Las 15 mejores canciones de Pink Floyd

Para celebrar que Roger Waters cumple 76 años hoy, 6 de septiembre, me propongo aquí intentar la temeraria misión de escoger las 15 creaciones más protuberantes de los eminentes Pink Floyd: una de las “drogas” musicales más poderosas de la cronología de nuestro planeta.

Expongo, por lo tanto, aquí en Muzikalia, algo que denomino, de nuevo, “ranking flexible”, ya que pueden añadirse muchos más cortes que los citados con respecto a la banda británica.

15 – HIGH HOPES

Las décadas posteriores a los 60 y 70 no sentaron excesivamente bien a la agrupación de Londres, a nivel creativo, ya que tras el algo grisáceo, aburrido y poco profundo disco The Final Cut (1983), Roger Waters abandonó la banda pretendiendo que la misma se disolviera, con espirales judiciales incluidas, ante la negativa legal de sus compañeros David Gilmour, Rick Wright y Nick Mason a quebrantar Pink Floyd, definitivamente. Estos tres últimos plasmaron luego los LPs A Momentary Lapse of Reason (1987), The Division Bell (1994) y The endless river (2014), los cuales son una fotocopia en color de la ilimitada senda 67-79 (aunque las ventas continuaron siendo millonarias). De todos modos, recordaros la reciente noticia de una caja recopilatoria sobre el combo con abundante material a partir del año 87, ya como terceto. Sin embargo y acerca de este mismo periodo, algún momento rescatable considero que existe como la muy sentida “High Hopes”, del 94 (la cual trata sobre contrapuestos instantes vitales o quizás de las propias fases de la carrera de los propios Pink Floyd).

En general, redundo, opino que al guitarrista David Gilmour siempre se le dió mejor el papel de impecable lugarteniente pero no de líder de los Floyd.  Por su parte, tampoco Roger Waters, en sus esfuerzos en solitario, alcanzó la sideral majestuosidad de su proyecto principal: la ligera cojera compositiva fue para todos a partir de los años 80 y 90.

14 – CAREFUL WITH THAT AXE, EUGENE

Sobrecogedores los chillidos primarios de Roger Waters y superlativa la amplia gama de penetrantes atmósferas inventadas, en los 60 y 70, por el algo más que legendario y virtuoso combo de Gran Bretaña. Las  ricas plantaciones de irrealidad del cuarteto hicieron historia, en definitiva. Aunque “Cuidado con ese hacha, Eugene” fue cara B del single “Point me at the sky”(1968), el caso es que este inquietante y adictivo instrumental fue cogiendo su trascendencia al figurar, en vivo, en el LP Ummagumma (1969) y también en el famoso, espectacular y también fantasmagórico directo en Pompeya, en 1971.  De las varias teorías interpretativas que surgieron sobre los versos del tema, una de ellas podría ser los asesinatos cometidos por un tal Eugene Craft, en el Río Támesis, a comienzos de los 60.

13 – ATOM HEART MOTHER

Efectivamente, fueron unas cuantas las sugestivas quintas dimensiones cósmicas que la formación británica arrojó en la  fértil década setentera. Tras el extramadamente empírico Ummaguma (1969), luego con Atom Heart Mother (1970), Pink Floyd se seguiría mostrando como una bestia de 50.000 colores o expresado de otro modo: cero reglas y situados a años-luz de las radio-fórmulas a través de la epopéyica “Madre de corazón atómico”, entre otros ejemplos.

En este año 70, precisamente, la orquestada parte de los coros, la opera rock y la especie de banda sonora de película fue encargada al músico vanguardista Ron Geesin, el cual añadió todo ello a la arrebatadora aportación de rock sinfónico de la banda; algo que dió numerosos problemas técnicos de sincronización de las velocidades entre todos esos géneros tan dispares. Al final, hubo amplios desacuerdos entre el propio Geesin y los Pink Floyd sobre el complejísimo resultado postrero de este apasionante tour de casi 24 minutos, el cual despliega innumerables saltos al infinito.

12 – ARNOLD LAYNE

Posible definición de Syd Barret: un mega-genio hippy dispuesto a destrozar en mil pedazos cualquier vieja aduana musico-mental, en 1967. Desgraciadamente, este inolvidable músico se tomó ésto al pie de la letra y fue demasiado lejos con el LSD en su fijación de rastreo experimental. “Arnold Layne”, que se mantiene increiblemente fresca 10 lustros después, ya muestra en el video-clip el afán arqueológico de los Floyd en su primer e memorable single.

