El vinilo ante los desafíos de las nuevas tecnologías y los oyentes randomizados

La venta de música en formato vinilo parece un fenómeno que resurge imparable en los últimos años. Resulta curioso que en plena era digital, el sonido analógico consolide y aumente su reducto mercantil, y en consecuencia sean cada vez más los compradores. Si echamos un vistazo a las estadísticas del primer semestre del 2017 confeccionadas por Promusicae (asociación que representa a la industria discográfica en España) se deja patente la notable variación al alza del formato vinilo entre 2016 y 2017: un aumento del 38% frente a la disminución del CD en un 2%. Por otro lado, estas estadísticas ilustran una dinámica imparable, y es el desafío del consumo de música para dispositivos móviles, o música en streaming. El contenido comprimido en mp3 es el signo de los tiempos, y el dardo envenenado que los consumidores lanzan a las discográficas.

La industria del disco viene desde hace años desmoronándose y poco queda ya de sus valores idiosincrásicos: estrellas de relumbrón que vendían cantidades ingentes de discos, sellos que tenían grandes estudios que ponían al servicio de productores que diseñaban sonidos que se revelaron históricos (Tamla Motown, Stax, o Abbey Road son ejemplos paradigmáticos), y sobretodo los canales de distribución y la gestión de la oferta/demanda era más fácil de controlar. Como bien dice el crítico musical Diego A. Manrique “la industria reserva su músculo para el lanzamiento de artistas juveniles, capaces de generar escándalos y espectáculo visual, carnaza para los medios generalistas, motivación para un público tierno, dispuesto a movilizarse y defender sus preferencias”, así pues el negocio del disco (en la actualidad, y progresivamente desde   principios de este siglo) se reserva para engatusar al público millennial; un activo joven que va (re)definiendo nuevos e inusitados espacios de socialización, consumo, y sensibilidad hacía el acto de escuchar u oír música.

Asistimos, en la actualidad, y gracias al acceso (casi) ilimitado a material audiovisual on line, al advenimiento de nuevas relaciones entre el consumidor y el producto[1], y la escenificación de espacios de conexión e (inter)actuación entre el oyente y la realidad. Sobre estos supuestos plantea algunas reflexiones George Yúdice, y cabe señalar lo que escribe sobre la experiencia cotidiana: “Un estudio etnográfico del uso del walkman reveló que los usuarios organizan y administran parte de su experiencia cotidiana mediante la selección y reproducción de música para acompañar labores, deportes y ejercicio, alcanzar estados de ánimo, evocar u olvidar recuerdos, suprimir los ruidos ambiente de la ciudad, evitar el contacto con otros y controlar el juego de miradas con ellos, y desde luego para disfrutar de los sonidos que lo instituyen a uno como sujeto”. De este breve párrafo que hace referencia, también, a un artilugio que hoy ya vemos desfasado como es el walkman, aparecen conceptos que servirán como eje para la búsqueda de información mediante las entrevistas que aquí se acompañan y forman parte del corpus analítico y cualitativo de la investigación. Por un lado Yúdice hace referencia a la gestión del tiempo, y es conveniente plantearse si las plataformas de música en streaming tipo Spotify (las cuales intercambian nuestros datos personales con otros servicios digitales, estamos vigilados a cada paso) selecciona por nosotros lo que tenemos que oír (que no escuchar detenidamente) cuando estamos estudiando, en el gimnasio, nos ponemos melancólicos o queremos estar “a la última”. El consumidor es consumido, y parece que el espacio intimo es un magma del todo homogéneo en el que se desdibujan sus contornos. Las empresas de la era digital instan a romper con el pasado y que nos aferremos al momento, por lo cual, intuyo, que el acto de escoger (nosotros, sin mediadores) el momento adecuado del día, sacar un disco, limpiarle el polvo, poner la aguja sobre sus surcos y escuchar mientras uno se deleita mirando la portada del disco tiene mucho de quijotesco, casi de acto de resistencia a que la historia se volatilice. ¿Un formato físico conserva la historia de cada uno de nosotros? ¿La destreza y la ingenuidad para aferrarse y conservar los dispositivos y formatos analógicos como el vinilo, son mecanismos para defendernos de la transitoriedad y banalización del acto de escuchar? A todos estos interrogantes que se plantearan en las entrevistas, cabe señalar que los servicios de descarga de archivos en streaming es un recurso que la industria del disco se ve obligada a recurrir para adaptarse al ritmo de vida contemporánea, y por otro lado esto revierte en pingües beneficios para dicha industria pero no para el artista. Sobre la problemática del abuso en tema royalties escribió el músico y escritor Damon Krukowski un espléndido artículo en la revista digital Pitchfork; en él afirma el guitarrista de Damon & Naomi que ¡hacía falta en Spotify 47.680 reproducciones de un single de Galaxie 500 (su antiguo grupo) para cobrar los mismos derechos de autor en calidad de compositor que por la venta de un elepé! Está claro que la comodidad de la escucha en streaming es innegable, pero ¿qué estamos perdiendo con la imposición de estos nuevos paradigmas?

Volvamos a Yúdice y el fragmento que transcribimos anteriormente. Dice que la escucha con dispositivos móviles nos suprime el ruido y nos aísla del mundo que nos rodea. El intento de la industria musical por depurar al máximo las frecuencias musicales aislando el ruido comenzó con la estandarización del CD en los 90; en la actualidad la música que consumimos sin formato está estudiada para “aislarnos” (escucha imprescindible con cascos y a máximo volumen), para desorientarnos auditivamente, no para mejorar la audición natural en estéreo que se pudiera hacer en la intimidad de una habitación. Esto converge en numerosos debates entre los que se aferran al formato y lo que no. Uno de estos debates, y que considero clave, es que mucho consumidor de música no es audiófilo, y por lo tanto no está dispuesto a pagar 25 euros por un disco, y prefiere con ese dinero pagarse una subscripción anual en una plataforma musical de descarga en su teléfono. ¿El formato vinilo es un nicho para los amantes de la exclusividad? ¿El aura del disco prevalece en tiempos de ligereza, comodidad, e inmediatez?. Frankie Pizá pulsó el estado de la cuestión en un artículo, y se preguntaba si las empresas o sellos al advertir este síntoma de “exclusividad” o “fetichización” en el subconsciente del consumidor de formatos, había desembocado en un incremento de los precios, un tanto abusivo en muchos casos. Explotar el objeto de deseo creando oyentes “next level” parece que excluye a gente en este selecto club. ¿Hay necesidad de comprarse costosos equipos de sonido para crear un espacio intimo de escucha adecuada y sociabilización si ya hay quienes ofertan miles de canciones a bajo coste?

