Libro: Teoría Black Metal. VV.AA. (Holobionte)
Ya desde el prólogo – excelente introducción a cargo de los editores del libro Oriol Rosell y Federico Fernández Giordano – se nos insta a pensar el black metal (BM a partir de ahora) desde él, o lo que es lo mismo, en esta compilación de ensayos publicado bajo el título de Teoría Black Metal (Holobionte, 2025) diversos autores/as proponen teorías para esculpir una ontología y una epistemología acerca de un estilo musical que parece que no pueda ser pensado ni teorizado, en gran medida porque estaríamos ante un oxímoron: BM y teoría filosófica parecen que no casen, ya que el primero busca la aniquilación de la razón y lo segundo proyecta una posibilidad de desentrañar los por qué de una subcultura que ha devenido, con los años, en una gran receptáculo de ideas con las que especular.
La Teoría Black Metal como tal surge gracias a la inquietud de intelectuales (algunos desde las tribunas académicas, otros desde la propia experiencia como músico) como Nicola Maquiandaro, Edia Connole o Timothy Morton, y de simposios (Hideous Gnosis en Brooklyn fue el precursor) en donde se ha ido reflexionando sobre las potenciales derivas filosóficas del género. Un estilo musical que propone un escenario de gran extrañeza colmado de marcos apocalípticos, de un tiempo enajenado, y que permite, como dice en uno de los escritos aquí contenidos, y firmado por Edia Connole bajo el título de La negrura soy yo, “[…] el black metal puede entenderse como un intento no filosófico por pensar filosóficamente el “mundo-sin-nosotros”…”. Esto tiene como antecedente las opiniones al respecto de Eugene Thacker, el cual creía que el BM poseía unas cualidades cósmicas en sí mismo ya que ontológicamente existe un “mundo en sí” y otro en el que nuestra presencia no es requerida, pero aún así podemos intervenir para pensar(lo) desde dentro.
En un recorrido por estos textos – por primera vez son traducidos al castellano – podemos observar que el BM es permeable a diferentes corrientes del pensamiento actual como el aceleracionismo, el xenofeminismo, o el realismo especulativo en el que se toma en cuenta los anclajes con los afectos que desborda los límites de la baja y alta cultura. Si el antecedente de todos estos sonidos es Black Sabbath (Masciandaro lo tiene claro), en la segunda ola del BM tenemos un escenario en apariencia idílico, Noruega, en donde surgen grupos como Mayhem y Burzum que, a la postre, se convirtieron en los garantes de una estética muy determinista y nada permeable a mutaciones. Grupos que en su agencia, como expone Juliet Forshaw en su pieza “El antagonismo en el Metal: apuntes sobre Hideous Gnosis”, parten de los antagonismos y la negatividad, y cuyo desplazamiento disruptivo que insta a crear ese “límite extremo” a la manera expuesta por George Bataille. Un límite que viene dado por una estética visceral, rituales de sacrificio, religión pagana, y un ir en contra de cualquier razonabilidad.
Pero en la tercera ola del BM surgen grupos tales como Liturgy o Wolves In The Throne Room que apuestan por posturas más positivas, en donde la luz y el amor habitan en consonancia. Timothy Morton ya lo deja claro en su texto “En la orilla del estanque brumoso de la muerte” al dejar constancia de que estos grupos crean hiperobjectos (manera de denominar la concomitancia o relaciones entre humanos y no-humanos “dentro de los discursos del racionalismo, el empirismo y la ciencia”) que permiten una relación con lo desconocido al estar condenados a un presente perpetuo. Estas bandas se intentan conexionar con un “otro-mundo” salpicado de elementos indescriptibles, como esa naturaleza abrupta e impregnada de brumas góticas, de la que se afanan en descifrar esos paisajes imaginarios en aras de mostrar una realidad que abruma y nos interpela. El antropoceno es un arma de destrucción masiva, y por eso Wolves In The Throne Room se posicionan políticamente en movimientos de defensa de la Tierra como Earth First! aunque los esencialistas del BM arqueen la ceja con asombro.
Muy interesante también es la visión de una artista trans dentro del género, y por ello resulta edificante el texto de Haela Ravenna Hunt-Hendrix, líder del grupo Liturgy. Ella narra su experiencia como artista que le ha gustado coquetear con diferentes géneros musicales (hardcore, electrónica, metal…), y de cómo quiso integrar todo esto en su discurso – más su enajenamiento ante una realidad que no entendía – en su música. La importancia de Liturgy radica en la hibridación estilística y en las maneras de ejecutar esa música (la tímbrica de la batería sería distinta), para de esta forma abrir nuevos caminos en el BM.
Llegados a este punto, cabe señalar la audacia de Holobionte en publicar estos textos que dan cabida a (re)pensar un género musical del que, al menos quien esto escribe, relacionaba con una estética y una formulación simbólica de variantes muy acotados. Tras la lectura uno llega a la conclusión que el pensar en el BM depara insospechados vínculos con corrientes del pensamiento posmoderno que se abren una múltiples posibilidades de razonamiento.
Puedes comprar el libro Teoría Black Metal. VV.AA. (Holobionte) en la web de su editorial.