoran los recopilatorios caseros más que el alma de un disco entero, no digamos ya conceptual, no termina de jugar a su favor ¿Saldrían  mejor en la foto si fuese un EP lo que disfrutamos? Pues eso parece, o si no la próxima vez que la chica dé un paso atrás.

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