Otro asunto importante a remarcar es si las ventas de vinilo realmente son tan destacables como para sustentar una pequeña tienda o la de gestionar un sello de edición en vinilo. En estos supuestos se intentará recabar datos para ver si ese “valor” en alza del vinilo permite que el negocio local subsista en plena aldea global, o sean pasto de peregrinaje para adeptos al formato físico que prefieren la comunicación directa con el/la dependiente/a de turno que puede ayudarlos, o el frío feedback con la tienda virtual que se erige en epítome de estos tiempos de aislacionismo global. Poner la aguja en el surco es un acto de rebeldía, o no.

Ilustración Víctor Fuentes

Para hablar sobre si el segmento de mercado dedicado al vinilo está, de alguna forma, “salvando” la agonizante industria del disco (pongamos “industria” entrecomillado porque como tal ya solo queda un mero simulacro), además de si el formato vinilo actúa como (auto)referente de clase social que jerarquiza a la sociedad, preguntamos a Antton Iturbe, periodista, forma parte del staff del festival música electrónica Mugako que se celebra en Vitoria-Gasteiz, escritor (artículista en la excelente publicación “El Agente Provocador” dirigida por Servando Rocha entre otras) y Dj, y a Javier Abad Esteve, capo del sello Pretty Olivia Records. Asimismo, con ellos intentamos dilucidar si términos como rito, fetiche, aura, sociabilización, exclusividad, forman parte de la jerga de los administradores del buen gusto adscrito a un formato que parece adornar las estanterías de tiendas cool validando, de esta manera, las teorías de Arthur Danto en las que un objeto común puede ser una obra de arte; también demuestra que lo retro y la nostalgia es moneda de cambio.

La primera entrevista, vía Skype, y desde EEUU, fue a Antton Iturbe:

Luis (L): Hola Antton, ¿qué tal?

Antton (A): Hola, ¿qué tal?

L: A partir de una evidencia estadística extraída por la asociación Promusicae, que es quien lleva todo el negocio de la música en España, en el último semestre del 2017 parece ser que la compra de vinilo ha aumentado en un 38% en detrimento de otros formatos que de alguna manera, hasta ahora, habían homogeneizado la industria como es el CD. Digamos que son unas estadísticas un poco engañosas porque luego la industria del vinilo no deja de ser bastante pequeña en comparación con la del CD. Son bastante significativas de que el vinilo está en auge.

A: Sí, sí

L: …al menos no ha desaparecido como formato, que parece que sea muy vintage pero está de moda, y hay gente que solo compra vinilo básicamente. Entonces la pregunta base, la pregunta de búsqueda de datos de este trabajo es: ¿A qué diversos motivos se debe que el formato vinilo, en la actualidad y en España, esté teniendo una eclosión de ventas imparable?. Lo he acotado a España porque, bueno, si nos pusiéramos a hablar a nivel mundial nos pueden dar aquí las uvas. Barajando estos datos de aumento de ventas un 38 %, y el streaming sí que se lleva la palma ya que domina el mercado, y de alguna manera la industria se ha tenido que adaptar a los equipos móviles, me gustaría saber si tú crees que el vinilo, o parte del mercado que representa el vinilo, está salvando la industria discográfica…¿qué te parece’

A: Hombre, no, no me parece que esté salvando a la industria discográfica en absoluto. Yo creo sinceramente que el 38% no dudo que sea un número correcto y que esté bien calculado, pero creo realmente que no representa nada. Es un 38% sobre lo que era una nimiedad, y ganar un 38% sobre si estas vendiendo 100 discos en toda España y ahora pasas a ser 3000 tampoco es nada, sigue sin ser nada. Sigue sin ser nada significante, ni nada que se le pueda llamar industria, ni nada parecido en mi opinión. La mayor parte de los vinilos creo que es una cosa muy underground, muy de cariño por el formato, o de amor al arte que nadie gana un duro ni vive realmente de eso; no se le puede llamar industria a eso. Creo que la industria discográfica como la entendíamos en los 80 o 90 basada en un formato físico ha desaparecido en absoluto, como industria, como industria que puede dar de vivir y puede dar de comer a muchas personas ha desaparecido, simplemente se ha convertido en algo…

L: Una entelequia…

A: Que le gusta a ciertas personas que compran ese formato, que les gusta consumir la música de esa manera. Quizás sí puede haber una pequeña parte, que no sé lo que representará, en las ventas del vinilo que son los grande nombres de la industria como pueden ser U2, Beyoncé, o este tipo de artistas que sacan formato vinilo que sí que tendrán unas ventas…reediciones de los Rolling Stones, AC/DC, los súper grandes, sí que hay una parte que se compra en vinilo y ahí quizás sí se le puede llamar industria y no sé lo que representa de ese 38 % ni del porcentaje total pero que eso es totalmente diferente a lo que te comentaba antes; es un sector del mercado que es otro mundo en el que hay mucha gente ahí que incluso compra vinilos sin ni siquiera escucharlos porque simplemente le ha entrado por los ojos esa moda, que sí que hay cierta moda, que responde a un impulso diferente. Hay dos mundos diferentes a la hora de comprar vinilos: el que te comentaba antes que viene de siempre, de la gente que hemos venido comprando CD’s y vinilos de toda la vida, que nos sigue gustando el formato, que tenemos un respeto por él […] hay una serie de historias detrás que quizás podamos analizar [se corta la comunicación vía Skype con EEUU]

[Después de unos minutos vuelve la conexión]

A: como que había dos partes, gente que venía de antes por ese respeto, por los que comprábamos vinilo en los años 80, 90, y luego hay otro mundo que se ha juntado ahora a esta moda del vinilo que puede ser esta gente que está comprando los vinilos de los grandes , lo que te comentaba de Beyoncé y U2 , reediciones de los Rolling Stones que creo que se ha juntado una moda que son de otras necesidades un poco de exclusividad, como quien se compra un coche de alta gama, ese rollo de alta gama pues compro vinilo, y luego no tengo ni tocadiscos para escucharlo.

L: claro, claro.

A: eso existe y mucha gente está en ese plan ahora, ese aire de exclusividad que no sé lo que va a durar…

L: En otra parte de la entrevista hago referencia a la fetichización del objeto que creo que es evidente en cierta forma. Pero ¿tú crees que el vinilo está viviendo una segunda juventud o es una cosa muy efímera?