Es ésta la narración sobre un personaje ficticio que hurta, de un tendedero, ropa interior femenina para después probársela y resultar, finalmente, arrestado por la policía. Todo ello se hallaba basado en historietas similares de las que unos jóvenes burlones como eran Roger y Syd habían oído hablar en el barrio de Cambridge, dónde vivían ambos. El imponente órgano al estilo hindú del gran Rick Wright, ofrece el contrapunto al  hábil sarcasmo lisérgico del propio Barret. Alguna emisora de Londres rehusó pinchar la canción al calificarla de “obscena” pero no sirvió mucho porque, en 1970, también The Kinks con “Lola” comenzaron a exponer este tipo de letras sobre travestismo…

11 – SET THE CONTROLS FOR THE HEART OF THE SUN

Ajusta los mandos hacia el corazón del sol” casi susurra, enigmáticamente,  Roger Waters, en la frase que más se parece a un estribillo, dentro de esta poética canción. Ésta misma rememora sensaciones orientales, con hipótesis de los oyentes sobre suicidios de pilotos chocando con estrellas o también de la fusión del alma con el astro rey y demás desfiles de misticismos y espiritualidades, lo cual no hay tiempo de analizar todo aquí. “Set the controls fot the heart of the sun” supone una de las escasas veces donde Barret, Gilmour, Waters, Mason y Wright, tocaron juntos como quinteto y ésto sucedió durante un LP de considerable calado e innovación como es Saucerful of Secrets (1968). Tras la baja definitiva del primero, los otros cuatro intérpretes seguirían desarrollando y exprimiendo la infinidad de direcciones, probaturas y aperturas sonoras que les había legado, sugerido, contagiado e indicado el propio Syd Barret pero ¿y si éste no hubiera enfermado y hubiera podido permanecer en la banda? ¿A qué rarísimas y lejanas tierras alucinógenas hubieran arribado, entonces, si Pink Floyd hubieran seguido como pentágono sonoro en los años 70?…

10 – DOGS

Con la animalesca Rebelión en la Granja de George Orwell como novela de cabecera, sobrevinieron los proyectiles sociológicos de Roger Waters hacia los altos ejecutivos que para ascender en el escalafón, primero ofrecen una cuidada imagen falsa para apuñalarte brutalmente después, aplicándoles Waters la metafóra perruna, efectivamente. Al final del texto comentado, éste alude en que, a la larga, dichos malévolos cánidos se devorarán mutuamente, de manera implacable. Soberana, excepcional, maestra y perfecta interpretación técnica de la banda acerca esta extensa aventura auditiva que es “Dogs”(1977), ya que suponen 17 enérgicos minutos de rock progresivo, donde el ameno ritmo de la tonada jamás decae.

La música de Pink Floyd siempre se desarrolló como rara y anti-comercial pero es tan asombrosamente cualitativa que ha triunfado, con plenitud, entre muchos tipos de audiencias.

El propio Waters expresó, en una entrevista, durante los años 70: “El sentimiento que le produzcas al oyente: eso es todo lo que importa”.

9 – TIME

Rock sinfónico algo más estilizado y controlado que en periodos anteriores, ventas multimillonarias y reconocimiento mundial fue lo que se desató, en 1973, con The Dark Side of the Moon. El obsesivamente relojero inicio de la célebre “Time” (un sonido registrado por el  prestigioso ingeniero Alan Parsons en una tienda de antigüedades), da paso a una reflexión cantada por David Gilmour acerca de lo desesperante que es la inexorabilidad del tiempo y la importancia de aprovechar el mismo. Aunque la música la firma todo el cuarteto, la letra fue escrita por  Roger Waters, el cual comenzó, desde aquí, a vislumbrar sus intenciones de imponer sus propios conceptos a los demás componentes de Pink Floyd. Por otro lado, llevar adelante este corte en el estudio requirió de una extrema dificultad técnica…

8- PIGS

Políticos como Margaret Thatcher (líder de la oposición en Gran Bretaña, en aquel momento de 1977) o defensoras de la más amordazadora censura como la activista ultra-conservadora Mary Whitehouse (¡incluso  hubo declaraciones anteriores de ella contra Pink Floyd!) parecen salir malparadas en “Pigs”, todo ello “cortesía” de Roger Waters. Éste critica, en el devastador texto, a la gente del poder establecido (empresarios, estadistas o eclesiásticos) que se lucran como cerdos desde su pedestal,  que alientan a los traicioneros “perros” a seguir el mismo camino y que oprimen y explotan a los rebaños de “ovejas” (la gente corriente): “Hombre grande, hombre-cerdo, ja ja, eres una farsa. Tú, pez gordo ricachón, ja ja, eres una farsa”, expresa de entrada la punzante y explosiva narración. La propia canción “Sheep”, del LP Animals de 1977, representa luego la rebelión contra este status citado. En consecuencia, que la temática general de aquella apuesta era una oda contra el capitalismo, conducida por el propio bajista Waters.

