Beach House – Once Twice Melody (Sub Pop / Bella Union)

Hubo un momento, quizá tras el maravilloso Teen Dream (2010), en el que a algunos nos dio la impresión de que Beach House, el dúo de Baltimore formado por Victoria Legrand y Alex Scally, acabaría haciendo siempre el mismo disco.

Por supuesto, tal como estáis pensando todas y todos los que os lleváis ahora mismo las manos a la cabeza, estábamos equivocados. Beach House se han tirado, tras aquél segundo disco absolutamente referencial para entender este preciso instante en la historia del pop, diez años explorando las posibilidades de la música ingrávida -evitemos el sobadísimo término dream pop, por favor- en la que ellos han puesto su impronta. Desde hace tiempo, cuando alguien reconoce esa ingravidez en una canción, ya no cita a Mazzy Star o a Cocteau Twins, dice que suena a Beach House. Se han convertido en referencia. Han alcanzado la atemporalidad.

Por eso nadie esperaba, por otro lado, que llegado el momento de publicar su octavo disco lo volvieran a poner todo patas arriba. La noticia de Once Twice Melody llegaba tras uno de los períodos más extraños de la historia reciente de la humanidad, con el anuncio de que iba a ser doble y publicado, para no abusar, por entregas. Entregas formadas por cuatro epés, suministrados mensualmente hasta completar el cuadro. Toda una utopía, pese a ello, a nivel de exigencia de escucha y reflexión. Una jugada kamikaze en toda regla que presumiblemente supondría un batacazo bien fuerte tanto en lo comercial como en lo artístico para sus autores.

Pues bien, llegó noviembre del año pasado y al escuchar el primero de los mencionados epés, uno no podía dar crédito. La solidez, la cohesión de aquellas cuatro canciones hacía palidecer, prácticamente, todo lo publicado anteriormente por la banda. Autoproducidas enteramente por el dúo tanto en su estudio de Baltimore como en otras localizaciones en Los Ángeles y Minnesota, “Once twice melody”, titular e inaugural del proyecto, así como la espectacular “Superstar”, “Pink funeral” o “Through me”, desplegaban tal monumentalidad, tal inmediatez y a la vez, tal enjundia, que resultaba difícil creer lo que se estaba oyendo. No podían mantener tal calidad durante cuatro epés. Durante todo un mastodóntico disco doble.

Sorpresa: sí que pueden. Llegado el momento de desvelar el banquete completo este febrero de 2022 y escuchado a conciencia, no queda en absoluto ningún resquicio, ningún rincón del álbum en que uno no encuentre belleza. Totalmente en contra de lo que suele decirse, que los discos dobles son mediocres sombras de discos sencillos brillantes, aquí, al menos en mi opinión, es justo lo contrario. Es, como decía al principio de este párrafo, precisamente eso: un banquete. Un pantagruélico banquete pop.

La principal novedad que uno aprecia, aparte del hecho de que sea su primer disco auto producido, son las orquestaciones y la plasticidad de las canciones. Se han asomado a atmósferas que antes creaban de forma artificial de una forma mucho más exuberante y, al menos aparentemente, analógica. Haciendo uso de secciones de cuerda reales apañadas nada menos que por David Campbell (arreglista de Paul McCartney, Dylan, Adele, Elton John y nosecuantísimos más) y con unos arreglos, en general, mucho más complejos, al servicio de unas canciones que son más diversas que nunca. Pero a la vez, funcionan todas juntas como un colosal monolito.

La secuencia es absolutamente inagotable. No cansa ni decepciona, no sobra un segundo. La lánguida belleza de “Runaway”, que se va haciendo cada vez más gigante, igual que la vaporosa atmósfera de “ESG”, es representativa del hilo argumental del disco, pero no queda todo ahí. El dúo suministra algunas de sus melodías más accesibles y a la vez, mejor labradas, de su historia. “New romance” es un single potencial casi perfecto, igual que la extraordinariamente acelerada (para ser ellos) “Only you know”. Tampoco son mancas en perfección pop “Masquerade”, “Finale” (que uno podría imaginar cantada por Brian Wilson) o la maravillosa “Hurts to love”, única canción destacada de momento como single con motivo de la celebración del día de San Valentín.

Contrastan todas ellas con otros momentos del disco mucho más invadidos por lo atmosférico, con aproximaciones más que certeras a la psicodelia, asimilada a su manera, claro. Se atreven incluso con inusitadas tonalidades folk, como es el caso de las impresionantes “Sunset” y “The bells”, de lo más excelso del álbum; o barrocos derroches de épica emocional del tamaño de “Over and over”, canción más extensa del lote, o la catedralicia “Illusion of forever”.

El gran final lo sirven dos barbaridades tituladas “Many nights” y “Modern love stories”. La primera es marca de la casa, haciendo alarde de una personalidad -la atemporalidad a la que aludimos al principio- que jamás, hagan lo que hagan, les va a abandonar. La segunda (y final) es una especie de compendio de todas las muchas virtudes de un disco -no me canso de repetirlo- tan asombroso como espectacular. La sección de cuerdas aquí cubre todo de un manto casi cinematográfico que aporta dramatismo y viste una composición, de nuevo perfecta y de melodía/atmósfera cautivadoras hasta el paroxismo. Un excelente colofón para un disco que es difícil decirlo, pues estamos empezando el año, pero dudo que tenga demasiado parangón cuando finalice ¿Obra maestra? Hoy día da mucho vértigo decir eso, pero yo ahora mismo lo tengo en la punta de la lengua.

Escucha Beach House – Once Twice Melody

2 comentarios en «Beach House – Once Twice Melody (Sub Pop / Bella Union)»

  • el 19 febrero, 2022 a las 2:01 pm
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    un disco extraordianrio, con todas las letras. Increíble, el mejor desde BLOOM

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  • el 17 abril, 2022 a las 2:53 am
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    Después de varias escuchas, abandonarlo, rescatarlo, … quizá sea el mejor álbum del siglo 2001. Es deslumbrante.

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