A: no sé, no sé, no estoy seguro si es una cosa efímera…

L: porque lo que parece evidente es que tiendas como FNAC tienen muebles con vinilos que antes no estaban, en detrimento del formato CD. Yo por ejemplo en el FNAC de Barcelona, el de Plz Catalunya, antes tenían muchos muebles con CD’s y ahora los han quitado para poner los de vinilo. Es como curioso. Claro, ves eso y dices, ¡no sé lo que está pasando! y los datos estadísticos… , aunque puedan estar hinchados por la industria, si que es cierto que es un formato que entre cierto sector les está dando mucha vidilla.

A: Sí, sí, sí FNAC, El Corte Inglés, y grandes superficies están volviendo al vinilo, les están dando ese espacio al vinilo y yo soy el primero que me compro a veces en el FNAC o El Corte Inglés. No voy a renegar de ello, pero creo que en general ese mercado , ese mundo responde a ese segundo grupo que te comenté. La exclusividad de que me compro vinilo como que me puedo comprar la ropa de la marca tal , no sé, un aire de exclusividad que va a durar lo que va a durar, no sé cuánto. Eso lo veo efímero.

L: Y hablando de esa tendencia que sin remisión vamos hacia ella, el formato streaming con plataformas como Spotify, Deezer, que está haciendo que haya en la gente una aproximación del usuario hacia la música totalmente diferente a la que teníamos antes. Pero, esta fantasía del auge del vinilo, digamos que puede conservar algo de lo que quedaba de la industria del vinilo, por ejemplo de los 70 o 80 , o ya nos podemos ir olvidando de esta industria. Porque de lo que es la industria de los 70, que tenia cosas muy buenas, por ejemplo se forjaron sonidos emblemáticos como la Tamla . ¿Tú crees que se hace presagiar que la industria del disco no está muerta y puede hacer algo a favor de la música o realmente es una ilusión?

A: Jo, jo, no sé decirte Luis. Me temo que es una ilusión y que el verdadero camino de avance y de desarrollo de la música, la de crear nuevos sonidos, de crear nuevas posibilidades como el sonido y el arte en general va por el camino del streaming, nuevas tecnologías, y se va a desarrollar por ahí. Ahora bien, puede haber un pequeño recoveco a través del vinilo que también se puedan desarrollar cosas interesantes, no lo veo imposible. También puedan surgir posibilidades de cara al futuro, cosas interesantes a través del vinilo, de los sonidos del vinilo, de las posibilidades que ofrece el vinilo, sónicas digamos, que las tiene, y por ahí se pueda explorar algo. Pero siempre será algo muy minoritario, y para muy para iniciados, para el mundo de arte sonoro, y por ahí quizás.

L: Bueno, estos días me he estado leyendo el libro de Damon Krukowki, The New Analog que es un ensayo muy chulo sobre las diferencias del sonido analógico y digital, y bueno, yo no soy audiófilo, yo compro discos en vinilo pero no soy audiófilo ¿no? Pero la gente que defiende el vinilo en cuanto a sonido y tal lo defiende a capa y espada, como que el vinilo tiene un sonido muy peculiar ¿Tú que crees de qué particularidades halla un audiófilo en la escucha de un vinilo? Si hay algunas peculiaridades o es el tener el objeto en sí.

A: Pues soy un poco excepción personalmente. También soy comprador de vinilos, y ahí estoy contigo Luis, tampoco soy un gran audiófilo, admito que no sé diferenciar el sonido de un vinilo y el de un CD, ni prefiero especialmente uno sobre otro. Sí notas particularidades cuando pones un vinilo pero no soy un gran conocedor del tema, ni un gran audiófilo y tengo que reconocerlo. Cuando leo estas cosas, como el ensayo de Damon Krukowki, me interesa mucho lo que me cuentan pero yo personalmente no soy capaz de diferenciar demasiado. Lo admito con toda la sinceridad del mundo. Pero sigo comprando vinilos, y creo sinceramente que lo que me pasa con los vinilos, pero también me puede pasar con el CD, y es una especie de compromiso, adquiero un mayor compromiso con esa obra a la hora de escucharla y de hacerla mía de alguna manera. Esto no lo consigo con el streaming , quizás la generación de millennials lo consigue pero yo no, y eso que el servicio de streaming me parece muy útil y soy el primero que me apunto, pero yo ese compromiso con la obra, ¡ostia! me compro tu obra, la escucho, la hago mía, la valoro, el formato físico me da mucho más en ese aspecto. De hecho también hay mucho de ritual, escuchar el vinilo, de darle la vuelta, todo ese ritual…pero ya te digo, a nivel de compromiso, no tanto a nivel de cualidad sonora, ahí entro menos. Es más el tema de compromiso.

L: Damon Krukowki una de las cosas curiosas que dice es que en la era del streaming la gran industria ha cortado el ruido en la escucha. Es curioso porque el sonido en streaming es bastante estándar aunque yo no entiendo mucho de sonido. ¿Los nuevos y avanzados dispositivos de escucha hacen que escuchemos menos? ¿Tienes esa sensación? En la escucha te alimentas de diferentes sentidos no solo la escucha, sino también el tacto, la vista…El sonido en vinilo es más matizado, ¿tienes esa percepción?

A: Sí, ahí estoy de acuerdo . Tampoco sé teorizar ni analizar demasiado en este sentido pero cuando leo a Krukowki sí que me siento identificado, sí que creo que cuando escuchas un vinilo hay algo más, el ruido de fondo, esos matices, sí siento que hay algo más y me siento identificado. No es lo mismo escuchar un vinilo a escuchar un streaming, y el streaming tiende a uniformizar el sonido. Quizás el streaming ofrece otras posibilidades por otro lado, eh.

L: Hablabas de ese cierto ritualismo cuando comprar un disco, que creo que empieza desde el momento en el que vas a una tienda de discos que son como un rara Avis porque casi todas han chapado ¿ese rito dota al proceso de escucha de cierto misticismo romántico o para ensalzar tu propio yo? Me ha salido una pregunta un poco rimbombante…

A: preguntón

L: porque tiene mucho la escucha en vinilo de acto (auto)referencial que es lo que hablábamos antes del compromiso ético con el artista.

A: más allá del compromiso ético con el artista, pueda haber cierto egocentrismo, de (auto)afirmación, el formato físico te auto referencia,

L: …que entroncaría con la exclusividad y con el aura que hablaba Walter Benjamin

A: probablemente sí, quizás haya cierto aire viejuno, fetichista, anclarnos a ciertos esquemas que nos dan seguridad, en realidad como estamos viejunos necesitamos anclajes para no ahogarnos en este mundo. Probablemente sí.

L: y también que hasta qué punto la industria, o lo que queda de ella, hace suya esta mistificación que se tiene con el vinilo para incentivar el consumo hacia esta dirección de seguir mitificando algo.