Es éste un año 1977, en que los Pink Floyd  también contemplaron la posibilidad de disolverse debido a la voluminosa presión del éxito y todo lo que ello conlleva: una discográfica EMI a favor de de aprovechar el tirón comercial, incansables emisoras desgastadoras de sus singles y un cada vez más desbordante número de fans de todas clases. Nada era ya como en el inicial 1967 y ya no cabía la posibilidad de retorno. Quizás todo ésto pudo influir a que con el propio álbum “animalesco”, el mítico conjunto británico se decantara por un sonido algo más enrabietado y no tan sosegado como en anteriores LPs. Un apunte, ¿hay alguien cuya memoria no recuerde al desmesurado gorrino volador de la gira “pinkfloydiana” de 1977?

7– MONEY

La decisiva intervención del histórico ingeniero Alan Parsons introduciendo el machacón pero seductor sonido de la caja registradora y demás efectos superpuestos unos a otros, dentro de la pegadiza e intachable “Money”, ayudaron a que el LP The Dark Side of the Moon, con 45 millones de copias, sea uno de los tres albumes más vendidos de siempre por cualquier artista, curiosamente. La sarcástica letra de este legendario e imperecedero corte trata, naturalmente, del persuasivo efecto de Don Dinero para corromper a la gente. “Todos estamos agarrados por las trampas sobre las que escribe Roger Waters” declaró en una ocasión David Gilmour. Consecuentemente, este agudo texto relata, entre otros versos: “El dinero es un crimen. Compartidlo justamente pero no toquéis ni una sola rebanada de mi pastel. //  El dinero es la raiz de toda maldad, hoy día, pero si demandas un aumento de sueldo no será ninguna novedad que no te lo den”.

Aquel 1973, a través “El lado oculto de la luna”, fue el año de la conquista de Estados Unidos por parte de los Floyd, cuando en aquel país no les habían prestado demasiada atención hasta entonces.

6 – WISH YOU WERE HERE

La canción-título de 1975 “Desearía que estuvieras aquí” hace referencia a Syd Barret y le homenajea a través de un cautivador y algo hermético poema, el cual es posible que  trate sobre la propia lucha interna sobre lo real y lo imaginario por parte del propio ex-miembro fundador de Pink Floyd. El texto arranca así: “Piensas que puedes distinguir el cielo del infierno, los firmamentos azules del dolor…” y una serie cuestiones sobre elecciones existenciales que, tal vez, también puedan ir dirigidas a cada uno de nosotros (el inteligente Roger Waters siempre sugiriendo cosas por vía indirecta). La suave, nostálgica y sureña guitarra acústica junto con el “slide” de la segunda más bluesera de  David Gilmour, nos transporta a un planteamiento más sencillo de lo habitual en el combo pero realmente convincente y universal. Tanto es el alcance de este bonita melodía que músicos tan dispares entre sí como Andrés Calamaro, Tangerine Dream, Guns and Roses, Europe, Alpha Blondy, Gov’t Mule, Limp Bizkit o Radiohead, entre otros muchos, han versionado este conocido tema e incluso infinidad de músicos anónimos lo siguen tocando sin cesar, por la calle.  El sonido Floyd es inoxidable y nunca cansa, por lo tanto.

En concreto, el LP Wish You Were Here despachó 13 millones de copias (lo apunto solo como dato objetivo y no como lo que más importa), aunque no es oro todo lo que reluce: en aquel 1975 dentro del ambiente interno de Pink Floyd comenzaron a multiplicarse los desacuerdos artísticos entre sus componentes…

5 – POWER H. TOC R.

En aquel año-madre de la psicodelia, 1967, Pink Floyd facturaron la obra más rompedora y extravagante de aquel instante con The Piper at the Gates of Dawn. Según Nick Mason, mientras grababan este tema, en otra sala de los estudios Abbey Road los Beatles trabajaban en el Sgt. Peppers y su canción “Lovely Rita”. El propio Paul McCartney quedó deslumbrado con aquel arriesgado debut de una prometedora y chiflada nave de Londres, capitaneada por aquel fascinante psiconauta, un tal Syd Barret. Podéis consultar este pasaje ampliado sobre ambas bandas, en otro artículo de Muzikalia, de 2013.

