Aaron Thomas – Sala La2 de Apolo (Barcelona)

Sorteando las larguísimas colas provocadas por el soldout de Sidonie en la sala de arriba, entramos en una semivacía La 2, a la que Aaron Thomas volvía, siete meses después, a presentarnos su flamante segundo trabajo Made of Wood. Sin teloneros, Thomas se presentó ante el público armado con su guitarra, su voz y su simpática camaradería y acompañado de Jorge Fuertes, Javi Díez-Ena y Rebecca Lander a la segunda voz (no pudiendo contar para la ocasión con Abraham Boba a los teclados), la banda con la que ha grabado el disco y con los que se compenetra perfectamente encima del escenario.

Llegó para presentar el nuevo trabajo y eso hizo, ya que cayeron casi todos los temas. Y si en las primeras escuchas, parece que este segundo disco peca un poco de irregular, ya se cuidó Thomas de elegir bien el orden del setlist y complementarlo con temas de su debut para ofrecer un concierto notable y equilibrado y disipar muchas dudas: en directo, los temas del Made of Wood suenan de maravilla, más pop que folk. Y es que, gusten o no gusten sus canciones, hay que reconocer que en concierto Thomas y su banda suenan muy bien, llegando a un nivel de detalle exquisito, con una Rebecca Lander portentosa y con la voz infalible del artista, que lo mismo susurra al inicio de “Wasted or Crazy” como sube a los altos en “Ghosts in your apartment” sin un quiebro ni una muestra de flaqueza.

Demostraron que la canción que da nombre al disco es una pequeña joya a la que se le puede sacar un buen jugo, que “Black umbrella” es un tema tan potente en disco como en directo, que el bajo de “Hotel Door” es hipnótico, que “The family tree” puede ser una canción triste, pero tiene un toque cabaretero que la hace adictiva. Que la regulera “Trophy wife” puede ser enorme con una Rebecca Lander que se comió el tema (si todos estuvieron de notable alto, ella estuvo de matrícula). Por supuesto, que “Wasted or crazy” sigue siendo un temazo. Y que “Finish me” cantada en solitario es un bis precioso y una bonita manera de despedirse.

Quedó claro que Aaron Thomas es minucioso, ha ganado confianza, tiene más soltura y está cómodo tocando en vivo. Y que compositivamente ha abierto su paleta, tanto rítmica como lírica. Quedó claro que la banda sabe cómo trasladar al directo los matices, las tonalidades y la magia del disco, consiguiendo que no se eche de menos nada importante. Y es que el australiano se está construyendo la fama de ser uno de esos nombres que vas a ver en concierto y sabes que no van a fallar. Tal vez su propuesta no sea innovadora ni deslumbrante, pero desde luego es una apuesta sólida, convincente y de gran calidad.

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