A: Pues sí, nos engañan un poquito por ahí, nos venden la moto a gente como a ti o como a mi o gente más o menos de nuestra generación…

L: porque claro, comprar una reedición a 30 euros …

A: en el fondo no deja de ser una aberración, en la que caemos tú y yo. Tal y como funciona el mundo ahora, con la que esta cayendo comprarse una obra sonora, musical, y gastarse 30 euros en algo físico que no es necesario es una aberración, sí.

L: si, si, yo también lo pienso. Te voy a preguntar sobre algunos temas sobre el formato vinilo ante la amenaza fantasma de las nuevas tecnologías [risas]. Vamos a hablar del oyente millennial, no lo digo de forma despectiva, sino porque así se les ha ido llamando. Es el consumidor medio de música en streaming, aunque yo también soy consumidor de streaming. Me parece curioso hasta qué punto podemos estar sometidos al algoritmo, porque Spotify genera listas según tus gustos, estados de animo, ¿el streaming parecería una pesadilla digna de Orwell? Qué te parece…

A: Sí, son útiles pero hay un trasfondo de mundo de Orwell, de control de tus gustos. Direccionan tus gustos hacia lo que uno quiere, te parece que cosas te parecen al azar, otras que te pueden inspirar, ayudar, crear listas, descubrir cosas, y hay cosas que me sugiere Spotify, pero es cierto que estás completamente dirigido, todo lo que haces a nivel de streaming deja un rastro y ya no se convierte en esa escucha privada que haces poniendo un vinilo en la habitación que nadie puede rastrear. Ese peligro existe y esta generación millennial es menos consciente de ello, y nosotros sí que hemos vivido en un mundo preinternet en el que la escucha de un disco era un acto privado, de la misma manera que íbamos a conciertos y nadie compartía esos conciertos por Instagram, y era entre nosotros; había muchas cosas buenas en todo aquello y no convendría perder todo aquello. No sé como vamos a equilibrar una cosa con la otra, poder equilibrar las ventajas del streaming sin caer por ello a estar absolutamente vigilados, y ser susceptibles de ser dirigidos constantemente. Es un reto que está ahí, y hay que intentarlo.

L: Tú el streaming aparte de la facilidad de ser un sistema que es dúctil, que puedes utilizarlo cundo te conviene, ¿qué otras cualidades le ves?

A: una cosa interesante que le veo es que también cambia el concepto de la obra musical, como ya no es necesario crear un formato físico, saco el disco y esta es la obra definitiva y así queda, y así se termina; ahora hay una mayor flexibilidad en la que un artista puede ir creando cosas, compartirla, esas pequeñas obras que va creando con sus propios fans, las obras están en constante mutación. El artista puede ir generando contenidos, recibiendo feedback, ya no existe necesariamente un formato, aunque igual le viene bien al artista para fijar algo que no quiere continuar y le viene bien el formato físico, o un formato más o menos descargable en Bandcamp, pero el streaming permite esa flexibilidad en constante mutación. Se crea un mundo muy interesante aunque pueda crear ansiedad en el artista de no acabar nunca, pero ofrece herramientas muy interesantes. El oyente también es más activo al tener un contacto más activo con el artista, y eso también es muy interesante. Antes no teníamos ni voz ni voto, tú recibías el disco y ya está, y también hay ciertas cosas del mundo del pop de la industria de los 70 y 80 como ese endiosamiento de los artistas en donde había una distancia muy grande con el artista, y no podías decirle yo pienso esto o aquello ya que era totalmente impensable. Todo ahora es mucho más cercano, mucho más compartido, ganamos unas cosas, perdemos en otras…

L: con el nuevo paradigma de oyente que surge en la era digital ¿estamos creando un oyente low-cost en comparación con el oyente resabiado que ha crecido o sigue escuchando vinilos? Lo digo por la diferenciación que hablábamos antes de que mucho consumidor de vinilo considera que es el formato idóneo para la escucha. Entonces a veces asocio las plataformas tipo Spotify para un determinado segmento de público, y parece que sea considerado low-cost, que nadie les ha enseñado a escuchar…

A: Sé a la sensación a la que te refieres. Hay un tema de prejuicios bastante gordo y ahí pecamos de prejuicio, y de cierta altivez en el sentido de pensar de que consumir discos y este compromiso que hemos comentado, y conoces una cierta historia de cómo se ha desarrollado la música con los años parece que tengamos una mayor cultura, una mayor potestad para decir esto es mejor que aquello. Esta generación que escucha música en streaming, me gusta el término que utilizas, así como medio despectivo low-cost, parece que sea gente que se traga lo que sea, escucha y se traga lo que le diga Spotify (de música africana al cantante latino de moda) , que no tiene criterio, y tenemos muchos prejuicios y posiblemente no sea así. En muchos casos nos pueden dar sopas con hondas a nosotros, y saben mucho más de lo que nos creemos, y hay un mundo por descubrir y nos empeñamos en permanecer en nuestro pequeño mundo. No tenemos ni idea lo que está pasando y hay mucho prejuicio.

L: Porque este oyente adulto y exigente que compra discos o que tiene poder adquisitivo, a ver yo lo veo en la gente joven que me rodea que escucha Spotify que no tiene dinero para comprarse discos a 30 euros, pero pienso ¿que tiene que decir ese oyente adulto y experimentado? ¿qué puede aportarle a esa gente que está escuchando en streaming y que va a escuchar en streaming toda su vida?

A: Buena pregunta, muy buena pregunta…

L: o les dejamos sin remisión en las fauces del streaming

A: estoy seguro que podemos aportar algo, estoy seguro.

L: o es que tenemos que adaptarnos a los tiempos nosotros,..

A: ya, ya, tenemos que adaptarnos clarísimamente, pero podemos aportar pero ahora no sé qué decirte. Supongo que ciertos criterios, a la hora de seleccionar las cosas, a la hora de contextualizar las escuchas, de informarte un poco más de la historia de los que escuchas, pero a lo mejor estoy cayendo en el prejuicio de que esto es lo que necesitan…Pero, vamos, desde el prejuicio vamos a decir, ese criterio a la hora de seleccionar, de curiosidad de saber cómo ha llegado esa música a la actualidad. Una cosa que se pierde completamente con el streaming es el libreto que viene con el disco; esa información adicional en la que tu buscas, los créditos al final, quien ha participado en el disco, qué historia hay detrás del disco, todo ese mundo de los créditos y del libreto es interesante adonde puede quedar en el mundo del streaming.

