Bilbao BBK Live 2011. Asistimos a edición más exitosa de la historia del festival vizcaíno

Intro

La edición 2011 del Bilbao BBK Live será recordada no solo por haber sido la más popular de la historia del festival al superar los 100.000 espectadores (37.500 el jueves, 30.000 el viernes y 35.500 el sábado), sino por lograr estas cifras programando con coherencia y por fin, con propuestas de valor prácticamente a cualquier hora que han firmado un buen número de magníficos conciertos.

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Si el jueves fue el día de Coldplay y Blondie, el viernes el del pop británico y el sábado estuvo reservado para la tradicional cuota rock: variedad y calidad que han conseguido por primera vez que los abonos sean mayoritarios y que las campas de Kobetamendi hayan vivido un colorido ambiente de festival que ha atraído a muchos extranjeros y gente de toda España.

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En cuanto a infraestructura, a pesar de gestionar treinta mil personas más que el año pasado, el festival ha respondido bien salvo en momento puntuales de jueves y sábado y sobre todo en cuanto a accesos y baños. Si Last Tour International pretende consolidar estas cifras, no sería mala idea que pensara en aumentar espacio, reforzar los accesos y conseguir que el Metro también funcionara la noche del jueves. En cualquier caso, seguramente hemos vivido el mejor BBK Live de la historia.


Jueves 7

Nosotros viajábamos desde Madrid (el autobús por cierto lleno de festivaleros), así que solo llegamos para ver a Russian Red. La madrileña no se prodiga demasiado por estos lares, así que el público tenía muchas ganas de disfrutar de sus nuevas canciones. Lourdes, más rodada que la última vez que la vimos (El Día de la Música), respondió con un elegante concierto y terminó emocionada por la cálida acogida y por haber tocado “en el escenario más grande y ante el mayor número de gente de mi vida”.

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The Twilight Singers, el grupo que formó Greg Dulli cuando The Afghan Whigs se desintegraron, sirvieron de banda sonora perfecta para cenar y demostraron porque Greg tiene que estar siempre muy arriba en cualquier lista de lo mejor de los 90.

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Mucha gente también prescindió del escenario de The Twilight Singers para coger un buen sitio para Beady Eye porque, casi media hora ante del concierto, la mejor parte del escenario ya estaba llena. Por supuesto, Liam no decepcionó a sus fans. Salió al escenario con pelo largo, imprescindible parka (aunque toque a 40 grados), y la misma actitud de cínico desprecio (dedicó un tema a Noel) que viste de entretenimiento cualquiera de sus actuaciones. Sin rastro de Oasis salvo en la magnífica formación que acompaña al pequeño de los Gallagher, es una pena que por mucho que se empeñe Liam, a Beady Eye les falten canciones. A pesar de todo, destacó la potencia de “The Roller” o “Bring The Light” y la delicadeza de “The Morning Son”.

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Tras los británicos, el que para muchos era el concierto del festival por encima de Coldplay, un pedazo de la historia viva de la música popular, Blondie. Debbie Harry, Chris Stein y los suyos estuvieron a la altura de su leyenda. Prescindiendo del menor Panic Of Girls(2010), los neoyorquinos ofrecieron una auténtica colección de grandes éxitos de un grupo que ha firmado alguna de las mejores canciones de todos los tiempos. Así, “Atomic”, “Calla me” (enlazada con la prescindible “Maria”), “Heart of glass” o “One way or another”, enloquecieron a los fans que, comandados por un poseído Mario Vaquerizo en primerísima fila, bailaron, corearon y hasta hicieron pogos. Mención especial a Debbie y sus 66 años cumplidos hace justo una semana. Canta como hace 30 años y, aunque ya no puede bailar igual, lo intenta como si por ella no pasaran los años. Muy grande.

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Y por fin Coldplay, el gran grupo del festival y responsable de buena parte de las 37.500 personas que llenaban Kobetamendi. Con una puesta en escena bastante amable, colorista, y alejada de los tintes militares que últimamente les caracterizaban, los británicos dejaron claro desde el principio que aquello iba a ser una gran noche. Comenzaron con contundencia estrenando tema nuevo, el festivo e inocentón “Hurts like heaven”, al que siguieron “Yelow” (muy celebrada), y el primer momento Mika de la noche, “In My Place” con miles de mariposas de papel volando y miles de jóvenes féminas y cumplidores parejas emocionándose al únisono. “Major Minus” (¿es una versión de U2?) y “Lost!” con unas bolas gigantes saltando entre el público (de nuevo Mika) siguieron inyectando miel a toda velocidad, hasta que llegó el momento de parar un poco y tirar de medios tiempos porque aquello podía terminar con medio festival femenino asaltando el escenario en busca de un Chris Martin que estuvo tan saltarían como encantador (habló varias veces en euskera, dedicó una canción a Russian Red y Blondie, dió las gracias un millón de veces…).

