Tindersticks + Thomas Belhom – Teatro Victoria Eugenia (San Sebastián)

Comenzó la noche un antiguo baterista de la banda Thomas Belhom, en una actuación multiinstrumental que liofilizó la electrónica, el blues, el jazz con un manto de aires desérticos, no en vano ha colaborado con Calexico y es parte de Amon Belhom Duo, grupo de Arizona, pero quizás el exceso de instrumentos y complementos musicales fueron una rémora en su actuación, ya que él sólo no podía cantar y atender los numerosos “detalles musicales” de su propuesta.
Aún así un perfecto entrante para el encuentro con los ingleses.

Si en el mismo escenario, una semana antes, vimos  una reinvención sin trasladar al directo las esencias y señas de identidad del artista, en el caso de Damien Jurado, Tindersticks  ofrecieron una demostración de cómo ser distintos a sus  inicios, pero guardando fidelidad absoluta a sus principios, elegancia, delicadeza, artesanía y exquisitez.

Lejos de sus arreglos orquestales que les hicieron grandes, mantienen el intimismo y la melaconlía en un nuevo trabajo, The Something Rain, que presentaron al completo y cuyas canciones se crecieron en el escenario donostiarra a lomos de una interpretación espectacular y la baritoniana voz de Stuart Staples en un excelente estado de forma. Comenzaron con un par de temas rescatados de álbumes anteriores y a partir del tercer tema y ya con su nuevo trabajo como base del concierto desgranaron un espectacular trabajo de orfebrería pop donde la pericia instrumental, los movimientos en escena, los cambios de instrumentos y hasta los silencios, estaban al servicio única y exclusivamente de las canciones.

Con “Chocolate” demostraron a dónde te pueden llevar con un  tema recitado por su teclista David Boutler, a medio camino entre el “Spoken Word” y una visión cinematográfica del mismo sin necesidad de pantalla alguna. Sus numerosas colaboraciones para bandas sonoras dejan su huella en el nuevo trabajo pero no olvidan  sus momentos de intensidad creciente como en “Frozen”. Intercalaron visitas a otros trabajos Simple Pleasure o Can Our Love…? sin hacer uso de sus temas más famosos, arriesgando con un repertorio orgánico, que no necesitó de ningún fuego de artificio ni de traca final para completar uno de los mejores conciertos que se les ha podido ver, quizás desde aquella gira con Arab Strap y que pasó por este mismo lugar.

Al final de “Cherry Blossoms” nos despertamos de una hora y cuarenta minutos de ensoñación elegante donde saboreamos cada sonido que salía del escenario y nos sentimos mimados por el grupo. Vuelta a la cruda realidad.

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