Una de aquellas extrañísimas apuestas de  experimental rock-jazz, tocado adrede algo fuera de compás, fue precisamente este impagable paraíso psicotrópico que es “Pow H. Toc R.”, donde el onomatopéyico y efectista arranque vocal de Barret y Waters, “Pom pom pom ssssh ssssh, oink, oink, oink, uuuh uuuuuuh, toi, toi, toi, toi”, ya por sí solo derribó todos los conceptos clásicos del rock inglés que existían en esos instantes. La revolución del ácido había iniciado su abordaje y por ejemplo, la amenazante y boscosa “Interstellar Overdrive” sería otra de esas puntas de lanza del decisivo año 67…

4 – ANOTHER BRICK ON THE WALL (Part 2)

El total desmadre y la decadencia artística comenzaron a fraguarse, lentamente, cuando Roger Waters intentó acabar de imponer a los demás su jefatura absolutista y sus cada vez más retorcidas y obsesivas ideas musicales y escénicas con el propio The Wall (1979): un disco y una posterior gira de leyenda, para bien o para mal. Fueron hasta 23 los pequeños colegiales que participaron en el impresionante coro del popular e hiper-radiado tema sobre una educación escolar opresiva, “Otro ladrillo en el muro (parte 2)”, donde Roger Waters y David Gilmour añadieron luego sus partes vocales, en el estudio. Fue ésta época donde ambos titanes del rock se llevaban cada vez peor dentro de su enconada rivalidad creativa y donde, también el propio bajista de Surrey excluyó al tecladista Rick Wright como engranaje oficial de la banda.

De tal modo, la armonía se desplomó, ya completamente, en la familia Pink Floyd durante la muy sofisticada y ambiciosísima gira de 1980 y 1981, la cual, por cierto, señalizó un antes y un después en la pomposidad de los espectáculos rock. De todos modos y como aspecto positivo para la banda, este single “ladrillero” consiguió el nº1 en Inglaterra y 1 millón de copias vendidas, a primeros del año 80, a los dos meses de editarse; con un total de 33 millones en su haber para el LP  “El muro”. Pink Floyd  ya aquí parecía haber alcanzado el máximo de revoluciones de su potentísimo vehículo…

3 – ECHOES

“Aerolíneas Espaciales Pink Floyd” al servicio del cliente más extremadamente exigente. Estos cuatro obstinados científicos del compás edificaron una de sus más envolventes, catedralicias y seductoras piezas con “Echoes” (1971), encuadrada ésta en el álbum Meddle. Y es que Mason, Wright, Gilmour y Waters eran unos verdaderos Isaac Asimov del rock and roll. El solitario “goteo” que inicia el tema (ese “cling, cling, cling”, vaya) le surgió, de casualidad, al propio Richard Wright probando un piano filtrado con un amplificador. El más que logrado clímax melancólico general es, sobre todo, obra del mago de las seis cuerdas David Gilmour. Una de las interpretaciones sobre la letra  podría ser la evolución humana y la pacífica armonía entre los miles de millones de socios de este club gigante llamado Tierra, dentro de los musicados 23 minutos. Sin embargo, los párrafos contienen tal carga de reposada poesía y de sugestivo misticismo que es complicado de desentrañar su significado con exactitud: “Un eco de un tiempo distante llega a través de la arena y todo es verde y submarino…” 

2 – ASTRONOMY DOMINE

Mi compañero Fidel Oltra y yo ya habíamos hablado de esta misma canción en otros artículos anteriores de Muzikalia. Es con canciones como la inspirada, hermética y futurista “Astronomy domine” (“Señor de los astros”), donde el combo cimentó su reputación de hermanamiento con el riesgo y donde los cuatro magníficos se alzaron como los máximos impulsores del lanzamiento de la psicodelia a nivel planetario, en 1967. Aquella alucinación galáctica de los Floyd (con ayuda del megáfono de su manager Peter Jenner) suponía un “Art Rock” sin cadenas y sin pretensiones mercadotécnicas, dentro de la franja temporal más áurea del pop británico.

Pasmosos e irrepetibles regalos efectistas fueron los que nos ofrecieron los dioses de la escena “underground” británica, del año 67: Syd Barret (absoluto motor y pionero que contagió a los otros tres su imprevisibilidad expresiva), Nick Mason (batería de elevada precisión), Roger Waters (bajista ultra-sofisticado e inquieto por naturaleza) y Rick Wright (siempre el arma secreta desde detrás de sus imaginativos teclados); todo ello hace ya más de 50 años.