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En esta fase, solo apta para fans y enamorados, sonaron “The Scientist”, “Us Against the World” o “Politik” que por fin dió paso a algo de ritmo con la grandilocuente y coreadísima “Viva la vida”. Con el público entregado, Coldplay prefirió esperar para rematar y volvió a las baladas con “Charlie Brown” o “Life Is For Living” y por fin sacó la artillería para provocar el delirio con “Clocks”, “Fix you” y la que todo el mundo ya corea con el estribillo “El ritmo de la noche”, “Every teardrop is a waterfall”.

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Mientras la mayor parte de los asistentes al primer día del festival bajaban a dormir pensando en lo bonita que es la vida, el reverso oscuro de la música que representa Coldplay esperaba en el otro escenario armado con sintetizadores y consolas de 8 bits. Ante unos pocos elegidos con ganas de enloquecer, Crystal Castles, ofrecieron la mejor actuación que yo les haya visto hasta la fecha. A pesar de comenzar con bastantes problemas de sonido (tuvieron que repetir la primera canción y cambiar dos veces de micro), Alice Glass,más en forma que nunca, dio un recital de entrega y actitud galvanizando los ritmos que soltaba sin piedad Ethan Kath desde sus máquinas y llegando a saltar hasta cuatro veces al público.

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Bilbao, con ganas de Crystal Castles desde que tuvieron que cancelar por la rotura de tobillo que Alice sufrió en La Riviera de Madrid, recibió a los canadienses como lo que son, los nuevos mesías de la electrónica, y no paró de bailar desde el primer bit al último.


Viernes 8

Aunque terminó lloviendo, el día comenzó con sol, calor y un conciertazo de Noisettes en el que predominaron los tintes soul entre los varios que forman su curiosa propuesta que mezcla cabaret con indie y música negra. Además Shingai Shoniwa es una delicia encantadora que canta, toca el bajo y anima de tal forma que el tiempo se pasa volando. Como ahora veremos, siempre es complicado programar las primeras horas de cualquier festival. Si pones algo animado queriendo empezar con fuerza, algunos dirán que no pega a esa hora; si te decides por cosas tranquilas queriendo reservar la artillería, otros te acusarán de haberse dormido. Como en todo, supongo que la virtud será el equilibrio que ayer tuvo nombre propio, soul y Noisettes.

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Decía que es complicado programar para las horas de luz porque The Mars Volta fueron ejemplo perfecto de un bolo que, a media tarde y al sol, se atraganta. Psicodelia a toda pastilla, graves atronadores y canciones de desarrollos largos no son la mejor opción para esas horas, y eso que los texanos demostraron con creces la calidad que atesoran.

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Tv on the Radio tocaron a continuación en el segundo escenario pero hubieran merecido escenario grande y mucho más tiempo. Los de Brooklyn hicieron un setlist muy corto pero absolutamente intenso y prácticamente perfecto. Como tocan, como suenan y que grandes son sus canciones. En tono rockero, combinaron lo mejor de su último disco Nine Types of Light (“Caffeinated Consciousness”, “Repetition” o “Will Do”) con trallazos del pasado como “Wolf Like Me” o “Staring at the Sun”, poniendo a bailar todo el público y consiguiendo que incluso Shingai Shoniwa se animara a participar del concierto desde la zona de artistas.

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Tras su consagración en El Día de la Música, sorprendía ver el nombre de Vetusta Morla escrito con letras pequeñas en la parte del cartel que se disfruta con luz. Sin embargo, los de Tres Cantos, cierren o no los festivales, siguen atrayendo a miles de fans que celebran sus canciones como si no hubiera mañana. Mientras Tv on the Radio hacía uno de los mejores conciertos de este BBK Live, un par de cientos de personas copaba ya las primeras filas del otro escenario para estar lo más cerca posible de sus ídolos. Pucho y los suyos respondieron con creces. Comenzando de abajo a arriba con “Días Raros” de Mapas, fueron ganando intensidad y, entre la euforia general, dando paso en formato karaoke a lo más celebrado de su repertorio “Copenhague”, “Un Día En El Mundo” y “Valiente”. Pucho, que estuvo más comedido en cuanto a sus bailes estilo Thom Yorke, hizo un par de bromas sin gracia sobre Amy Winehouse  y alguna sentida y velada referencia al movimiento #15M. No me gustan y creo difícil cambiar de opinión, pero hay que reconocer que es un grupo coherente que se vacía en cada concierto y que merece todo el éxito que pueda conseguir. Ayer lo lograron otra vez.

