Basia Bulat – Oh, My Darling (Rough Trade Records)

Basia Bulat es de esa clase de voces femeninas con cierta aura de sirena que, a poco que haga, te encandila de tal manera que no te quitas su voz de la cabeza ni después de un concierto de Nudozurdo; algo parecido, salvando las distancias, a lo que puede ocurrir con Cat Power, Hope Sandoval o Feist. En el caso de la canadiense todo está perfectamente orquestado para que, una vez concluidos los 35 minutos de disco, tu única voluntad sea la de volver a reproducirlo.

Y no es que Oh, My Darling tenga un repertorio asombroso de temazos. En realidad es una colección de muy buenas canciones, extraordinariamente compacta y homogénea que se consume como una enorme canción de algo más de media hora. Hasta ocho músicos participaron en las sesiones de grabación para crear doce temas llenos de matices y sonidos (la autoarpa y la guitarra de la propia Bulat, y ukeleles, pianos, violas, flautas, violines o cellos) con los que tan bien se puede manejar un miembro de Arcade Fire como Howard Bilerman.

Para ponerse a hablar de este disco hay que meterse en la piel del entrenador que pasa por encima de las individualidades para destacar el colectivo; no hay ni una sola canción que sobre en este debut. En este caso, los elogios individuales hay que centrarlos en el nivel como compositora de esta rubia veinteañera que, además, cuenta con una voz que zurce todos los estados emocionales sin que veamos las costuras; de la morriña vivaracha (“Before I knew”, “La-da-da”, “I was a daughter”) brinca hacia a la melancolía agridulce (“Little waltz”, “Why can’t it be mine”, “December”), y del seminudismo vocal (“Birds of paradise”, “Oh, my darling”, “A secret”) a los momentos de exaltada orquestación (“Snakes and ladres”, “Little one”, “The pilgriming vine”).

Una excelente ópera prima que pronto tendrá continuación, estaremos alerta.

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