Nudozurdo + Velocista – Wah-Wah Club (Valencia)

Después de demasiados meses reclamando la presencia de Nudozurdo en Valencia, uno de los mejores grupos del año y la mejor noticia de 2008 en el panorama nacional visitó “la ciudad de la luz y las flores” para apagar las farolas a pedradas y teñir las flores de negro. Como preámbulo, el grupo local Velocista presentó sus credenciales poniendo en escena las melodías de su joven demo, Lo Indecible del Espanto; un amable aperitivo antes del plato fuerte de la noche.
Imparable. Intocable. Así es la propuesta de Nudozurdo. No hay vuelta de hoja. Puedes resistirte, pero si su directo te pilla por delante no tienes salida ni escapatoria de ningún tipo. Tu única opción va a ser la de rendirte y dejarte guiar por ese tipo espigado que fija su mirada en el horizonte mientras habla del hijo de Dios y de bidones llenos de sangre. Él y los tres escoltas que le acompañan ahí arriba serán los anfitriones de un viaje del que saldrás empapado y preguntándote dónde has estado para volver tú solo. Pero no podrás.

No sin Leopoldo Mateos. Verlo cenar en la calle media hora antes del concierto junto al resto de Nudozurdo podría convertirlo, a través del ojo ajeno, en alguien normal. Sin embargo, alguien corriente no sería capaz de conseguir que una sala casi llena se reservara una habitación en el infierno sólo para acompañarle en el grito de “yo soy el hijo de Dios”. No es de extrañar que, catártico, Leo lanzara entre dientes un “yo también soy el hijo de Dios” que se perdió entre el ruido y la apoteosis final de la canción.

Aunque siempre hay quien quiere muy poco a la música. Los parloteos maleducados de una parte mínima (pero bastante molesta) de espectadores estuvieron a punto de estropear, por ejemplo, el primer regalo de Nudozurdo a sus seguidores; la que “de momento” se llama “Contigo o sin ti” abrió la sesión y formará parte del próximo disco de los madrileños, según nos contó el propio Leo al final del concierto. Al aplacarse el ruido, Jorge (batería) estaba en lo cierto: a partir del segundo tema no hubo tiempo ni lugar para las conversaciones. Todo el espacio lo ocupaba Nudozurdo.

Desde el otro lado del escenario, el carisma casi mesiánico de Leo era indudable. Como también la solvencia de César con la guitarra, la fuerza de Jorge en la batería, y la entrega y el saber hacer de Meta al bajo. Juntos llevaban a “Mil espejos” a otra dimensión, una en la que se desarrollaría el resto del concierto y que desde luego distaba mucho de ser algo tan terrenal como una sala de conciertos. En ella se celebraron con especial fulgor las apocalípticas “Kamikaze” y “El hijo de Dios”, así como la desesperada “Ha sido divertido”, todas de su segundo disco. A la mayoría de temas de Sintética, los de Alpedrete les sumaron composiciones de su imprescindible debut como la sobrenatural “Ilumina tu cuerpo”, las emocionantes “Hasta que acaben por confundirnos” y “Lo que querías ser”, y una inquietante versión de “Utilízame” que Leo interpretó sin pronunciar el título una sola vez.

Nudozurdo se suben al escenario con la profesionalidad de un asesino a sueldo. Leo, imperial, ejecuta el mandato con eficacia milimétrica y aprieta el gatillo después de que el resto del equipo haya preparado el escenario a conciencia. Y no fallan. La sensación de superioridad que destilan en vivo es tan insultante que parecen estar por encima de todo; les da lo mismo frío que caliente, ellos están ahí para llevarte por una autopista sin luces a 220 km por hora, y es lo que van a hacer. A Valencia llegaron para dar un concierto y se fueron habiendo dejado una exhibición. Gracias.

Y si servidor ha sido demasiado visceral en esta crónica, lo siento es lo único que puede decir.

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