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Kasabian abrían desde el escenario pequeño el 3-in-a-row británico del festival. Tom Meighan lo tiene que flipar. El año pasado cerró el FIB y este año el Dcode de Madrid, pero en Bilbao tocaban antes que Kaiser Chiefs o Suede. A mí no me parece mal, pero llama la atención. A ellos parece que también les dio igual porque hicieron la misma actuación plagada de hits que comienza con “Club Foot”, termina con “Fire” y que no decae en ningún momento. Tocando más recogidos que en otros festivales en los que les he visto sonaron mejor y más equilibrados. De momento, el tamaño medio creo que es la medida que mejor les sienta.

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Suede tenían la difícil papeleta de sustituir a uno de los mayores atractivos del festival, Amy Winehouse. Fue una pena que la británica haya vuelto a la mala vida y tuviera que cancelar su actuación, pero Brett Anderson y los suyos estuvieron a la altura. Escuchar un concierto de Suede o de cualquiera de estas bandas con segunda juventud es siempre peligroso. Puede ser un desastre en el que solo pienses en que segundas partes nunca fueron buenas, o puede ser acierto total recordando viejas glorias. Casi siempre depende de la actitud con la que grupo se tome las cosas y en esas cuestiones Brett Anderson dio ayer una auténtica lección por lo que el concierto fue un éxito.

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A sus 43 años tiene más fuerza y ganas que cualquier banda debutante, lo que unido a sus tablas, le convierten en un frontman irrepetible e irresistible. Mientras Suede lanzaba hit tras hit, inolvidables “Animal Nitrate” y “So Young”, Brett saltaba y dedicaba un y mil posturas a un público entregado que olvidó encantado su cita con la Winehouse.

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Con el ambiente ya caldeadísimo por los buenos conciertos de Vestusta Morla, Kasabian o Suede, los Kaiser Chiefs solo tenía que rematar a puerta vacía y vaya si lo hicieron. Supongo que intuían que no era el momento de estrenar su reciente disco, así que comenzaron con lo mejor que tienen “Everyday I Love You Less And Less” y fueron soltando hit tras hit que la masa celebraba enfervorecida. Comenzó a llover con fuerza pero de allí no se movió nadie porque la gente tenía ganas de saltar y sonaban “Ruby”, “Never Miss a Beat”, intercaladas con alguna novedad más tranquila. Ricky Wilson, muy animado y que tuvo tiempo de hacer un guiño a Amy intercalando el estribillo de “Rehab” en una canción, echaba más gasolina a una mezcla que explotó en un final volcánico con “I predict a riot” y “Oh! My God”. Lo que tiene tocar con el público a favor. Seguramente Kasabian tendrán mucho mejores canciones e incluso mayores hits, pero los laureles se los llevaron Kaiser Chiefs.

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Tras los británicos Chk, Chk, Chk hicieron su atractivo show habitual que permitió seguir bailando a todo el que quisiera alargar una noche en la que nosotros nos retiramos para evitar sorpresas en formato resfriado.

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Sábado 9

Comenzamos el sábado con Les Savy Fav. Les contaría que hizo Tim Harrington para animar el concierto pero casi es mejor que diga lo que no hizo, porque lo único que le faltó fue ir a recibir al público a la entrada del festival. En el Primavera de hace dos años ya estuvo interactivo, pero lo de ayer fue circo. Apareció en el escenario con una maleta, la abrió de par en par y comenzó a disfrazarse con lo primero que encontraba. Cuando se cansó de su propio atrezzo, recurrió el del público. Por ejemplo había unos simpáticos suecos ataviados con las banderas de su país. En cuanto Tim les vió se hizo con una de las enseñas y la usó para todo.

