The Zombies – Sala El Loco (Valencia)

Desde el mismo momento en el que terminó el concierto he estado pensando mucho acerca del modo de afrontar esta crónica. ¿Con el corazón, o con la cabeza? ¿Dejándome llevar por la subjetividad o siendo objetivo? ¿Le doy voz al fan que se lo pasó genial durante todo el concierto, o al crítico que no dejaba de pensar en que aquello se aguantaba por los pelos y tenía bastante de irreal? Para colmo lo primero que se estropeó a lo largo de la noche fue mi cámara, y ese es el motivo por el que esta crónica, por primera vez desde que escribo por aquí, no la puedo acompañar con fotos.

La reunión de los míticos The Zombies, como muchas otras similares, presenta una doble vertiente que no puede obviarse. Por un lado está la nostalgia, falsa consejera y pertinaz nubladora de los sentidos; por otro lado, tal vez algo más oculta, está la siempre temible y muchas veces ceniza realidad. Y la realidad es que Colin Blunstone tiene ya 65 años y su voz, aunque mantiene la potencia de siempre, ha perdido casi por completo sus matices. Conserva la fuerza, pero llegaba a la cumbre a base de gritar mucho, y en los supuestos falsetes o tonos bajos desaparecía por completo tras el sonido de los instrumentos. Tal vez viniese castigado del concierto en Barcelona la noche anterior, es difícil de saber. Puede que con más días de descanso los siguientes conciertos sean técnicamente más perfectos, pronto saldremos de dudas.

Lo que no puede negarse es la emoción que supone ver en directo a la banda que en los 60 pudo codearse con los Beatles o los Stones si hubiese tenido más suerte. Impresiona tener a pocos metros a los creadores de “Time of the season”, que sonó casi perfecta y enloqueció a la sala. En esta gira sólo podemos ver a Blunstone al micrófono y a Rod Argent tras los teclados, aunque no pasa desapercibida la presencia del bajista Jim Rodford, otro mito que ha pasado en diferentes épocas por los Animals, los Kinks o por el propio y homónimo grupo de Argent. Completan la formación de esta gira el hijo de Rodford, Steve, a la batería, y el recién incorporado guitarrista Tom Toomey que acabaría siendo el protagonista del momento más emotivo de la velada.

Los renovados Zombies no sólo viven del pasado, así que empezaron el concierto presentando canción nueva (“Let it go”) con tan solo Argent y Blunstone sobre el escenario. Tras dos o tres temas, uno de ellos “I don’t believe in miracles” (single de Blunstone en solitario, allá por 1972), salió la banda al completo para atacar la muy celebrada en directo “I love you”. Estos primeros compases del concierto sirvieron para recordar canciones de las diferentes épocas y formaciones por las que han pasado cantante y teclista, de forma que pudimos escuchar, además del single de Blunstone mencionado antes, “Mystified” y “Sanctuary” del disco que grabaron a dos manos en 2001. En cualquier caso el primer momento culminante llegó con “I love you” cuya historia se encargó de recordar un Argent muy hablador durante toda la noche y que alargó quizás excesivamente las presentaciones y explicaciones de casi todos los temas. A esas alturas ya era obvio que Blunstone sufría con las notas más altas y que Rod Argent, en plena forma instrumental y también vocal, sigue siendo el alma de la formación.

El ecuador del concierto estuvo dedicado a su mítico disco Odessey and oracle (1968), el canto de cisne del grupo en los 60. Tras otra larguísima introducción de Argent, explicando como el disco fracasó en su momento y que Paul Weller fue el primero en reivindicarlo en los 80, sonaron seguidas “A rose for Emily”, “Care of cell 44”, “Beechwood Park”, “I want her she wants me”, “This will be our year” y la grandiosa “Time of the season”, con espectacular trabajo de Argent con el teclado. Solo por esas seis canciones valía la pena estar allí, aunque personalmente eché mucho de menos “Friend of mine” o “Maybe after he’s gone”.

A partir de ahí el público, al menos los que estaban allí para atender al concierto, estaba ya entregadísimo. El himno adolescente “Tell her no” hizo mover la cabeza a más de uno, y el “Hold your head up” de Argent sonó impresionante, brutal, psicodelia pura. Pero si tengo que elegir el momento de máxima emoción de la noche, y pienso que muchos de los que estaban en primera fila estarán de acuerdo conmigo, escogería una canción que para muchos pasó casi desapercibida: la exquisita “Old and wise”, de Alan Parsons Project, a la que Blunstone puso voz a principios de los 80. Para quien no la conozca, la canción original termina con un largo solo de saxo muy de la época, pero como no había saxofonista fue Tom quien se puso manos a la obra con su guitarra. En primera fila había un señor muy mayor, sentado, aparentemente en silla de ruedas. No se movía ni hablaba, pero atendía perfectamente a todo lo que sucedía en el escenario. El guitarrista estaba justo ante él y había reparado en su presencia, haciéndole numerosos guiños durante toda la noche. Cuando llegó el solo final de “Old and wise” Tom se dirigió hacia el hombre y lo interpretó prácticamente para él, mientras el abrumado anciano levantaba una y otra vez la mano izquierda con el pulgar hacia arriba, sin articular palabra y apenas esbozando una sonrisa. Así durante unos minutos en los que toda la gente de las primeras filas nos quedamos sin habla, con la piel de gallina y alguna lagrimilla asomando a nuestros ojos.

Tras el momento lacrimógeno llegó el fin de fiesta con “She’s not there”, su primer gran éxito. Tras la canción hubo un amago de retirada, pero entre todos conseguimos obligarles a tocar una más. Y la elegida fue su versión de “Summertime” que, como Argent recordó, fue la primera canción que grabaron. El público de Valencia, siempre diferente, anárquico, especial y sorprendente, pasó en unos minutos de darle la espalda al escenario y hablar a gritos mientras sonaba “Old and wise” a cantar entera, en un murmullo casi espectral y sin equivocarse, la letra del clásico de Gershwin. Increíble final, tan mágico y surrealista como todo el concierto. Un concierto que para el crítico que esto firma resultó imperfecto, pero que como fan conservaré en el recuerdo durante toda mi vida.

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