L: sí, yo también estoy muy de acuerdo con lo que dices…

A: Esto lo veo en la critica musical, hay muchos críticos (hombres y mujeres) jóvenes de treinta y tantos o veintitantos que hacen uso del streaming y veo que tienen muy poca perspectiva histórica a la hora de hacer las criticas…

L: críticos que se han educado en streaming y que tienen poca perspectiva, no se si tienes esa percepción

A: también es verdad, yo trabajando con Mugako, de música electrónica en Vitoria, he hecho labores de prensa y he enviado dossiers a diferentes plataformas y blogs y he estado viendo las crónicas que han hecho, y a veces te encuentras con cosas muy pobres, muy poco

[la audición es mala por la señal de internet]

A: he visto criticas que se están haciendo hoy en día y me he encontrado con mucha mierda, en el sentido de unas críticas muy flojas, muy poco trabajadas, perspectiva histórica en absoluto, mal redactadas incluso, también es verdad que hay mucha caca por ahí.

L: la critica musical ahora veo que hay mucha critica en streaming musical. Se vive intensamente el momento pero sin perspectiva, y tampoco quiero pasar por un viejo cascarrabias …

A: pero es verdad,

L: leo, por ejemplo, critica o reseñas de Diego Manrique y lo comparo con mucho critico actual y no tienen nada que ver, por ponerte un ejemplo eh…y me hace ser poco optimista ante los oyentes de la era streaming.

A: que va, que va…Comparto tu preocupación porque es cierto, también hay una bajada de calidad bastante grande, democratización de la critica que revierte en critica que no es critica ni es nada…Son meros comentarios compartidos con los amigos, sin ningún tipo de estructura, y hay mucha critica que es simple copy/paste de la nota promocional para rellenar páginas, blogs, etc. Cuesta encontrar critica musical en el que quien escribe aporte algo personal, y materia crítica. Esto te genera cierto escepticismo sobre la gente que lee esas cosas y se basa en lo que lee.

L: hemos llegado a la reflexión final, y quería preguntar que ante el estado de la cuestión de este auge del vinilo ¿cómo y de qué manera convergerá el formato entre los avances tecnológicos? Como ves el futuro para el vinilo, bueno es muy cíclico, ha estado muy arriba y muy abajo…y no sé si estas fluctuaciones se mantendrán.

A: como soporte para el consumo de música y sonidos a nivel general no le veo futuro en absoluto, desaparecerá, porque va a ser insostenible, no se puede pensar en hacer una industria porque no se van a vender millones como antes. Si un disco tiene millones de escuchas en streaming no veo que se vayan a crear millones de vinilos. Por ahí no le veo futuro, el consumo va a ir por la tecnología y lo tengo clarísimo. Otra cosa que el vinilo tenga una cierta vida X como un formato de grabación de sonidos que pueden ser escuchados en una cierta manera, que se puedan abrir experimentación sonora a través de ellos, por ahí quizás, en un mundo de arte sonoro y experimental, y muy limitado en cualquier caso. Pasará esta moda y desaparecerá porque a nivel industrial no lo veo.

L: yo lo veo más como un reducto para el artesano, y para el negocio local.

A: a un nivel muy local sí lo veo, generas unos discos en formato físico para tus amigos, para cuatro allegados, y ahí puede seguir durante, incluso mucho tiempo. De la misma manera que otros tipos de artesanía se seguirán confeccionando, pulseras, y demás artesanía que seguirá existiendo. Un mundo tipo como el de la artesanía sí que lo veo al vinilo.

L: ya estéticamente hay muchos sellos pequeños que siguen funcionando con vinilos como si fueran objetos de pura artesanía, y tiene mucho encanto.

A: en ese camino tiene una larga vida, eh.

L: bueno, pues hemos llegado al final, Antton muchísimas gracias por tus opiniones tan valiosas y a ver si nos vemos pronto.

A: Gracias a ti, a sido un verdadero placer.

La segunda entrevista, también vía Skype, fue a Javier Abad Esteve:

Luis (L): Buenas Javi, qué tal?

Javier (J): cómo estás Luis.

L: Bien, ¿y tú?

J: Muy bien, mira…

L: Me alegro

J: A la fresca!

L: Presento al segundo entrevistado: es Javier Abad Esteve que es un aficionado a la música, a la compra de vinilos, y es dueño de un sello discográfico que se llama Pretty Olivia Records que lleva ya varios años, ¿no Javier?

J: cuatro años llevamos…

L: …que saca todo el material en vinilo, y bueno, creo que su opinión puede ser muy valiosa al ser responsable de un sello discográfico que decidió sólo sacar en vinilo, que es un poco suicida. [risas]

L: Como hemos comentado antes de empezar la grabación nos basaremos en unas estadísticas de Promusicae que es una asociación que controla todo el tema de la venta de discos, y estas estadísticas certifican que el CD ha disminuido un 3% las ventas, y el vinilo ha aumentado un 38%, y quien se lleva o se reparte el pastel son las grandes plataformas en streaming tipo Spotify o Deezer que son las que realmente están ganando dinero en todo esto.

J: sin duda alguna…

L: en detrimento de los pequeños sellos y a costa del artista porque estaba leyendo un ensayo de Damon Krukowki que se llama The New Analog , y decía Damon que por la venta de un elepé, la rentabilidad de un elepé de Galaxie 500, que era su anterior grupo, tenía que haber 40000 escuchas en Spotify o algo así. Es tremendo.

J: precisamente ahora que dices esto, a su compañera Naomi he leído esta tarde en Twitter un comentario en la linea de esto, que ha entrado hoy y se ha dado cuenta que había canciones de Galaxie 500 con casi 3 millones de escuchas y ellos no han visto prácticamente nada, y eso que ellos son dueños de sus derechos, y ¡no han visto nada [de beneficios] de 3 millones de escuchas! ¡Qué barbaridad!

L: Sí, sí

J: y decía que Spotify sería el futuro de la música para algunos pero no para los músicos en absoluto.

L: Así estamos…los que de alguna manera nos dedicamos a esto lo hacemos por amor al arte básicamente. La primera pregunta es partiendo de estas estadísticas, si tú crees que la venta en vinilo está salvando, entre comillas siempre, lo que queda de la industria del disco. La industria del disco, estarás conmigo que no es como se entendía en los 70 o 80, sino que lo que queda de ella: ¿ qué te parece a ti si este repunte puede salvar algo de lo que quede de la industria?