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Si yo fuera Rey de Suecia hubiera preferido no saberlo. Todo esto lo veía tranquilamente un chico rubio vestido de verde sentado a unos 400 metros del escenario. Craso error, demasiado cerca. Tim le localizó y le animó a levantarse. En vista de que el rubio no respondía, cogió su arma preferida, un cable de micrófono kilométrico, y literalmente saltó sobre nuestro involuntario protagonista, trató de aparearse con él y terminó haciéndole un masaje en los pies. Debía hacer calor en el escenario o a Tim le gustó más la cerveza del público que la del backstage, porque se pasó el resto del concierto haciendo chistes sobre Thirty Seconds to Mars y correteando entre el público que le hacía corros, abrazos y llegó a llevarle a pulso sobre una silla como si fuera el jefe de una tribu gala en un comic de Goscinny.

 

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A todo esto, en esta crónica falta algo. Ah sí, sonaba música. El problema que tiene el show de Tim es que no tiene ya límites y distraer. Ayer Les Savy Fav podían haber estado tocando rumbas que a la gente le hubiera dado igual. Afortunadamente hicieron post punk, tocaron muchas de Root for Ruin y sonaron a gran nivel. Si el grupo incluye Bilbao en su próxima gira, les apuesto una cena a que hace sold out.

M Clan tocaban en el festival porque antes de que Alejo Estivel les cogiera entre sus garras y perpetraran atracos del calibre de “Carolina” o “Llamando a la tierra”, eran un grupo de rock que podía pegar con el sonido de The Black Crowes. Así que nos presentamos en el segundo escenario del BBK Live con la incógnita de saber si Carlos Tarque y los suyos tirarían de solera rock o nos harían huir hasta Santander con sus últimos éxitos. Los murcianos sorprendieron gratamente recurrieron a temas más rockeros y obviando sus momentos más cariñosos. Para el final, versionaza de The Who (antes habían repescado una de Calamaro) y algún mensaje de estos que hacen las delicias de cualquier polideportivo de provincias (“gracias haber venido, habéis echo un favor a vuestra alma”).

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Thirty Seconds to Mars había arrastrado hasta Kobetamendi a buena parte del Echelon (fans de la banda) del Norte de España. Nunca he entendido muy bien el fenómeno fan que se ha creado en torno al grupo de los hermanos Leto porque sus discos me parecen francamente prescindibles. Después de tres canciones empecé a verlo más claro. Encabezados por un espídico Jared, TSTM ofrecen un espectáculo pleno de potencia lleno de guiños para sus fans. Desgraciadamente, el show pierde fuerza tras las primeras canciones, pero cuando piensas que esto está ya muy manido y que te estás aburriendo, ahí está Jared para versionar Pantera o “Bad Romance” y subir a cincuenta personas al escenario y terminar su actuación como una fiesta.

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Tras la tormeta de TSTM llegó la paz de Jack Johnson que congregó a un número de féminas infinito. Mezclando pop, folk, bossa y varias encantadoras ligerezas más, hizo las delicias de un público entregado tanto a su música como a su sonrisa.

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The Black Crowes han decidido volver a separarse de nuevo y para dejar un buen sabor de boca a sus fans han organizado una extensa gira mundial de despedida. Para tamaña ocasión podrían haber elegido un setlist infalible porque tienen un arsenal de canciones impresionante, pero quizás dan demasiado importancia a sus últimos discos.

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En cuanto a ejecución, lo que hacen Chris Robinson y compañía con las guitarras es simplemente apabullante. Sin embargo, tanto virtuosismo lastra el ritmo del directo. Las canciones se alargan hasta el infinito y se pierden encerradas en solos de guitarras tan perfectos como interminables. Para todo el guste llevar púas como llavero, el concierto fue irrepetible, para el resto de los mortales, rozó por momentos una onanista jam session de jazz.

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Nada más terminar Black Crowes, en misma carpa Vodafone que los santanderinos Estereotypo habían reventado a bailar a media tarde, comenzaban Smile a desgranar las amables canciones de su último disco “All roads lead to the shore”. Muy acompañados de amigos y fans, los de Getxo hicieron un concierto tan corto como preciosista en el que llegaron a regalar tantas buenas canciones como piruletas repartieron entre el público.

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Como colofón final del festival, los infalibles Chemical Brothers y otro chaparrón importante. La gente tenía tantas ganas de marcha que, a pesar de la lluvia y de que los británicos obviaron sus hits y estuvieron francamente maquineros (solo sonaron “Hey Girl, Hey Boy”, “Out of Control”), nadie paró de bailar hasta que “Block Rockin´ Beats” cerró el mejor Bilbao BBK Live.

 

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