The Libertines – Anthem of the Doomed Youth (Universal)

Es de sobra conocido por todos que desde las Islas Británicas y en especial desde la redacción del NME siempre han gustado de vendernos año tras año a los nuevos Beatles, Stimth, Oasis, etc. la mayoría de esos grupos no suelen pasar de banda aceptable, pero hay que reconocer que cada cierto tiempo aparecen algunos de ellos con una calidad envidiable y con algo que aportar (y exportar) al mundo musical. El caso de The Libertines corresponde más a lo segundo que a lo primero, canciones sencillas, melodías pegadizas, buenas letras y halo de misterio envolviendo a sus componentes. Consiguieron sobrevivir a un muy buen primer disco con un segundo trabajo bastante más que aceptable y, aún de forma más sorprendente, han conseguido sobrevivir a ellos mismos, cosa que parecía improbable.

Siempre ha dado la impresión de que el grupo es una prolongación de la vida de sus dos principales artífices (Carl Barat y Pete Doherty), y quizás ahí radica parte del encanto del mismo. Las canciones de Libertines siempre se han caracterizado por cierta urgencia punk (no necesariamente traducida en velocidad), tanto en lo musical como en el mensaje de las mismas, diera la impresión de que están deseando empezar para poder acabar, se desprende una necesidad por huir, por vivir rápido y morir pronto que es la que consigue que hagamos nuestras estas canciones, ese anhelo que queda en nosotros más de una mañana al tomar el café y que nos hace preguntarnos si no sería mejor una vida así, sin preocuparnos de nada más que de correr, disfrutar y dejar, con suerte, un recuerdo en alguien.

Divagaciones a parte, centrándonos en Anthem of the Doomed Youth título, por cierto, sacado de un poema de Wilfred Owen, podemos decir que el disco sigue las pautas antes mencionadas, con pequeños cambios pero mismo sonido Libertines y eso es buena noticia. Seguimos viendo esa urgencia de la que antes hablábamos  como hilo conductor del disco, aunque la parte central del mismo sea algo reposada. Las melodías tan características, esa cierta sencillez en la estructura de las canciones, todo lo que una vez hizo que nos fijáramos en ellos, todo sigue ahí. Los temas de las canciones mantienen su filosofía clásica: amor, drogas, fiesta, peleas, y superación  de todo lo anterior,  alcanzando un nivel bastante alto durante todo el álbum, algo que sigue siendo de agradecer.

El disco arranca con “Barbarians” a la que sigue “Gunga Din”, ambas con patrones tradicionales del sonido de la formación, pero añadiendo unos toques reggae a la manera de los Clash o los Specials, que aportan un toque de distinción a su música, en mi opinión bastante acertado, quizás sean dos de las mejores canciones de todo el álbum. El disco sigue con “Fame and Fortune” y “Anthem for a Doomed Youth”, ambas con el corte clásico y recordando el pasado del grupo “we thought that they were brothers Then they half-murdered each other Then they did a karaoke turn And murdered our best song” Realmente inspirados en esos versos.

El trabajo continúa con “You´re my Waterloo”, una antigua canción que solían tocar en sus directos antes de la separación y que ahora han recuperado. Otro punto alto  del disco, con una letra que habla sobre la relación entre Carl y Pete, bastante afortunada también “you are the only lover I had who ever slept with a knife” se le escucha cantar a Doherty. El problema que quizás acusa el álbum, es que a “You´re my Waterloo” le sigue “Belly of the Beast” y después “Iceman”, la primera, una canción que aporta poco y la segunda otra canción interesante sobre el rechazo a su vida anterior “Don´t spend your time in the haze with the Iceman” pero con un tempo también muy lento  que quizás resienta demasiado el ritmo del disco. Quizás el haber puesto estas canciones más espaciadas le hubiera dado algo más de empaque al disco, que por momentos parece perder fuerza en el tramo medio del mismo.

No obstante el grupo se desquita volviendo a pisar el acelerador en la recta final con “Heart of the Matter” y “Fury of Chonburi” dos canciones cortas rápidas que funcionan bien, el medio tiempo “The Milkman´s Horse” con un bonito estribillo cantado a coro, dejando dos de las mejores para el final: “Glasgow Coma Scale Blues” muy en la línea de “Can´t Stand me Now”, para terminar con la oscura” Dead for Love” “Your only rule: Stay Alive” comienzan cantando en esta escabrosa balada con piano, que acaba enloqueciendo al final.

En definitiva The Libertines han pasado el examen con buena nota, quizás Anthem for Doomed Youth esté un escalón por debajo de Ups the Bracket y le falte alguna canción tan insignia como las que contenía su disco homónimo de 2004, pero nos han sorprendido con un disco mejor de lo que nos esperábamos, y nosotros encantados que estamos de tenerlos de vuelta. Un brindis por ellos.

 

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