J: sinceramente no creo que el vinilo vaya a salvar la industria. Yo creo que esos grandes sellos discográficos que son los que conforman la industria, y no los pequeños, y los que les está salvando, y no soy un gran experto en los grandes sellos, es que gestionan aparte de los derechos de las canciones, también se llevan parte de lo que son las giras, así que están viviendo una edad de oro. Gente que no compra un disco se gasta 80 euros en ir a un concierto o mucho más en festivales. Alguna persona que conozco que trabaja en grandes sellos tienen incluso un departamento dedicado en intentar colocar canciones en series de TV, películas, en sintonías de programas, y es ahí donde ganan dinero. Te puedo decir por ejemplo el sello americano Capture Tracks, con los que hice una colaboración en su momento, y Mike Snipper, que es el capo del sello, me lo contaba, que tiene un departamento muy activo y el más activo de la compañía que se dedica a eso; la propia Elefant Records su foco principal hoy en día, los discos los sacan para los 500 que los compramos, pero lo que buscan es poner una canción suya en un jingle en un anuncio, una serie de televisión, en cualquier sitio y con esos derechos pues ganar dinero. Estoy pensando en el músico americano Josh Rouse que seguro que el dinero que gana es poner su canción en Altea, pero de discos no creo que venda nada. El vinilo es un producto que afortunadamente se ha recuperado para los que siempre nos ha gustado el producto del vinilo que a base de persistencia y de mantener viva la llama ha vuelto, la verdad. Ha vuelto con cifras que año a año presenta unos porcentajes muy bestias pero en valores absolutos son bajos, tengámoslo claro. Y luego por el camino ha encontrado un nicho de mercado de una edad considerable que por nostalgia les gusta comprar una edición de un disco que tuvo en su momento, y entonces ahí los grandes sellos han visto una oportunidad de explotar la nostalgia, pero las ventas son ridículas y no creo que esté salvando nada. Yo creo, y no suelo decírselo a nadie, que la vuelta del vinilo (hay gente que dice que bien le viene esto a la industria, ¿no?) es timarnos, volver a vendernos lo que ya nos vendieron; es una piedra en el zapato, sinceramente. Editar vinilo, y tú lo sabes, es un coñazo, es complejo porque hay muy pocas fabricas, los tiempos de entrega son terribles, te puede venir con defectos, aunque esté el producto correcto cuando lo envías al cliente se puede doblar por el camino, es un producto delicado comparado con un CD que es difícil de romperse, el vinilo estoy convencido que a las majors les ha fastidiado mucho editar vinilo, no les hace ninguna gracia.

L: entonces podríamos decir que a pesar de sus fluctuaciones del vinilo que siempre las ha tenido, ¿no estaríamos ante una segunda juventud del vinilo?…

J: yo no lo llamaría así, sinceramente, hay que ver las cifras en valores absolutos y no son para tanto. Sí que es verdad que luce porque el mercado se ha reducido mucho de ventas de discos en cualquier formato, y es verdad como el vinilo crece comparado con otros formatos que están en plena decadencia pues tiene más vida, y creo que no hemos visto el techo a este pequeño auge del vinilo que vivimos ahora. Cada vez se están abriendo más fábricas, hay gente que está investigando en hacer máquinas más rentables, más eficientes, más ecológicas, (que es un problema que tiene el vinilo)… Lo cierto es que la gente compra cada vez menos discos, y dentro de ese cada menos mercado el vinilo no disminuye sino que crece tampoco con mucha cuota de mercado y hay que verlo con la perspectiva. Te puedo poner de ejemplo que para los sellos pequeños, supongo que lo habrás vivido, tiendas que se dedican a vender discos no quieren CD’s , o sea la poca gente que compra discos lo quiere en vinilo, y hablo de estilos amplios como pop, rock, música alternativa, la mayoría de gente disfruta con el vinilo. Y luego otro problema que tiene el CD para los sellos pequeños, y se habla poco, es que para editar CD’s la tirada mínima es 500 copias, y menos copias sería un CDR, y claro un CDR es un formato, en mi opinión muy pobre, y 500 copias un sello pequeño no vende. Por lo tanto en algunos aspectos hemos llegado al vinilo, no en mi caso en particular, es debido a esto, porque no quiero hacer 500 copias de CD’s para tenerlos de posavasos, la verdad.

L: claro, yo creo que al final el vinilo ha quedado como el ultimo bastión romántico para cierto sector que compra música, y es paradójico lo que dices tú de que se abran nuevas fábricas que fabriquen formato vinilo en detrimento de unas ventas paupérrimas. Los grandes sellos pueden sustentar una tirada en vinilo de Beyoncé aunque debe ser ridículo lo que vende Beyoncé en disco, en CD, y sobre todo lo que debe vender en streaming.

J: …streaming sobretodo, efectivamente.

L: …podríamos decir que el vinilo es como una tabla de salvación hacia la homogeneización del sonido y de los formatos…

J: me gusta esa definición, creo que es bastante adecuada la verdad. Creo que es el ultimo bastión de los que disfrutamos de ir a una tienda de discos, de tocar el producto, de la carpeta, no es solo un ejercicio nostálgico, yo he preferido siempre el vinilo y no es por nostalgia porque cuando llegó el CD también me engañaron de que esto iba a ser la leche, el sonido mucho mejor, y te hacían creer que una carpeta pequeñita era igual de maravilloso que una carpeta grande. La realidad es que siempre he preferido el vinilo, me gusta toda la liturgia que tiene e incluso el sonido. Luego hablaremos del sonido ¿no?

L: ahora Javi precisamente quería hablar del sonido y tengo como referencia el libro de Damon Krukowki porque es bastante interesante el ensayo titulado The New Analog. Yo la verdad es que me cuesta captar los matices de un vinilo, y hay compradores de vinilos que lo captan al vuelo. ¿Para ti que particularidades obtiene un audiófilo en la escucha de un vinilo? ¿te consideras un audiófilo?

J: no, sinceramente no, la verdad. Sobre este tema tengo una frase muy clara, y no es rebatible porque es una obviedad: hay mil estudios que dicen que suena mejor el CD, otros que suenan mejor el vinilo, que sí, que no, que tal…un vinilo y un CD no suenan igual, ni mejor ni peor, diferentes, por lo tanto ¿qué problema hay que alguien prefiera el sonido del vinilo? ¿No estamos de acuerdo que son diferentes? Hay gente que prefiere el sonido del vinilo, y parece una obviedad. Hay quien dice “hay un estudio que dice que es mejor el sonido del CD”, pero ¡es que es distinto!, y a mi me gusta más el otro. Tengo un amigo que es coleccionista de vinilos de pizarra, y le encanta el sonido de la pizarra que es un montón de ruido, pero es que a él le encanta porque tiene un sonido con los chasquidos, y joder, qué problema hay si le gusta. Y luego lo que sí que es verdad es que el vinilo para disfrutarlo a niveles audiófilos necesitas mucho equipo, con un tocadiscos que venden de 80 o 90 euros, un ampli malo y tal y cual no suena mejor que un CD, no es más placentero, y esa es la realidad, pero tampoco hay que irse al extremo de algún conocido que está obsesionado y son muy cargantes [risas], y se gastan miles y miles de euros en equipos, en aislantes y tal que dicen que alcanzan un nirvana…para vinilo necesitas un equipo de alto nivel.

