The Secret Society – OCCC (Octubre Centre de Cultura Contemporània) (Valencia)

Desde finales del año pasado Pepo Márquez se ha recorrido intermitentemente el país presentando las canciones de I Am Becoming What I Hate The Most (Acuarela Discos). Sin embargo, ni en solitario ni acompañado (con Long Winters primero y Low después), los seguidores de The Secret Society en Valencia habían tenido la oportunidad de ver la defensa en directo del segundo disco del madrileño.

Más de medio año después, y superando las trabas del destino en forma de trenes que literalmente se escapan, Pepo aterrizaba en Valencia con el tiempo justo para cumplir con el horario de su concierto en el OCCC. Solo en el escenario, detrás de él únicamente quedaba la funda de su guitarra, todavía con la pegatina de la facturación en el aeropuerto fusionada con las demás (entre ellas, una de Fugazi); delante, unas 30 personas. “Voy a empezar con una canción que no es mía”; el tema que abrió el concierto fue una emocionante versión de “Waltz #2”, del desaparecido Elliott Smith.

A lo largo de la más de hora y media que duró el concierto, Pepo interpretó la mayoría de su breve pero intenso repertorio discográfico. Así, el setlist del recital (que admitió sugerencias del público) se completó tanto con temas de su último disco como de los de aquel genial Sad Boys Dance When No One´s Watching (Acuarela Discos, 2005). La espectacular transformación de “City Lights” y la interpretación de “Did you ever feel ridiculously sad?” se batieron en secreto por el título del mejor momento del repertorio.

Además, quiso premiar a los que acudieron al salón de actos del Centro Cultural Octubre. Y, para un fan, no hay mejor premio que una buena dosis de material inédito; pudimos escuchar una de sus nuevas canciones (que, por cierto, pinta bastante bien), así como un tema experimental a partir de un ritmo jamaicano de los años 30 y otro precioso de corte veneciano con el que se despidió por primera vez. En esa primera entrega cabe destacar también la versión de una canción de Ani DiFranco que el madrileño hizo junto a las butacas.

Al final, salvando los despistes de memoria con entrega y saber hacer, ofreció un muy buen concierto gracias a la calidad de sus canciones, el diálogo constante con el público (algo despistado por la cercanía del madrileño) y los experimentos de la Sociedad Secreta (en una canción llegó a golpear, botellín de agua en mano, su guitarra con el lema de “Bomb the past”). Pepo cerró la noche dejando un muy buen sabor de boca, tanto que tuvo que volver para ofrecer, entre otras, una versión enorme de la inquietante “Diane” de Hüsker Dü.

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