1 – SHINE ON YOU, CRAZY DIAMOND

Tensa, elegante, recóndita, entristecida, impetuosa y muchas más sustanciosas interioridades, todas al únisono, es esta canción, en mi opinión; donde despunta la siempre sabia y admirable guitarra de David Gilmour. Recuperamos, una vez más, la leyenda  de cuando se presentó, sorpresivamente, Syd Barret en las sesiones del magno álbum Wish You Were Here, de 1975, y al principio nadie le reconoció debido al cambio radical respecto a su aspecto, desde 1967. Cuando todos, finalmente, adivinaron quien era y quedaron impactados dentro del estudio de grabación, un confuso Barret les dijo sobre la proeza musical de casi 26 minutos que es “Shine on You, Crazy Diamond”: “Suena un poco anticuada ¿no?” y preguntó él luego sobre incluir una parte de guitarra suya, con la consiguiente reacción compasiva de los demás. Tras este capítulo, Barret se esfumó y el resto de los “floyds” no lo volvieron a ver nunca más; donde ya su primera larga ausencia, desde 1968, siempre había pesado mucho en el ánimo y en el ánima de Gilmour, Waters, Wright y Mason.

Esta magistral “suite”  fue re-grabada una y otra vez para alcanzar esas multiples e hipnotizantes fases (hasta 9 en total) y  también se halla, con toda probabilidad, dedicada al propio Syd en particular, algo que Roger Waters siempre confirmó totalmente. Algunas iniciales del título de la propia canción como son “S.Y. D.”, podrían ser una de las pistas textuales sobre el destinatario de esta colosal melodía, la cual evoca a la amistad extraviada, además de la culpa y el arrepentimiento por ello. Sin embargo no hay que preocuparse: el diamante loco brillará por toda la eternidad.

7 comentarios sobre “Las 15 mejores canciones de Pink Floyd

  • el 6 Septiembre, 2019 a las 8:48 am
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    Interesante listado. Son tantas que realmente es complicado acotar tanto, pero todas ellas me gustan. Quizá echo en falta alguna otra, pero esto es como las alineaciones de fútol, que cada uno tenemos la nuestra

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  • el 6 Septiembre, 2019 a las 2:19 pm
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    Un ranking valiente. Adoro cada disco de Pink Floyd y no coincido pero me parece una selección muy acertada y personal. Ánimo a cualquiera que tenga a tiro a Roger Waters en directo a que le vea. Vigencia absoluta.

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  • el 6 Septiembre, 2019 a las 6:47 pm
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    lo mejor lejos de toda la musica extraordinario que sigan prosperando

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  • el 7 Septiembre, 2019 a las 1:45 pm
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    Muy agradecido a Txus Iglesias y a Muzikalia por la selección planteada, muy equilibrada y de impecable calidad (siempre todos tenemos una alineación personal de temas, pero la presente ya es muy representativa y consistente) sobre la obra de Pink Floyd. Cualquier efeméride es buena para revisitar la obra de tan gran banda, y agradecido también por anécdotas y comentarios que desconocía. Un cordial saludo.

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  • el 7 Septiembre, 2019 a las 7:21 pm
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    En este tipo de artículos el orden de las canciones es casi anecdótico, pero he de decir que estoy muy de acuerdo con mi compañero Txus con poner “Shine on you crazy diamond” en el número 1, aunque por otra parte echo en falta uno de los mejores solos de guitarra no solo de los Floyd sino de la historia, el de “Comfortably numb”. Pero, como digo, lo de menos aquí es el listado y el orden, lo que importa es que Txus nos ha hecho un excelente repaso a la carrera de la banda. De hecho me han entrado ganas de repasar toda su discografía, y esa es una de las mejores cosas que pueden decirse de este tipo de artículos. ¡Enhorabuena, compañero!

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  • el 7 Septiembre, 2019 a las 9:55 pm
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    Muchas gracias a Julio, Edu, Galvarino, F. Xavier y Fidel por sus opiniones sobre mi artículo y por sus respetables aportaciones y propios pareceres sobre los míticos PINK FLOYD.
    Celebro que compartamos todos, aquí en MUZIKALIA, la música de esta increíble banda, aunque tengamos cada uno un ranking u otro. Efectivamente, se pueden añadir a esta clasificación muchos más extraordinarios temas de esta genial formación británica. 😉
    Saludos para todos los seguidores de los maestros Waters, Mason, Wright, Gilmour y Barret.

    Txus

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  • el 10 Septiembre, 2019 a las 5:11 pm
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    Un placer revisar de nuevo todas estas canciones.Estoy de acuerdo en muchas.
    Muy buen trabajo, gracias a Txus iglesias.

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