L: no sé si estarás de acuerdo en que el streaming ha conseguido cierta, o la máxima democratización del oyente. Por ejemplo una persona que quiere disfrutar de Justin Bieber o cualquier estrella del pop ahora no necesita comprarse un aparato extremadamente caro para poder escuchar música. Lo que si que es cierto, yo soy usuario de streaming como casi todo el mundo, es que el sonido, los graves, los bajos, está muy estandarizado, y es muy plano el sonido, y llego a casa y me pongo un disco y aunque no sea audiófilo noto diferencias.

J: con el streaming hay diferencias, y muy notables. El streaming está comprimido hasta 10 0 12 veces el sonido, y ahí se pierden muchos matices. Y luego hay una cosa, un concepto, que a mi me gusta mucho que la primera vez que lo oí fue a Jaime Cristóbal de Popcasting y de Souvenir que decía que el streaming cansa al oido, escuchas una canción en streaming y cuando llevas media hora necesitas parar, el oido se agota. En ese sentido con el vinilo tienes la sensación que menos cansa al oido, no sé si llamarlo analógico, cálido…

L: claro, es que el streaming esta determinado para escucharlo con cascos y ese sonido tan homogéneo cansa al oyente; el disco es para encontrar el momento adecuado, en tu habitación poder escucharlo sin cascos… Y referente a esto, ¿la escucha en vinilo es una resistencia ante la transitoriedad del acto de escucha? Ahora que el streaming puedes escucharlo en cualquier lado…el vinilo resiste la abolición del acto de escucha; el acto de escucha como crear ese momento destinado para escuchar un disco, y comprometerte con una obra de arte.

J: muy buen apunte, es totalmente así. El vinilo, más incluso que el CD, tienes una predisposición para levantarte para cambiar de cara, algo que para una persona joven debe ser tremendo ¿no?. Efectivamente, cuando tú te pones un disco de vinilo te paras a escuchar música, rara vez estás haciendo otra cosa, aunque sea que a los 20 minutos te va a tocar levantarte a poner otro. El streaming, que yo también lo uso, es por las mañanas mientras me estoy afeitando, tienes la cabeza en otras cosas, en el coche, a veces mientras trabajas, es siempre haciendo otras cosas…tienes toda la razón. Con el vinilo tienes los cinco sentidos dedicados al disco, y el disfrute es incomparable. Es un muy buen apunte porque aunque la calidad de los formatos sean diferentes, solo el interés del acto de escucha de un vinilo es que lo vas a disfrutar más por narices, le vas a prestar atención al sonido, a lo que entra, este bajo aquí, está claro y es indiscutible.

L: y ahora vamos a hablar sobre el aura y el fetichismo que rodea al vinilo y los actos de escucha, y bueno, al simple hecho de plantearte ir a comprar un vinilo a la tienda de discos, llegar a casa, sacar el disco, leerte el libreto, todo tiene como un aura y un fetichismo ¿tú que opinas? Y de paso esto lo está revalorizando la industria para crear sus propios dividendos, porque un disco a 30 euros no creo que el oyente millennial pueda tener acceso a ese gusto supremo por el sonido.

J: a ver, esta es una de mis obsesiones, los sellos pequeños tenemos muy poca fuerza para ello, pero somos un ejemplo de no participar de ese juego de hinchar precios, no tiene sentido. Hay si que es evidente que parece que las multinacionales les molesta sacar vinilo y parece que se los quieran cargar. El otro día en una tienda de discos de Alicante el nuevo disco de Jack White en distribución, precio que compra la tienda, estaba a 20 euros, ¡qué locura es esa!, va a salir a la venta mínimo a 30 euros. No tiene ningún sentido cuando por streaming es gratis, o sea 30 euros vs gratis la diferencia es muy grande; sin embargo si sacan el disco a 10 u 11 euros es un precio justo y, joder, ahí tienes dudas de elegir un formato que suena peor vs un formato que suena muy bien que tiene la carpeta, las letras… Y creo que esto del fetichismo es un poco relativo; yo recuerdo cuando compraba mayormente CD’s también me encantaba abrirlo, sacar el libreto, leer las letras, pero es cierto que eso en una carpeta grande a lo que nos gusta el arte, digamos, pues no se puede comparar, pero que nadie lo dude, es mejor una carpeta de vinilo que una de CD; permite al artista que lo ha hecho más posibilidades, y luego esta gente que incluso le gusta el olor… ya entramos en cada uno.

L: y no crees con esta moda del vinilo, no se ha creado una polarización entre un oyente experto, y el oyente low-cost que no tiene acceso a perseguir ese aura y se tiene que acomodar a la escucha en streaming de baja calidad. ¿Cómo lo ves?

J: pues puede ser…

L: lo digo porque yo lo veo en gente que compra vinilos y parece que tiene cierta superioridad hacia las otras personas que compran CD o simplemente tienen una subscripción a Spotify. Me choca esto, esto de ser hipster y ser moderno…

J: a ver, es cierto lo que tú dices, esta vuelta del vinilo ha traído a este tipo de público, los hipsters están entusiasmados con comprar vinilo. De echo hay una cosa que me da mucha rabia, y es el de llamarlo vinilo, yo le llamo disco, y hay mucha gente atraída por esta moda que parece cool y guay miran con clara superioridad a los otros formatos y a mi me da mucha rabia también. Tengo algún amigo que me niego directamente a hablar del tema, aparte son audiófilos en este caso, pero la compra de un disco es un acto de superioridad y se creen mejor que el común de los mortales. Realmente solo tienes que acercarte a la sección de un FNAC o El Corte Inglés y estate diez minutos con el oido atento y oirás de estos; oyes “mira tienen el de Queen” pero si en la tienda del al lado tienen copias a 2 euros del mismo disco.

L: aquí en Barcelona, por ejemplo, en Plaza Catalunya hay una tienda fashion y ponen los vinilos en plan decorativo, y a alguien que ama la música le parece una aberración.

J: [risas] totalmente de acuerdo. Para mí el formato es importante, pero lo importante es la música, y nos da igual el formato, nos gusta la música., quiero tener música alrededor. Pero me encanta lo que me aporta el vinilo para tener mi tiempo para escucharlo, seguramente es lo que me gusta más del formato, pero a los que nos gusta la música queremos escuchar en cualquier formato, y da rabia esta gente que considera que el vinilo es el UNICO formato, y ni mucho menos.

