Viva Suecia – Sala Costello (Madrid) 25/02/16

Pues eso, que Viva Suecia y que viva la huerta musical murciana que tantas alegrías y tanta y rica vianda está aportando a la música independiente en nuestro país (Neuman, Second, Klaus&Kinski, Los Últimos Bañistas, Murciano Total… así a bote pronto y sin necesidad de tirar de Google). Anoche se presentó en Madrid oficialmente el tan esperado disco debut de los murcianos, La Fuerza Mayor (2016), y lo hacían con el ilusionómetro disparado a niveles de alta peligrosidad ¿quién dijo miedo a la decepción? Tras la publicación de los sencillos que lo precedían y un EP homónimo (2014) que se convirtió en la comidilla de los festivales del año pasado, vapuleado por obsesivos patrones rítmicos en las redes sociales: click-compartir-click-compartir-click-compartir, llegaba el momento de hacer corpóreas las expectativas.

Que las entradas se agotaran con tres semanas de antelación es un dato que nos da una idea del ansia que hay por conocer si detrás del enésimo fenómeno hype hay chicha de la que nutrirse o simplemente miramos embobados fuegos de artificio azuzados por la mercadotecnia de su discográfica, Subterfuge, que les acaba de fichar y los vende como la nueva promesa emocional. Y a juzgar por lo vivido anoche bien harán en promocionarles como tal, porque lo que ayer vimos fue un concierto dado y ejecutado desde el corazón. Puro músculo. Músculo fuerte y bien programado, que bombeaba estupendamente y con una fuerza atronadora. La sala Costello se quedó pequeña para albergar tanta esperanza y tanta ilusión, propia de un grupo que está dando sus primeros pasos y además con maestría. Este hecho propició que Rafa Val (voz principal y guitarra) se deshiciera en agradecimientos una y otra vez. Su directo se caracterizó en todo momento por una pegada no muy habitual en nuestra escena nacional, muy cercana al rock americano ampuloso de The National, pero sin el halo de misterio y desconsuelo que tanto amamos de los de Ohio.

Sobre la escena sonidos contundentes y anchos, decorados alegremente sin escatimar lo más mínimo en efectos de pedal, ¡fuzz para todos!, hasta alcanzar niveles deliciosamente alarmantes. En ocasiones, como en la coda final, incluso asumiendo el riesgo de que sufriéramos un déja vu: típico juego en el que se toca la guitarra colgada a la espalda, o aprovechando las esquinas de los altavoces para hacerla tronar. Que sí, que lo hemos visto mil veces, desde Yo La Tengo hasta Radiohead, pero nos sigue alegrando el momento. No podemos olvidar que son un grupo con apenas un año y medio de vida al que no podemos, y no debemos, pedirles contención ni programación. Es su momento. Se lo merecen y deben divertirse como ellos lo entiendan, desde su forma más primitiva. Pero es que además funcionan de maravilla. Tiempo habrá en que tengan que tirar más de cabeza que de corazón. Estamos ante el nacimiento de una estrella, eso es innegable. Tienen los ingredientes básicos para mezclar un buen cóctel de éxito: alrededor de cinco o seis canciones de esas que se hacen llamar hitazo (“Los Años”, “Bien por ti”, “Permiso o perdón”, “Nadie te devolverá el favor” o “Palos y piedras”) y cuando las canciones no son tan buena materia prima, lo suplen con un directo bien crecidito en presencia y cuerpo. Trallazos directos e inmediatos (quizás esta cualidad se convierta en su talón de Aquiles en un futuro) que fueron coreados por el público como si se tratara de clásicos pop.

Evidentemente la noche no fue pluscuamperfecta, habrá que realizar algún ajuste en el manejo de los tiempos y la secuencia, pero tanto rugido, tanto ruido, tanta presencia y todas esas ganas deben ser motivo de orgullo para el grupo. Anoche a Madrid los Viva Suecia trajeron muy buen arte. Sin rubor podemos afirmar que ha nacido una estrella. Y no, no estamos en Hollywood, que hablamos de Murcia.

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