Big City – The way the trees are (Gran Derby Records)

Lo primero que uno escucha al pinchar el nuevo disco de los zaragozanos Big City es una frase extraída de la turbadora película El Cazador (Michael Cimmino, 1978). Aquella malsana historia sobre veteranos del Vietnam, típica de los 70, resultaba de todo menos divertida, desde luego, pero tenía un simbolismo (los cambios, los caminos) que se puede encajar, con imaginación, en la trayectoria de Javier Vicente y los suyos. Por ejemplo, al hablar de su evolución desde el folk de raíces americanas del principio hasta este viaje (otra vez el camino) de pop potente-psicotrópico-cósmico que es The Way The Trees Are.

En su cuarto disco Big City muestran todas sus caras: la de la máquina de crear pop perfecto, la de los visionarios psicodélicos y la de los intrépidos experimentadores. Los amantes de las melodías brillantes y el pop clarividente pensarán que están soñando cuando escuchen las cuatro primeras canciones: «Hello Winter», «A whole new level of suck» y «My fondly Fahrenheit» (esta última con un inusual toque electrónico) son explosivas, excitantes, eufóricas como los primeros singles de The Killers o los mejores de Phoenix, y épicas como algunos de Manic Street Preachers (tal vez por la conexión Dave Eringa, mezclador del disco). Entre ellas «(They had) beards» se desplaza entre la ironía y la elegancia, combinando los primigenios instintos folk de la banda con el pop suave de grupos como Belle and Sebastian o The Divine Comedy.

A partir de aquí se impone la experimentación y la libertad creativa. Como si hubiese un pacto no escrito con el oyente según el cual se reparten el disco: la primera mitad para contentar a sus seguidores y la segunda para explorar caminos menos efectivos y más complejos, pero posiblemente más interesantes. «How I met your head» sigue siendo un potente cóctel pop, pero ya destaca más por sus texturas que por sus melodías. La instrumental «The future» marca un punto de inflexión tras el que el oyente cómodo se verá retado a adentrarse en una selva de influencias, experimentos y psicodelia donde podrá encontrar guiños a Wilco, My Morning Jacket, Jayhawks e incluso Radiohead. Los que lleguen enteros al final tendrán que superar todavía el último escollo: los casi 20 minutos de «Falls on Big City», el tema que cierra el disco, donde distorsión y folk melódico se mezclan en una aleación casi pinkfloydiana.

Si de ciertos discos se dice que son como «un soplo de aire fresco», este de Big City empieza como un huracán, pasa algunos momentos de calma chicha y acaba convertido en un cierzo típico del Valle del Ebro, ese viento desapacible y molesto tantas veces pero que, en los momentos más calurosos del verano, acabas agradeciendo

 

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