L: ahora te voy a preguntar unas cosas sobre el oyente millennial, que no lo digo en forma despectiva sino que es una obviedad que es el oyente medio sin mucho poder adquisitivo, y que tiene que acudir a Spotify. Hay una cosa curiosa en Spotify, y en Deezer pasará lo mismo, y es que te generan listas de reproducción según tus gustos…seria una pesadilla de Orwell, estamos controlados por los algoritmos. ¿Qué te parece?

J: Spotify no la conozco muy a fondo pero hay como dos tipos de recomendaciones: las de tus estados de animo, es una chorrada con un algoritmo muy sencillo (gente de una edad en España en una estación determinada están muy contentos…), con lo que sospecho que debe ser muy chorra; luego Spotify está muy metido en sacar rédito económico ya que hay artistas que están pagando para salir en esas listas de recomendación, como en el caso de indie reciente. Artistas tirando de los contactos que sean han conseguido llegar a esas listas de recomendación porque su sello ha pagado directamente. Sus escuchas se disparan porque hay gente que escucha Spotify así, con lo que les tiren, yo prefiero que me la recomiende un amigo, pero bueno. Cada uno tiene su criterio [risas].

L: ¿Qué responsabilidad tiene un oyente maduro que se ha educado comprando discos, ante esta horda de oyentes en streaming que tienen que escuchar la música sin matices? ¿Podemos hacer algo o nos tenemos que adecuar a los cambios de la era digital?

J: es complicado. Y recuerdo ya de chaval me compraba mis vinilos, y recuerdo pasarlo al streaming de mi época, había plato en el salón y quería escuchar música en la habitación y entonces me lo grababa en cinta, en las TDK y entonces sí que teníamos un pequeño radiocasete, porque yo lo que quería era escucharlo en mi habitación. Al final eso era streaming, el walkman etc…el millennial quiere escuchar música en cualquier sitio sin sus padres al lado porque con el plato en el salón igual no les dejan poner el disco de punk que a ti te apetece. Yo creo que la responsabilidad que tenemos es en la media de lo posible, con tus propios hijos o amigos, es enseñarles que hay otras opciones aparte del streaming, no contraponernos a una guerra, es música todo..

L: y también ayudarles a seleccionar, que no un algoritmo te seleccione por ti…

J: eso es difícil porque cómo lo haces, es decir, en redes sociales soy muy activo recomendando discos, y me llena de orgullo cuando alguien me dice “joder, este disco que recomendaste el otro día qué chulo, me lo voy a comprar”, pero no sé si nuestras redes sociales llegan a gente más joven, la verdad [risas], no sé si me sigue gente joven la verdad. En la medida de lo posible no dejar nunca de recomendar, estaría bien que hubiera una radio diferente aunque no sé si la gente joven escucha radio ya. Yo he conseguido mi publico con mi sello pero joven no es en realidad, no por el tipo de música porque yo creo que a un joven si le pones música que en teoría no es lo que le gusta te llevas muchas sorpresas positivas. No entiendo a esa gente que dice que hay que dejar a los chavales que escuchen lo suyo, ¿por qué no puedo recomendarle algo?…pero me pierdo en las vías para llegar a los chavales jóvenes porque en mi época había una radio estupenda, y en tv había programas fantásticos donde te descubrían música maravillosa. Teníamos unos referentes claros, y ahora no los veo, es complicado. Hay mucho y no hay nada.

L: supongo que ellos tendrán sus propios referentes, y aquí estamos barajando prejuicios por todos los lados que nos impide acercar a generaciones, digo yo.

J: el ejemplo del trap es bueno, porque es una música que supone una ruptura generacional, pero hay que respetarlo. Un chaval que le gusta el trap seguro que encontramos puntos de conexión, pues igual le gusta Public Enemy, Run DMC o grupos de rap que escuchábamos en nuestra época de hip hop, y a través de ellos porqué no van a poder llegar a la Motown o a la música negra…

L: como reflexión final, asumiendo que el formato vinilo viene pasando por muchas fluctuaciones en las ultimas décadas, al menos desde la entrada de las nuevas tecnologías. ¿De qué manera convergerá el vinilo ante los avances de las nuevas tecnologías? Tu como lo ves… ¿irremediablemente desaparecerá, o permanecerá como objetos de artesanía que fabricaran para amigos, sellos pequeños artesanales?

J: el tema artesanal es un punto que me atrae del vinilo, el propio disco y el encarte que lleva. Cada vez hay mas discos que salen en ediciones limitadas, con pinturas hechas a mano, o materiales especiales. Yo creo que el vinilo está en un buen momento, y por lo menos se va a quedar así. Creo que la gran industria no le entusiasma e ira saliendo pero los pequeños y medianos estaremos siempre ahí. Es como la artesanía, se fabrican moldes de todo y siempre te apetece una pieza de arte, no siempre una reproducción hecha de miles. Y estoy de acuerdo contigo, el punto artesanal, el punto nostálgico, el punto de que es un sonido que a mucha gente nos gusta, etc. hace que por lo menos tenga una vida asegurada.

L: es el nivel de resistencia que sería algo así como la glocalización frente a la globalización que lo fagocita todo y todo es homogéneo. Entonces como algo artesanal y le auguro vida.

J: las ventas van a más, y tiene un techo, es obvio, pero aun no hemos visto el techo..

L: bueno, pues a ver qué nos depara el futuro. Muchas gracias Javi, y ya estamos en contacto, cuídate mucho

J: Cuídate.

Para la introducción a este reportaje se ha utilizado la siguiente bibliografía:

Krukowki, Damon (2017). The New Analog. Cómo escuchar y recolectarnos en el mundo digital. Madrid: Alpha Decay

Krukowski, Damon (2012). Making Cents [artículo en línea]. Pitchfork. [Fecha de consulta: 18 de junio de 2018].

Manrique, Diego A. (2018). Donde el rock aún domina [artículo en línea]. El País Digital. [Fecha de consulta: 19 de junio de 2018].

Pizá, Frankie (2013). El vinilo: Autoengaño, tendencia, obsesión…Un análisis oral de la situación actual del formato [artículo en línea]. ConceptoRadio. [Fecha de consulta: 18 de junio de 2018].

Promusicae (2017, primer semestre). Mercado de la música primer semestre 2017 [informe en línea]. Promusicae. [Fecha de consulta: 18 de junio de 2018].

Yúdice, George (2007). Nuevas tecnologías, música y experiencia (p. 45). Barcelona: Gedisa

Muchas gracias a Antton y Javier por sus valiosas opiniones. Un abrazo.

 

Un comentario sobre “El vinilo ante los desafíos de las nuevas tecnologías y los oyentes randomizados

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